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Romance apócrifo


Es el lirio nazareno,
lo difícil de la hora,
reyes sin fruto, el inútil
degüello de la paloma.

Paisajes de Mediodía,
barnices de dura goma
izan brocales antiguos,
frescos tópicos de sombra.

Hojas de plata caían
sonando por la memoria
del apóstol mineral
cargado con las alforjas.

Pero Jesús sueña un lago
de soledades sonoras
donde la palmera fósil
sostiene su fe melódica.

Pensamientos milenarios
calcinados en las rocas
ponen cálidos efluvios
en las frentes luminosas.

Aire de metal audible
alarga una sola nota
y la sed sube del suelo
en dibujos de gorgona.

Sola entre tantas orillas
una mujer desemboca
maquinando con la espiga
sorpresas de luces blondas.

El agua samaritana
en el ánfora se aloja,
busca una sed inmediata,
pero no la apaga toda.

¿Quién apagará la sed
y refrescará la boca
del que ha fabricado el mar
y cincelado las olas?



De: Cuadragenario y Segunda Pasión



MANUEL PONCE






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