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La fiesta

Los viejos liberales han traído
sus sombreros de paja pobre y dura,
los trajes escarchados y la oscura
señal de algunos rostros conmovidos.

Aquel negro de bíblica estatura
conversa con un viejo decidido,
mientras los breves rosas y sonidos
de la fiesta despliegan su ternura.

En el parque los blancos paredones
sonríen al domingo de la iglesia
y hasta las tablas queman ilusiones.

Luego cae la penumbra, luego arrecia
el silencio, se acaban las razones,
suena distante la portada recia.



De: Por los extraños pueblos


ELISEO DIEGO




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