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Me ha tocado...

me ha tocado contar el paisaje de tu piel arrugada: una vejez cruda que no me recuerda. soy el que buscó tu suave seno y halló la muerte en un pezón morado y seco. soy el abandono sobre un suelo helado, el cuerpo que se hizo monstruo deforme abrigando odio tierno como cera en mi oído dañado y amando tu piel de camaleón por haber envuelto la mía.

me convertí en una hoja de lata que corta y expande el olvido, en una fina navaja que corta la desesperación en dos. dos. dos ojos volviéndose espacio vacío. cambiarías sus nombres y los convertirías en la tragedia que ahora devoras y te devora. no pronunciarías el mío como el ruido lejano que silva su histeria. lo escogí yo imitando el de los demás. cada uno equivocando su absurdo más que otro. me toca llevarte a la cera sombría para escribir tu final, ampararme bajo el sudor de tu frente que ya no distingue lo que dice la fiebre y derrama olvido en tu boca que delira. me ha tocado contarte en susurro la agonía. agonía sabe en mi a boca que bebe sangre de sus llagas en vez de seno amargo. me toca hablarte sin que me escuches, Táluma, de cómo el olvido convertido en un animal salvaje comerá de ti como fruta seca entregada a la sal que ya te espera. Te toca ir, anda que se cierra la herida, el portal .








De El libro de Táluma


CECILIA PODESTÁ




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