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25 poemas aleatorios | |
Siempre tienes la rama preparada para la rosa justa; andas alerta siempre, el oído cálido en la puerta de tu cuerpo, a la flecha inesperada. Una onda no pasa de la nada, que no se lleve de tu sombra abierta la luz mejor. De noche, estás despierta en tu estrella, a la vida desvelada ... | |
Nunca se ha visto un blanco, un encarnado,tan amorosos como el lindo verde. Andrew Marvell El árbol y su cielo. Ya despierta la fábula en las cosas. El cielo de mi risa sobre el ágil velamen del columpio. Yo tenía la nube, también la huella fina de los pájaros y un reino verde con semillas . ... | |
en los confines de nuestra selva un hilván de truenos jolgorio jolgorio bebes del jarro de una alfarera bebes y no derramas ni un sorbo de chicha de las hojas de plátano caen los líquidos que necesitamos gota a gota pegan el día con la noche sujetan la piedra a la mano que muele ... | |
Tu curva humilde, forma silenciosa, le pone un triste anillo a la basura. En ti se hizo redonda la ternura, se hizo redonda, suave y dolorosa. Cada cosa que encierras, cada cosa, tuvo esplendor, acaso hasta hermosura. Aquí de una naranja se aventura su delicada cinta leve y rosa. ... | |
terriblemente tuya acudo noche a noche a la inquietud de tu cama, bric-a-brac, bric-a-brac, bric a brac, los grillos nos espían, un torrente de mariposas cubre la desnudez de nuestros cuerpos... | |
Dame la noche que no intercede, la noche migratoria con cifras de cigüeña, con la grulla celeste y su alamar guerrero, palafrén de la ola oscuridad. Dame tu parentesco con una sombra de oro, dame el mármol y su perfil leve y ciervo, como de estrofa antigua. Dame mis manos ... | |
¡Yambambó, yambambé! Repica el congo solongo, repica el negro bien negro; congo solongo del Songo baila yambó sobre un pie. Mamatomba, serembe cuserembá. El negro canta y se ajuma, el negro se ajuma y canta, el negro canta y se va. Acuememe serembó, aé yambó, aé. ... | |
Ya vas rindiendo al tiempo su sórdida alcabala: este rastro de azufre de los hijos del trueno, este limón salobre que hiere la garganta y esta luz de atalaya sobre el cielo morado. Cuando todo presagia la noche por los templos, la soledad del eco gutural en las bocas, ... | |
No son las cosas lo que las cosas son: el hombre fagocita toda la materia y la convierte en epidermis de su culto. No hay hechos, sino juicios, y todo es y no es según el traje de la época. Habituados al rebuzno, con las riendas bien sujetas, la vida es una espuela que dirige el camino. ... | |
Un rato se levanta mi esperanza: mas, cansada de haberse levantado, torna a caer, que deja, mal mi grado, libre el lugar a la desconfianza. ¿Quién sufrirá tan áspera mudanza del bien al mal? ¡Oh corazón cansado! Esfuerza en la miseria de tu estado; que tras fortuna suele haber bonanza. ... | |
O que foi passar a serra e non quis servir a terra, é ora, entrant a guerra, que faroneja? Pois el agora tan muito erra maldito seja! O que levou os dinheiros e non troux os cavaleiros, é por non ir nos primeiros, que faroneja? Pois que ven coños pstumeiros, maldito seja! O que filhou gran ... | |
Hundirme en tu belleza tan hondo, tan en ti que yo perezca en tu caricia, que ni el agua de mis ojos o el silencio mismo sean más que tu piel. Soledad, milagro de tu frente, en ti se advierte el ciervo que dormita en el claro del bosque y de pronto se pierde entre la yerba. ... | |
Amor, hagamos cuentas. A mi edad no es posible engañar o engañarnos. Fui ladrón de caminos, tal vez, no me arrepiento. Un minuto profundo, una magnolia rota por mis dientes y la luz de la luna celestina. Muy bien, pero, el balance? La soledad mantuvo su red entretejida de fríos jazmineros ... | |
Si sobrevives, si persistes, canta, sueña, emborráchate. Es el tiempo del frío: ama, apresúrate. El viento de las horas barre las calles, los caminos. Los árboles... | |
pasan las risotadas de un carro antiguo un tipo tembloroso te ofrece lo que quieras las prostitutas en abrigo se cubren el viento entre ellas unos uniformados salen de un bar completamente ebrios un vagabundo extiende la mano al final de la calle se enciende la tortea de una patrulla de policía ... | |
Oh simón, andariego dios andino ¿por qué no soltás De una vez el rayo de tus furiosas libertades Sobre esta voraz mala yerba que pudre tus Amadas praderas de américa? Vos, el infatuado, el incansable, El sembrador de huracanes, único y verdadero rostro ... | |
No sé verdaderamente cómo imaginarle, claro y enorme amigo! Le veo en un jardín de orquídeas, Júpiter jovial, un haz de infinitos en la manro. Como un laberinto de espejos poblado de sirenas, como un gran caracol marino,/ como un gigante con temor de niño,/ como una guillotina... | |
Hay algo denso, unido, sentado en el fondo, repitiendo su número, su señal idéntica. Cómo se nota que las piedras han tocado el tiempo, en su fina materia hay olor a edad, y el agua que trae el mar, de sal y sueño. Me rodea una misma cosa, un solo movimiento: el peso ... | |
Restos Restas Llave de memoria que escancia lo soñado Lo que estalla en humo de fracturas El doble eclipse que asoló los nombres sobre las ánforas de hielo Descamina el inverso pie del corazón insomnes insombres brazos-brasas tras la líquida extensión de los ocultos ... | |
Pues mira tú: es verdad, no acaban nunca la mudez y sordera de la muerte ni su infinita indiferencia helada. ¿Qué importa entonces que destroce a un niño con su pico voraz el hambre y corte la menuda conciencia en pleno azoro de no saber por qué la sombra es grande? Cada cosa que hacemos... | |
¡Habla, que lo quiere el niño! ¡Habla, que lo quiere el niño! ¡Ya está hablando! El Hijo del Hombre, el Verbo encarnado se hizo Dios en una cuna con el canto de la niñez campesina, canto alado. ¡Habla, que lo quiere el niño! ¡Hable tu papel, mi pájaro! Háblale al niño que sabe voz del alto, ... | |
Cómo surges de antaño, llegando, encandilada, pálida estudiante, a cuya voz aún piden consuelo los meses dilatados y fijos. Sus ojos luchaban como remeros en el infinito muerto con esperanza de sueño y materia de seres saliendo del mar. De la lejanía ... | |
Domingo y Juana al frente del vapor Asimina. Faustino y su tabaco y el mismo delantal de su trabajo. Doña María y Carmen con sus cabellos jóvenes (que cuesta recordar) tomadas de la mano. Mi abuelo en sus botines y todo el desarreglo de aquel saco de lana con el que lo encontraron ... | |
En la semilla está la trayectoria del maíz, el ciclo de la cosecha. A los ojos del hombre, es una lágrima. Y en ella, una sonrisa amarga. | |
Sido como fui el fauno real de Niza, la pantera -deArgel- en el Hyde Park, gárgola alegre delvalle de Huamanga, oh vedme convertido en el gorgojo tuerto del Danubio: pimientos y vigilias sin rumbo y sin respuesta. Virgen necia entre las vírgenes prudentes, un solo ojoapestado que no ve ... | |
