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Recuerdo mi casamiento...

Recuerdo mi casamiento, realizado remotamente allá en los albores del tiempo.

Mi madre y mis hermanas se iban por los corredores. Y los viejos murciélagos —testigos en las nupcias de mis padres— salieron de entre las telarañas, a fumar, descreídos, sus pipas.

Todo el día surgió humo de la casa; pero, no vino nadie; sólo al atardecer empezaron a  acudir animalejos e increíbles parientes de las más profundas chacras; muchos de los cuales sólo conocíamos de nombre; pero, que habían oído la señal; algunos con todo el cuerpo cubierto de vello, no necesitaron vestirse, y, caminaban a trechos en cuatro patas. Traían canastillas de hongos de colores: verdes, rojos, dorados, plateados, de un luminoso amarillo, unos crudos, otros apenas asados o confitados.

El ceremonial exigía que todas las mujeres se velasen —sólo les asomaban los ojos, y parecían iguales—; y que yo saliera desnuda; allí bajo las extrañas miradas.


Después, sobre nuestras cabezas, nuestros platos, empezaron a pasar carnes chisporroteantes y loco vino. Pero, bajo tierra, la banda de tamboriles, de topociegos, seguía sordamente.

A la medianoche, fui a la habitación principal.

Antes de subir al coche, me puse el mantón de las mujeres casadas. Los parientes dormían, deliraban. Como no había novio me besé yo misma, mis propias manos.

Y partí hacia el sur.



2 de Está en llamas el jardín natal

MAROSA DI GIORGIO

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