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Alba de Dios

Nada turbaba el secular abrazo
del silencio y de Dios,
mas del Coloso el Verbo se nutría,
en el undoso sueño de su fructífero regazo.
Algo cruzó la noche, un latigazo
de cólera y de amor al grave esposo,
dio la fecundidad,
quebró el reposo
de aquel doliente y unitivo lazo.
Estaba el Ser en actitud eximia,
fulgía la intención,
desde su centro un ala mágica voló,
una alquimia a Dios interrogó,
salió a su encuentro
—resplandecía la negrura—,
dentro iba a empezar la cósmica vendimia.


De: Miserere en la tumba de R. N

JOSÉ LUIS PRADO NOGUEIRA

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