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Otoi que j′eusse aimée...

Y ahora una digresión Consideremos
esa variante del amor que nunca
puede llamarse amor

Son aislados instantes sin futuro
En la ciudad donde estaré tres días
          nos encontramos
Hablamos cien palabras

Pero un brillo en los ojos un silencio
o el roce de las manos que se despiden
prende la luz de la imaginación

Sin motivo ni causa uno supone
que llegó pronto o tarde
          y se duele
("no habernos conocido...")

E involuntariamente ocupas tu fiel nicho
en un célibe harén de sombra y humo

          Intocable
incorruptible al yugo del amor
viva en lo que llamó De Rougemont
          la posesión por pérdida

JOSÉ EMILIO PACHECO

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