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El despertar de la semilla



La noche anduvo haciéndose la esquiva
para que nadie la reconociera.
Allá en lo oscuro, el temple de una hoguera
revelaba otra sed sin perspectiva.

En los caminos, nadie. A la deriva,
la voz que en los escombros se escondiera.
Y el silencio, animal sin madriguera,
crepitando en el agua sensitiva.

¿Cómo entender el aterido estado
del aire, desde el día antepasado
en que Dios le prendió su mismo anhelo?

Siglos y siglos fueron la antesala
para que el tiempo, en armonía de ala,
volviérase en Belén lujo de vuelo.



San Salvador, diciembre, 1998

De: Recordación Pascual

DAVID ESCOBAR GALINDO

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