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He visto los ojos de un perro al amanecer.

Es un reproche, un angustioso agitar de rabo
a tono con las manecillas del reloj.

Y si la caricia es sólo el respaldar de su memoria
y las mañanas sólo son el sueño del perro
que ladra a la llegada del diario frente a portón.
Y si la parsimonia es un juego de ajedrez en sus bigotes.
Y uno se dice pobre perro,
mientras a él se le congela como iceberg la nariz

Y no te ha pasado que te incomoda su mirada
más milenaria que la de un pez;
pero no, verdad,
el perro no habla,
el perro sólo por instinto escucha,
el perro es la mascota,
y el cómplice silencioso del juego a ser rey

Pero bueno, tal vez es que sólo pensé
que hoy podría tener cuatro patas
estirarme en el balcón de la ciudad
y así nadie se voltearía,
mientras yo estiro la pata
y ¡zas! una mancha viscosa se deslizaría
por el mercedes de algún legislador,
y así nadie diría ¡que perro más comunista!
o peor aún, oreja de alguna bandada de perros
bañados, afeitados, perfumados,
uno de esos tantos que andan sellando su territorio
como si la ciudad les perteneciera.




Seleccionado por la autora


MAYRA OYUELA




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