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Poema LXXXVII (Señor, no des a mis cantos)


Señor, no des a mis cantos el triste destino de Abisag...
Déjalos que se pierdan o se quemen en su propia llama, pero no los condenes sin fruto y sin amor a calentar huesos fríos de nadie.





De: Poemas sin nombre

DULCE MARÍA LOYNAZ

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