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Horror a la bestia

¿Por qué supe de ti, oh bestia impura?
¿Acaso te salvaste del oscuro silencio
llevándote conmigo por las quemantes tierras
que Dios nos destinara en su arrebato?

Esclavos nos hiciste, y te quedaste esclava.
Ya nos sacude todo con idéntico brío.
¡Los huesos silban mayos en un celo
que el alma sufre inmóvil!

El alma, sí. Va siendo mía.
La llevo sobre mí, ella me unge.
Soy charca de su luz. La quemo toda.
Pero te odio a ti, que eres la brasa.

¡Tener un Paraíso sin saberlo!
Ser dueña de la paz, sin conocerla.
Tan nueva mi raíz, que la quebraste
lamiendo sus cabellos.

Royéndonos estás y te roemos.
La lucha es para mí, que te conozco.
Que te he traído aquí, que me gobiernas.
¡Oh alma de mi cuerpo, alma mía
que Dios me deja ya poblarme toda!

Te domará mi vida, te domará mi muerte,
maldita bestia dulce, embriagadora loca
que muerdes mis entrañas, tu manzana fragante.


De: Mujer sin Edén


CARMEN CONDE




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