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Muérdagos furiosos retintaron los árboles...

Murdagos furiosos retintaron los rboles.
Hubo una llamarada en cada objeto.
La misma inquieta llama compartida
por los amantes frente a s
ante la suave y lenta tela que desciende
hasta que al fin, noche de luna,
desnuda como un dedo ensortijado,
renaces desde siempre:
En tiestos lquidos derramas
tu paso de turquesa por galeras de malva.
Oh, noche! cmo vienes, cmo llegas...
Enhebrados los prpados al fro,
acariciando espaldas, brazos, cuerpos,
posiciones de amor,
todo el amor,
bajo un lejano jacintal de estrellas.



De: Para empezar el da, 1974


VÍCTOR SANDOVAL




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