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Apólogo del Paraíso

Eva, transformada en serpiente, ofreció a Adán una manzana.
Fueron arrojados del Paraíso, pero ellos llevaron semillas consigo,
y Adán y Eva encontraron otra tierra y plantaron allí las semillas del paraíso.
Podemos hacer siempre el Paraíso alrededor de nosotros
dondequiera que nos encontremos.
Para eso sólo se requiere estar desnudos.







De Luna Nueva
Once miradas a la poesía colombiana
Compilador Omar Ortiz Forero

JAIME JARAMILLO ESCOBAR

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