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En la cocina

Enrosca el gato su delicia
de sí sobre sí mismo, duerme
de su principio a fin, secreto.
                    En tanto

esboza la penumbra disidencias
de cazuelas y potes, resistentes
al imperio del sueño.
                    Cae el mundo

por el filo del agua, gruñe
para sí el fuego, pero el gato
lo ignora:
                    permanece

sencillamente, inmune
a memoria y olvido, a salvo
en la delicia de su ser
                    -perfecto.


ELISEO DIEGO




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