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Diario cómplice-Libro segundo (IV)

Generaciones ltimas
de muchachas difciles,
muchachos obligados al orgullo
y tocadiscos viejos, me recuerdan
que en alguna terraza junto al mar,
bajo el calor de un mundo,
estuve yo tambin,
con esa misma falta de existencia.

(La arena en el sostn y los vaqueros,
el muslo hundido, el vello con la luna,
las manos otorgadas a separar la sombra del perfil,
vinieron a decirme
que no debe cederse ni un palmo de terreno
al invadir el cuerpo que a la vez nos invade)

Con su sabor de hielo,
en barcos que parecen no moverse,
indefinidos y lejanamente,
siguen bailando ah.
Cada vez ms distante
la msica que suena me recuerda
que no todos bajamos hasta el mar
una noche posible
de humedad encendida en el verano.

Casi nada hered,
slo la tentacin y su sonrisa
y aquellos ascensores
ms pequeos que un beso.



(De: Diario cmplice)


LUIS GARCÍA MONTERO




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