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25 poemas aleatorios | |
Qué de cosas lejanas aún tan cerca, mas ya definitiva- mente muertas! La autoridad de voz abrupta que cobraba un diezmo al jugador y otro diezmo a la prostituta. El senador (tan importante). El representante. El concejal. El sargento de la Rural. El sortijón con un diamante. El cabaret... | |
Quién desatará tus tobillos para que vueles por las noches Quién dibujará con un filo el contorno de tus labios Quién liberará tus besos Quién beberá el oro de tu pecho Quién pintará acuarelas con tus ojos No lo sé Hace algún tiempo me relegaste de aquellas tareas ... | |
Lleno de mí, sitiado en mi epidermis por un dios inasible que me ahoga, mentido acaso por su radiante atmósfera de luces que oculta mi conciencia derramada, mis alas rotas en esquirlas de aire, mi torpe andar a tientas por el lodo; lleno de mí ahíto me descubro en la imagen ... | |
De vez en cuando camino al revés: es mi modo de recordar. Si caminara sólo hacia adelante, te podría contar cómo es el olvido. | |
Esta noble sentencia Que tengo en blanco mármol ya esculpida, me dijo un sabio de ática elocuencia Que recuerda a Platón: la inteligencia Es la flor de la vida . | |
No tienes otro amigo. Tú no tienes nada, no tienes más, tú no tienes otro amigo. Sólo un gato. Sus orejas... | |
Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer? Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal, francamente no se trata de molestar a nadie, es tan sencillo: somos pasajeros. Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros: ... | |
Sin saber que es domingo, ruidoso día de fiesta, va llevando su carga la minúscula hormiga: el trozo de una hoja en perfilada cresta columpiase oscilante sin impedir que siga. Apenas se apresura, que caminar le cuesta, y se esfuerza consciente pues el deber la obliga, , ... | |
A veces la madera de mi mesa tiene un crujido oscuro, un desgarrón difuso de tormenta. Una periódica migraña la tortura. Sus fibras ceden, se descruzan, buscan un acomodo más humano. Es la madera que recuerda viejos brazos. Y que recuerda que reverdecían. Selección: ... | |
¡Ah! Nunca más conocerá tu boca la vergüenza del beso que chorreaba concupiscencia, como espesa lava! Vuelven a ser dos pétalos nacientes, esponjados de miel nueva, los labios que yo quise inocentes. ¡Ah! Nunca más conocerán tus brazos el nudo horrible que en mis días puso ... | |
Tengo miedo a los pordioseros me persiguen hasta mi cuarto hasta la oscuridad de la conciencia Llegan a mí como espectros por la noche con sus ojos que son monedas que son mendrugos escasos que ofrecí Y sin piernas el alma se arrastra demanda atención a esa hambre que no conocemos : ... | |
De la Grecia y de Italia bajo los claros cielos en tu honor se entonaron los más dulces cantares, y ofrecieron las vírgenes al pie de tus altares las tórtolas más blancas y sus más ricos velos. Hoy triste y solitaria, en el parque sombrío, carcomida y musgosa, los brazos mutilados, ... | |
Ya toda me entregué y di, y de tal suerte he trocado, que mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado. Cuando el dulce Cazador me tiró y dejó rendida, en los brazos del amor mi alma quedó caída, y cobrando nueva vida de tal manera he trocado, que mi Amado es para mí y yo soy para mi Amado. ... | |
Soy hombre: duro poco y es enorme la noche. Pero miro hacia arriba: las estrellas escriben. Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien ... | |
Sólo el silencio, el silencio que guarda y como guarda de los misterios y secretas imágenes que duermen en lo profundo del lago transparente de los sueños, saben lo que somos, hijos de las primeras hojas del otoño, de los largos inviernos y los veranos ásperos como frutos de nísperos, ... | |
Como ando por la casa diciéndote querido con fervorosa voz con desesperación de que pobre palabra no alcance a acariciarte a sacrificar algo a dar por ti la vida querido a convocarte a hacer algo por esto por este amor inválido. Y eso es todo querido. Digo querido y veo tus ojos todavía... | |
En este vaso de ginebra bebo los tapiados minutos de la noche, la aridez de la música, y el ácido deseo de la carne. Sólo existe, donde el hielo se ausenta, cristalino licor y miedo de la soledad. Esta noche no habrá la mercenaria compañía, ni gestos... | |
No tenía dónde registrar el avance de mi trabajo salvo el horizonte, ningún lenguaje salvo los bajíos en mi largo paseo hasta casa, por lo que extraje toda la ayuda que mi mano derecha pudiera aprovechar de las algas cubiertas de arena de lejanas literaturas. El rabihorcado era mi fénix, ... | |
El mar se resiste a mis obstinados intentos de comprenderlo Alessandro Baricco Hoy el mar amaneció en mi cuarto y ésta no es una metáfora del vino. Arremetió de bruces con su galope de arena, intentó pinceladas encendidas, en unos barcos moribundos. Me gritó a los ojos con la fuerza ... | |
Se me murió el olvido de repente. Inesperada- mente, se le borraron las palabras y fue desvaneciéndose en el viento. En busca suya el corazón tocaba todas las puertas. Nadie. Nada. Y allí donde estuviera se instaló de nuevo, el doloroso amor, el implacable, interminable- mente. ... | |
¡El barrilete malva entre tus dedos las flores del guayabo la sinfonía oscura de aquel viento y octubre era de ensalmos ! Fuimos a la montaña ¿Lo recuerdas? ¡Viejo Lobo del Bosque! Y conjuraste rudas y tabacos Y aullaste cual coyote Me enseñaste el misterio de las yerbas ... | |
Amigo: Sé que existes, aunque ignoro tu nombre, no lo he sabido nunca, ni lo quiero saber. Pero te llamo amigo para hablar de hombre a hombre, que es el único modo de hablar de una mujer. Esa mujer es tuya, pero también es mía, y es un pecado, es cierto, si es pecado el amor. ... | |
Y no te atormentes pensando que la cosa pudo haber sido de otro modo, que un hombre como Miguel, y ya sabes a cuál Miguel me refiero, a qué Miguel único, la mañana del Sábado cinco de Octubre, a qué Miguel tan terrestre a los treinta de ser y combatir, a qué valiente... | |
Ojalá fuera mi vida un carro de bueyes que mañanita temprano chirriando va por el camino y que hacia de donde vino volverá después, casi anochecido, por el mismo camino. No tendría que tener esperanzas -sólo tendría que tener ruedas... Mi vejez no tendría arrugas ni cabello blanco... ... | |
En la desolada tarde, Claribel, Al claror de un sol que no arde, Claribel, me vuelve el amante alarde, aunque todo dice «es tarde Claribel». Lleva en sus alas el viento, Claribel, tu nombre como un lamento Claribel, y en vano mis ansias siento volar tras aquel concento, Claribel. Voz con que pía ... | |
