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La música

I

¡Silencio! ¡Silencio!
     Inclinadas
hacia el navío
las grandes aves blancas, las del alto volar,
en la noche del trópico
se ponen a cantar.

     Asomadas
en la cárcel brillante de las aguas
hacia la claridad lunar,
en el camino nuestro, las sirenas
se ponen a cantar.

     Acodados
sobre la popa del navío,
unos hombres obscuros en ruta de emigrar,
oyen llenos de júbilo esas voces,
pero sólo saben callar...


II

¡Silencio! ¡Silencio!
Ahora las estrellas,
desde las doce casas del zodíaco,
se asoman a las puertas abiertas sobre el mar
y elevando una luz entre las manos,
antes de darse al delicioso sueño
se ponen a cantar...

     Y temblando
al borde mismo de los labios,
nuestros corazones,
suspensos en las notas del concierto estelar,
—también oscuras formas en ruta de emigrar—
oyen toda la música del mundo.
Pero sólo saben callar.



De: El nunca usado mar

EMILIO ORIBE

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