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A una inconstancia

Suspende, fuentecilla,
tu ligera corriente,
mientras que triste lloro
mis ya perdidos bienes.

Cuntas veces, estando
en tus orillas verdes,
Lisi me aseguraba
su amor hasta la muerte?

Aqu su diestra mano,
ms blanca que la nieve,
en esta arena frgil
escribi muchas veces:

"Primero ha de tornarse
el curso de esta fuente
que a su Salicio quiere."

Mas tus promesas, Lisi,
no han sido menos leves
que el papel que escogas
para firmarlas siempre.

Las letras se borraron
por los soplos ms tenues
del viento, y tus promesas
por lo que t quisieres.

Ay, contentos soados
de prometidos bienes!
Ay, inconstancia propia
de fciles mujeres!



Seleccin: Juan Domingo Argelles.


MANUEL MARTÍNEZ DE NAVARRETE




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