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palabra virtual

Al Chumacero. Poemas    
    Editora del fonograma:    
    Voz Viva de Mxico. UNAM    
por Al Chumacero    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

El proscrito


Agua reverdecida, la palabra
que fue apariencias turba nuevamente: catstrofe
encima de la cal, vida vid que apresurada cae
de vuelo a onda a eterna superficie
hendiendo el demorado ardor de la quietud.

Donde el hasto los naufragios cubre, su exhalacin levanta
en vendaval y slabas la sombra
en torno del corcel desfallecida; asciende
y con fragor los rostros atraviesa: bandera que en delirio
despereza de escoria la centuria
afn al delator que pudre la alabanza.

Solo te quedars, precario amante hablando
al sol insomne, y la desdicha
un hueco har en la alcoba al despertar
sin un resuello cerca ni ver cmo la infancia
alienta el vaho que prosigue.

El vaco quiz, la desnudez
contaminada, el sbado perenne, la vileza
febril de acariciar los hijos
de la hermana menor, diente con diente
anegarn el lecho de cortinas cerradas
tras el rumor de las visitas.

Mrtir sin pueblo, pasar la tarde anclado en la espesura,
inerme ante la ley pero forjando
estos sobre el vasto acontecer que aloja
testimonios, ardiendo en cantos como arenas donde silba
el soplo que rescata a la serpiente.

De la armona bajar a escuchar lejanas
mansedumbres: Mi esposa, mis criaturas, mecnica indolencia
que el miedo trueca en vanidad de tigre
saltando seriamente de orfandad a consuelo:
ni altares ni sepulcros, slo dioses en cuya piel acecha
la tempestad en muro blanqueado.

Encomindate a Dios, regresa a casa
a compartir la adversa atmsfera vencida
porque el trigo no cae en tierra
y nada hara perdurar ahora
hierros que en la pradera devastan la cordura.

Rostro para una vida larga,
comparece a la mesa de los justos
a hacerles compaa, y deja la mansin
adonde hollados por el polvo
llegan ruidos del ltimo banquete
como dormita el viento absorto en la llanura.

Yacen todos con honra, circundados de hiel
bajo la herrumbre de aplazados das, en cotidianas rbitas
sin antes ni despus, con el pesar
que al salteador aturde, oculto en el recodo
del camino, sin furia ni piedad, confiado a la esperanza.

Disipan, en sarcfagos, laureles
y el nombre que heredaron pone coto a las hordas;
no saben del desastre nacido de un mirar que se desva
porque el amargo amor de su costumbre
aloja el pez de las escamas apagadas.
Si abrieran el portal, piadosamente los contemplara.



De: Palabras en reposo



AL CHUMACERO






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