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Defensa del olvido

Somos la lenta muerte, de gloria invertebrada,
soldados derrotados de las ciencias insomnes;
el ojo de la luna nos mira intensamente
sin envidia ni júbilo por nuestras alas de hombres.
Una soledad vida de espinas y relámpagos,
una sed de naufragio nos cae de la noche
y en la antesala clara del corazón caído
crece un geranio oscuro de aromas monocordes...

Yo no niego la risa
ni escondo los colores;
tengo en las manos firmes
romances y canciones;
pero pregunto, auténtico,
directo como un hombre
¿hacia dónde nos lleva
la fuerza de los dioses?

Su cintura de aroma las rosas fusiladas
dejaron en la esquina vital del horizonte;
algunas eran jóvenes como espigas de junio;
otras llenas de música como alma de sinsontes.
Y aquellas que me amaron tenían un destino
de guitarras violadas sobre la medianoche
cuando los perros muerden los túneles del cielo
y el amor sangra y besa la raíz de los soles.

Yo no niego la rosa
ni su aroma de adioses:
florece en mis poemas
con pétalos sin nombre;
pero afirmo, sencillo,
sin estrellas ni flores
que en el hombre no muere
sino nace la noche!...



De: Poemas de la búsqueda

WERNER OVALLE LÓPEZ

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