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Volvieron las vacas...

Volvieron las vacas. Los santos se iban de las puertas con ramos de almendro y retama; no era que caminasen; el viento los llevó poniéndolos aquí y allá; sus vestidos en rojo oscuro y azules. El lucero estaba tan cerca que parecía de vidrio, un botellón.

Una voz en lo hondo de los aposentos, dijo: —Invita a los santos. Sírveles.

Corrí al umbral. Clamé: —“¡Estefanía! ¡Ratón! ¡María Inés!”

Mamá salió de detrás de las alacenas, diciendo:

—Ésos no son los nombres de los santos. Voy a poner la olla, a hacer la sopa.

Puso la olla, el agua, ramos de yuyos. Dijo: —Cázame una mariposa.

Sólo porque lo deseé, una mariposa apareció al instante.

La agarré de las alas, trémula. Era grande, negra, de cabeza blanca. Mamá la echó, se asó enseguida y quedó íntegra. Las alas abiertas sobre la sopa.

Mamá decía: —Le dará sabor y suerte.

Me azoré. Vi los años venideros. Y los del pasado. Mamá que me obligaba a cazar mariposas. El destino que las ponía en mi mano.


44 de En todos los vestidos bordaban nomeolvides

MAROSA DI GIORGIO

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