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palabra virtual

Para Lorca    
    Editora del fonograma:    
    KITARA    
por Laura Castanedo     
Msica: Carlos Chvez Arreglos y guitarra: Alberto Ubach    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

Paisaje de la multitud que vomita (Anochecer en Coney Island)


La mujer gorda vena delante
arrancando las races y mojando el pergamino de los tambores
la mujer gorda
que vuelve del revs los pulpos agonizantes.
La mujer gorda, enemiga de la luna,
corra por las calles y los pisos deshabitados
y dejaba por los rincones pequeas calaveras de paloma
y levantaba la furia de los banquetes de los siglos ltimos
y llamaba al demonio del pan por las colinas del cielo barrido
y filtraba un ansia de luz en las circulaciones subterrneas.
Son los cementerios, lo s, son los cementerios
y el dolor de las cocinas enterradas bajo la arena,
son los muertos, los faisanes y las manzanas de otra hora
los que nos empujan en la garganta.

Llegaban los rumores de la selva del vmito
con las mujeres vacas, con nios de cera caliente,
con rboles fermentados y camareros incansables
que sirven platos de sal bajo las arpas de la saliva.
Sin remedio, hijo mo, vomita! No hay remedio.
No es el vmito de los hsares sobre los pechos de la prostituta,
ni el vmito del gato que se trag una rana por descuido.
Son los muertos que araan con sus manos de tierra
las puertas de pedernal donde se pudren nublos y postres.

La mujer gorda vena delante
con las gentes de los barcos, de las tabernas y de los jardines.
El vmito agitaba delicadamente sus tambores
entre algunas nias de sangre
que pedan proteccin a la luna.
Ay de m! Ay de m! Ay de mi!
Esta mirada ma fue ma, pero ya no es ma,
esta mirada que tiembla desnuda por el alcohol
y despide barcos increbles
por las anmonas de los muelles.
Me defiendo con esta mirada
que mana de las ondas por donde el alba no se atreve,
yo, poeta sin brazos, perdido
entre la multitud que vomita,
sin caballo efusivo que corte
los espesos musgos de mis sienes.
Pero la mujer gorda segua delante
y la gente buscaba las farmacias
donde el amargo trpico se fija.
Slo cuando izaron la bandera y llegaron los primeros canes
la ciudad entera se agolp en las barandillas del embarcadero.




New York, 29 de diciembre de 1929


De: Poeta en Nueva York



FEDERICO GARCA LORCA






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