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La plaza



Mientras cruzo la plaza,
la noche queda esttica.
De aqu y de all viejas risas salen
al encuentro
como animales conocidos y fieles.
Un puado de sombras persigue alegre
una pelota que rebota lenta e incansable
hasta perderse en lo hondo.
La memoria se abre en un abanico:
aqu tropiezo y sangro.
All ro con otros alguna ocurrencia.
Cuando t apareces
-conjurando primero en la pequeez-
la plaza se llena
de rubores, vergenzas primeras y silencios.
Todo est intacto.
Miro de reojo y me descrubro mirndote de reojo.
Cuando quiero huir,
no s si eres t
o la plaza
lo que me atrapa.



Seleccionado por el autor


CÉ MENDIZÁBAL




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