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Tel-Aviv


No sé qué decir de la arquitectura de esta blanca ciudad, en el balcón, sin poner las manos extendidas sobre la mesa y ver cómo se amarga el dulce de miel. El estilo de Viena, de Berlín, de Brno y de Zürich siguió adelante tras el hundimiento de Europa. ¿Dónde acaba Europa?

Mi fachada es un poema en forma de ocho.

Es una maldición que me persigue desde la infancia, reconozco inmediatamente en la arquitectura el vientre cómodo de la ballena donde ocultarlo todo y arrodillarse ante el tiempo tanscurrido.

El poeta no sabe si es necesaria tanta reflexión sobre el entorno habitado. Hay terrazas para tomar agua de jamaica mientras escuchas el ruido de la calle.

Vamos a sacar de la cama a los amigos del Rehov Soutin para llevarlos a caminar por la playa. Aunque nadie se bañe, la gente más hermosa deja sus pisadas y sus huellas de infinito. La semilla no va a germinar, fue un momento de creatividad que ha quedado olvidado, agotado para siempre. ¿Alguien querría paladear tanta belleza?

La luz se parte en infinitas líneas rectas frente a las ventanas pensadas para truncar el sol. Las flores del insomnio caen lentamente de las manos y las nubes que anuncian lluvia nos despiertan y ordenan alejarnos de semejante esplendor.

Cuerpo y alma buscan cómo transcribir la impresión de plenitud.






De: Cabeza de ébano

RODOLFO HÄSLER

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