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Miguel Herrero. Homenaje a Garca Lorca    
    Editora del fonograma:    
    Peerless    
por Miguel Herrero    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

La casada infiel


Y que yo me la llev al ro
creyendo que era mozuela,
pero tena marido.
Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las ltimas esquinas
toqu sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.

El almidn de su enagua
me sonaba en el odo
como una pieza de seda
rasgada por dez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los rboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del ro.

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quit la corbata.
Ella se quit el vestido.
Yo, el cinturn con revlver,
ella, sus cuatro corpios. Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de fro.
Aquella noche corr
el mejor de los caminos,
montado en potra de ncar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llev del ro.
Con el aire se batan
las espadas de los lirios.

Me port como quien soy,
como un gitano legtimo.
La regal un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al ro.



FEDERICO GARCA LORCA






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