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palabra virtual

Grandes Personajes A FONDO. Octavio Paz    
    Editora del videograma:    
    EDITRAMA        
por Octavio Paz y Joaqun Soler Serrano    
Pgina web de EDITRAMA    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

Nocturno de San Ildefonso


1

Inventa la noche en mi ventana
otra noche,
otro espacio:
fiesta convulsa
en un metro cuadrado de negrura.
Momentneas
confederaciones de fuego,
nmadas geometras,
nmeros errantes.
Del amarillo al verde rojo
se desovilla la espiral.
Ventana:
lmina imantada de llamadas y respuestas,
caligrafa de alto voltaje,
mentido cielo/infierno de la industria
sobre la piel cambiante del
instante.
Signos-semillas:
la noche los dispara,
suben,
estallan all arriba,
se precipitan,
ya quemados,
en un cono de sombra,
reaparecen,
lumbres divagantes,
racimos de slabas,
incendios giratorios,
se dispersan,
otra vez aicos.
La ciudad los inventa y los anula.
Estoy a la entrada de un tnel.
Estas frases perforan el tiempo.
Tal vez yo soy ese que espera al final del tnel.
Hablo con los ojos cerrados.
Alguien
ha plantado en mis prpados
un bosque de agujas magnticas,
alguien
gua la hilera de estas palabras.
La pgina
se ha vuelto un hormiguero.
El vaco
se estableci en la boca de mi estmago.
Caigo
interminablemente sobre ese vaco.
Caigo sin caer.
Tengo las manos fras,
los pies fros
pero los alfabetos arden, arden.
El espacio
se hace y se deshace.
La noche insiste,
la noche palpa mi frente,
palpa mis pensamientos.
Qu quiere?


2

Calles vacas, luces tuertas.
En una esquina,
el espectro de un perro.
Busca, en la basura,
un hueso fantasma.
Gallera alborotada:
patio de vecindad y su mitote.
Mxico, hacia 1931.
Gorriones callejeros,
una bandada de nios
con los peridicos que no vendieron
hace un nido.
Los faroles inventan,
en la soledumbre,
charcos irreales de luz amarillenta.
Apariciones,
el tiempo se abre:
un taconeo lgubre, lascivo:
bajo un cielo de holln
la llamarada de una falda.
Cest la mort ou la morte

El viento indiferente
arranca en las paredes anuncios lacerados.

A esta hora
los muros rojos de San Ildefonso
son negros y respiran:
sol hecho tiempo,
tiempo hecho piedra,
piedra hecha cuerpo.
Estas calles fueron canales.
Al sol,
las casas eran plata:
ciudad de cal y canto,
luna cada en el lago.
Los criollos levantaron,
sobre el canal cegado y el dolo enterrado,
otra ciudad
no blanca: rosa y oro
idea vuelta espacio, nmero tangible.
La asentaron
en el cruce de las ocho direcciones,
sus puertas
a lo invisible abiertas:
el cielo y el infierno.
Barrio dormido.
Andamos por galeras de ecos,
entre imgenes rotas:
nuestra historia.
Callada nacin de las piedras.
Iglesias,
vegetacin de cpulas,
sus fachadas
petrificados jardines de smbolos.
Embarrancados
en la proliferacin rencorosa de casas enanas,
palacios humillados,
fuentes sin agua,
afrentados frontispicios.
Cmulos,
madrporas insubstanciales:
se acumulan
sobre las graves moles,
vencidas
no por la pesadumbre de los aos,
por el oprobio del presente.
Plaza del Zcalo,
vasta como firmamento:
espacio difano,
frontn de ecos.
All inventamos,
entre Aliocha K. y Julian S.,
sinos de relmpago
cara al siglo y sus camarillas.
Nos arrastra
el viento del pensamiento,
el viento verbal,
el viento que juega con espejos,
seor de reflejos,
constructor de ciudades de aire,
geometras
suspendidas del hilo de la razn.

Gusanos gigantes:
amarillos tranvas apagados.
Eses y zetas:
un auto loco, insecto de ojos malignos.
Ideas,
frutos al alcance de la mano.
Frutos: astros.
Arden.
Arde, rbol de plvora,
el dilogo adolescente,
sbito armazn chamuscado.
12 veces
golpea el puo de bronce de las torres.
La noche
estalla en pedazos,
los junta luego y a s misma,
intacta, se une.
Nos dispersamos,
no all en la plaza con sus trenes quemados,
aqu,
sobre esta pgina: letras petrificadas.


3

El muchacho que camina por este poema,
entre San Ildefonso y el Zcalo,
es el hombre que lo escribe:
esta pgina
tambin es una caminata nocturna.
Aqu encarnan
los espectros amigos,
las ideas se disipan.

El bien, quisimos el bien:
enderezar al mundo.
No nos falt entereza:
nos falt humildad.
Lo que quisimos no lo quisimos con inocencia.
Preceptos y conceptos,
soberbia de telogos:
golpear con la cruz,
fundar con sangre,
levantar la casa con ladrillos de crimen,
decretar la comunin obligatoria.
Algunos
se convirtieron en secretarios de los secretarios
del Secretario General del Infierno.
La rabia
se volvi filosofa,
su baba ha cubierto al planeta.
La razn descendi a la tierra,
tom la forma del patbulo
y la adoran millones.
Enredo circular:
todos hemos sido,
en el Gran Teatro del Inmundo;
jueces, verdugos, vctimas, testigos,
todos
hemos levantado falso testimonio
contra los otros
y contra nosotros mismos.
Y lo ms vil: fuimos
el pblico que aplaude o bosteza en su butaca.
La culpa que no se sabe culpa,
la inocencia,
fue la culpa mayor.
Cada ao fue monte de huesos.

Conversiones, retractaciones, excomuniones,
reconciliaciones, apostasas, abjuraciones,
zig-zag de las demonolatras y las androlatras,
los embrujamientos y las desviaciones:
mi historia,
son las historias de un error?
La historia es el error.
La verdad es aquello,
ms all de las fechas,
ms ac de los nombres,
que la historia desdea:
el cada da
latido annimo de todos,
latido
nico de cada uno,
el irrepetible
cada da idntico a todos los das.
La verdad
es el fondo del tiempo sin historia.
El peso
del instante que no pesa:
unas piedras con sol,
vistas hace ya mucho y que hoy regresan,
piedras de tiempo que son tambin de piedra
bajo este sol de tiempo,
sol que viene de un da sin fecha,
sol
que ilumina estas palabras,
sol de palabras
que se apaga al nombrarlas.
Arden y se apagan
soles, palabras, piedras:
el instante los quema
sin quemarse.
Oculto, inmvil, intocable,
el presente no sus presencias est siempre.

Entre el hacer y el ver,
accin o contemplacin,
escog el acto de palabras:
hacerlas, habitarlas,
dar ojos al lenguaje.
La poesa no es la verdad:
es la resurreccin de las presencias,
la historia
transfigurada en la verdad del tiempo no fechado.
La poesa,
como la historia, se hace;
la poesa,
como la verdad, se ve.
La poesa:
encarnacin
del sol-sobre-las-piedras en un nombre,
disolucin
del nombre en un ms all de las piedras.
La poesa,
puente colgante entre historia y verdad,
no es camino hacia esto o aquello:
es ver
la quietud en el movimiento,
el trnsito
en la quietud.
La historia es el camino:
no va a ninguna parte,
todos lo caminamos,
la verdad es caminarlo.
No vamos ni venimos:
estamos en las manos del tiempo.
La verdad:
sabernos,
desde el origen,
suspendidos.
Fraternidad sobre el vaco.


4

Las ideas se disipan,
quedan los espectros:
verdad de lo vivido y padecido.
Queda un sabor casi vaco:
el tiempo
furor compartido
el tiempo
olvido compartido
al fin transfigurado
en la memoria y sus encarnaciones.
Queda
el tiempo hecho cuerpo repartido: lenguaje.
En la ventana,
simulacro guerrero,
se enciende y se apaga
el cielo comercial de los anuncios.
Atrs,
apenas visibles,
las constelaciones verdaderas.
Aparece,
entre tinacos, antenas, azoteas,
columna lquida,
ms mental que corprea,
cascada de silencio:
la luna.
Ni fantasma ni idea:
fue diosa y es hoy claridad errante.

Mi mujer est dormida.
Tambin es luna,
claridad que transcurre
no entre escollos de nubes,
entre las peas y las penas de los sueos:
tambin es alma.
Fluye bajo sus ojos cerrados,
desde su frente se despea,
torrente silencioso,
hasta sus pies,
en s misma se desploma
y de s misma brota,
sus latidos la esculpen,
se inventa al recorrerse,
se copia al inventarse,
entre las islas de sus pechos
es un brazo de mar,
su vientre es la laguna
donde se desvanecen
la sombra y sus vegetaciones,
fluye por su talle,
sube,
desciende,
en s misma se esparce,
se ata
a su fluir,
se dispersa en su forma:
tambin es cuerpo.
La verdad
es el oleaje de una respiracin
y las visiones que miran unos ojos cerrados:
palpable misterio de la persona.

La noche est a punto de desbordarse.
Clarea.
El horizonte se ha vuelto acutico.
Despearse
desde la altura de esta hora:
morir
ser caer o subir,
una sensacin o una cesacin?
Cierro los ojos,
oigo mi crneo
los pasos de mi sangre,
oigo
pasar el tiempo por mis sienes.
Todava estoy vivo.
El cuarto se ha enarenado de luna.
Mujer:
fuente en la noche.
Yo me fo a su fluir sosegado.




De: Vuelta



OCTAVIO PAZ






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