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Consciente de su belleza...

Consciente de su belleza e inquietante atractivo,
arrogante, solía jactarse y pasearse por el monte,
donde habitan los santos, cada uno en su dominio.
Doblegaba las almas más remisas a aficionarse,
como el guerrero, que al oírla cantar y verla bailar,
sintiendo el corazón traspasado de pasión,
acalorado, henchido de ardor, decidió alcanzarla.
La divinidad, que sólo pretendía seducirlo,
huyó veloz, atravesó la manigua y los sembrados,
los campos de yuca y los jardines de calabaza
para acabar, desesperada, en la corriente del río
que sinuosa la arrastró hasta rendirla al mar.
El océano la protege desde ese lejano día
entregándole todas las aguas dulces,
las joyas resplandecientes, infinitas riquezas;
desde entonces Ochún vive en el río y venera a Yemayá.






De: Okantomí

RODOLFO HÄSLER

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