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Delira el hombre

Certeza de estar aquí para siempre,
no angélicas ilusiones —opios celestes—,
quiere el Hombre, y su delgada muerte delira:
Zarpazo de la mañana, lívido mediodía, cabeza ebria del tiempo,
sombría permanencia, vino de los abismos, brutal brebaje eterno:
¡Yo veo, yo palpo, yo aspiro, yo oigo,
yo saboreo, yo agonizo, yo acabo, yo comienzo!



2 de Invitación al asesinato

JUAN RÍOS

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