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25 poemas aleatorios | |
A Salvador Jiménez(Puesto sobre la mesa el pan premia y bendice.) Poned el pan sobre la mesa, contened el aliento y quedaos mirándolo. Para tocar el pan hay que apurar nuestro poco de amor y de esperanza. Mirad que el pan, entre el mantel, más blanco que el mantel de hilo blanquísimo, ... | |
El hombre es una creación de Dios, un animal que sufre que recuerda en un parque, alimenta palomas huecas, lleva la mano al bolsillo pelusa confirma con las yemas una mancha de cera una carta amarga y el frío oscuro del metal con el que desafiará a Dios creación del hombre. ... | |
Verán los siglos un drama... un sangriento panorama que a Dios mismo asombrará. En la cima del Calvario la hostia blanca de un lirio de sangre se manchará... Sobre un monte funerario se consumará un martirio, y una virgen llorará... ¡Oh, cuan triste panorama!... ... ... | |
Las manos a la altura del aire a dos o tres centímetros del vacío no se mirará nada preciso la polvareda que pasa el inesperado cortejo de plumas arrancadas al vuelo la nubecilla rosada y tonta que ya no es el cierraojos y el ábrelos en la breve opacidad de una luz que no se ve ... | |
Con tu verdad, con tu mentira a solas, con tu increíble realidad vivida, tu inventada razón, tu consumida fe inagotable, en luz que tú enarbolas. Con la tristeza en que tal vez te enrolas hacia una rada nunca apetecida, con la enorme esperanza destruida, reconstruida, como el mar con sus olas; ... | |
Nada ansío de nada, mientras dura el instante de eternidad que es todo, cuando no quiero nada. | |
Pinta la armonía simétrica que los ojos perciben en la hermosura, con otra de música Cantar, Feliciana, intento tu belleza celebrada;y pues ha de ser cantada,tú serás el instrumento.De tu cabeza adornada, dice mi amor sin receloque los tiples de tu pelola tienen tan entonada; ... | |
Sólo saber que no se sabe nada y que no se desea saber nada. (Aunque, sintiendo así, sepamos todo.) ¿El muro como límite absoluto o lo absoluto circuyendo el alma? Adiós, adiós, estrella de la tarde, que en las estrellas vienes a fundirte. Ya no eres grito, ni dolor, ni eres el verso que musita ... | |
Odio la máscara y vicio Del corredor de mi hotel: Me vuelvo al manso bullicio De mi monte de laurel. Con los pobres de la tierra Quiero yo mi suerte echar: El arroyo de la sierra Me complace más que el mar. Denle al vano el oro tierno Que arde y brilla en el crisol: A mí denme... | |
Poco le quedaría al corazón si le quitáramos su pobre noche manual en la que juega a tener casa, comida, agua caliente, y cine los domingos. Hay que dejarle la huertita donde cultiva legumbres; ya le quitamos los ángeles, esas pinturas doradas, y la mayoría de los libros... | |
El verdadero mérito de muchas acciones consiste en saber esperar. Saber esperar es, en muchos casos, uno de los grandes méritos de ser hombre. Es preciso especializarse en esperar un turno, un día, una escena, el momento. Entretanto, esperar. ... | |
Vinieras y te fueras dulcemente, de otro camino a otro camino. Verte, y ya otra vez no verte. Pasar por un puente a otro puente. -El pie breve, la luz vencida alegre-. Muchacho que sería yo mirando aguas abajo corriente, y en el espejo tu pasaje fluir, desvanecerse. ... | |
A Guillermo Suete Furiosamentegira sobre un reflejocae en línea recta afilada blancura asciende ya sangriento el pico sal dispersa apenas línea al caerrecta tu mirada sobre esta página disuelta De: Lo mejor de Octavio Paz El fuego de cada día | |
Venían sombras, animales húmedos que res- piraban cerca de su rostro. Vio la grasa ful- gir en las lavandas y la dulzura negra en las bodegas terrestres. Era la festividad: luz y azafrán en las coci- nas blancas; lejos, bajo guirnaldas polvo- rientas, rostros en la tristeza del carburo, ... | |
Ayer la vi en el salón De los pintores, y ayer Detrás de aquella mujer Se me saltó el corazón. Sentada en el suelo rudo Está en el lienzo; dormido Al pie, el esposo rendido; Al seno el niño desnudo. Sobre unas briznas de paja Se ven mendrugos mondados; Le cuelga el manto... | |
A un ruido vago, a una sorpresa en los armarios, la casa era más nuestra, buscaba nuestro aliento como el susto de un niño. Por sobre los objetos era un tibio rumor, una espina, una mano, cruzando las alcobas y encendiendo su lumbre furtiva en los rincones. El sonido... | |
Muérdagos furiosos retintaron los árboles. Hubo una llamarada en cada objeto. La misma inquieta llama compartida por los amantes frente a sí ante la suave y lenta tela que desciende hasta que al fin, noche de luna, desnuda como un dedo ensortijado, renaces desde siempre: ... | |
Margot está en la ventana... I Te digo que quiero quedarme a vivir en la ducha. No comprendes de inmediato, pero después te ríes y tus dientes son compasivos e irónicos. Tienen la complicidad de los quince años juntos. Te digo que no quiero salir de la ducha y tú, ... | |
no soi chema cuellar ny soi amigo de nadie ny tuve una abuela paralítica ny soi poeta ny ciudadano ny nada me vale un pyto que nadie se acuerde de my me llevo a san salvador en el volsillo i hablo con gentes que no se conocen ni me conocen no importa si una puerta se cierra ... | |
Recuerda que tú existes tan sólo en este libro, agradece tu vida a mis fantasmas, a la pasión que pongo en cada verso por recordar el aire que respiras, la ropa que te pones y me quitas, los taxis en que viajas cada noche, sirena y corazón de los taxistas, las copas que compartes ... | |
Es que alguna mañana despertamos, y ya no padecemos por lo que tanto ha muerto. Nos vamos poco a poco cubriendo en polvo de oro y abotonando el cuerpo. Como si aquella muerte también nos sostuviera, nos vemos hacia adentro desmoronados, pálidos, y no sabiendo cómo darle vuelta al anillo ... | |
Uno se bebe el cielo cuando atardecen las ciudades, se desliga del mito y tensa otra figuración de la anarquía, que nos fragmenta al delinear la identidad en Juan o Pablo, el norte o el oeste. ¿Qué pensarán los otros cadáveres del mío?, si vamos camino a una densa estocada al trasegar ... | |
Estos caminos han extraviado su mapa las venas de los hemisferios agotaron su cauce abiertos los montes sus entrañas sangran irrumpen los tumores de piedras entre el magma que aborta y se dirige a los espejos de ojos invisibles y volveré entre los humos del mapa que fue antes de mi extravío ... | |
Veo los eucaliptos que ocupan la colina, donde reduce el trópico su barbara violencia. Más que la luz, benéfico vapor los ilumina. Son la agradable forma de la benevolencia. Sus ramas se estremecen, nutridas por la esencia que el aire en el espacio profundo disemina. La tierra generosa, ... | |
Amanecía en el naranjel. Abejitas de oro buscaban la miel. ¿Dónde estará la miel? Está en la flor azul, Isabel. En la flor; del romero aquel. (Sillita de oro para el moro. Silla de oropel para su mujer.) Amanecía en el naranjel. | |
