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Madre naturaleza

Madre, madre, cansado y sooliento
quiero pronto volver a tu regazo;
besar tu seno, respirar tu aliento
y sentir la indolencia de tu abrazo.

T no cambias, ni mudas, ni envejeces;
en ti se encuentra la virtud perdida,
y tentadora y joven apareces
en las grandes tristezas de la vida.

Con ansia inmensa que mi ser consume
quiero apoyar las sienes en tu pecho,
tal como el nio que la nieve entume
busca el calor de su mullido lecho.

Aire! ms luz, una planicie verde
y un horizonte azul que la limite,
sombra para llorar cuando recuerde,
cielo para creer cuando medite!

Abre, por fin, hospedadora muda,
tus vastas y tranquilas soledades,
y deja que mi espritu sacuda
el tedio abrumador de las ciudades.

No ms continuo batallar: ya brota
sangre humeante de mi abierta herida,
y quedo inerme, con la espada rota,
en la terrible lucha por la vida.

Acude madre, y antes que perezca
y bajo el peso, del dolor sucumba;
o abre tus senos, y que el musgo crezca
sobre la humilde tierra de mi tumba!
Sabes lo que es un suspiro?
Un beso que no se dio!
Con cadena y cerrojos
los aprisionan severos,
y apenas los prisioneros
se me asoman a los ojos!

Pronto rompen la cadena
de tan injusta prisin,
y no mueren ms de pena
que ya est de besos llena
la tumba del corazn!

Qu son las bocas? Son nidos.
Y los besos? Aves locas!
Por eso, apenas nacidos,
de sus nidos aburridos
salen buscando otras bocas.

Por qu en crcel sepulcral
se trueca el nido del ave?
Por qu los tratas tan mal,
si tus labios de coral
son los que tienen la llave?

Besos que, apenas despiertos,
volar del nido queris
a sus labios entreabiertos
en vuestra tumba, mis muertos,
dice: Resucitaris!


MANUEL GUTIÉRREZ NÁJERA




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