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La isla de la cintura

La armona del crculo nos enlaza
perfeccin de lo desconocido
surco de un espacio donde los labios
siempre inventan amapolas

Avanzas y es el mundo el que retrocede a su origen
huyes y arrasas este dominio de palabras

Amor si eres poema no quiero nombrarte
sentir la lepra que devora el tiempo
la fiera zarpa de la fantasa los minutos enredados
la solitaria idea de la presencia el abrazo sin final
los portales desnudos que un da cruzamos juntos
esta caracola donde puede adivinarse el alba

Arrojo estelas de un poema laberinto en el fuego
y me quema los dedos el humo de la ausencia
y en la manos vacas an duerme el perfume
pero es una llaga abierta otra dimensin el pensamiento
paisaje el sueo donde esconde su ltigo la monotona
y el insomnio es caballero errante de la noche
y los molinos de viento son tu pelo enredndose
lanza rota mi voluntad estrellada en el cielo primero

En el alba se abren otros ojos prpados horizonte
el vaso entre los libros el cristal fro el ron quemando
incendio de lmparas
el sndalo violeta
y puedo escapar de la constelacin que me asfixia
para encontrar tu nombre en el pas de las maravillas
donde son verdad los cuentos y nunca las rosas hieren

La msica se repite
me salva
avanzo por las escaleras
vuelvo a las puertas de madera y entro sin llamar
imgenes en los cristales donde busco un hueco
imborrable
all duermes y controlas el abismo del olvido
las manos que conocieron otras races otra salida
la grieta por donde la pasin empuja
hasta arrancarnos las ropas
y rodar desnudos sobre las arenas
buscando la postura de los barcos solitarios
navegando sin rumbo
acariciando la lluvia perdidos en el misterio
atracando al fin en un muelle abandonado
sol nico la presencia
los mismos pjaros picoteando
la piel que la luz descubre
la isla de la cintura
lentamente mapa
recreado
dibujado
amado
uno a uno el rojo de la
granada
vencido
paseante de las calles
sin decir la palabra que temo






(del libro EL ECO DE LOS PJAROS)


PEDRO ENRÍQUEZ




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