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Seis de la tarde y del oro

Seis de la tarde y del oro.
La arena como mojada
por una blancura alada.
¡Si llego a tocarla, lloro!

Alma y nube conversando
de cosas que no sabemos;
agua pasando y pasando,
agua sin peces ni remos.

La arena junto a la ola.
Caracoles en mi saya...
La playa sola, muy sola,
la playa como una playa.

Tarde eterna, tuya y mía.
La luz yéndose por ramos.
Una estrella que venía.
Ni siquiera nos besamos.


De: Memoria de la fiebre

CARILDA OLIVER LABRA

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