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Tercer día



Casi ya de madrugada
deshice cama y también veladores
guardé hedredones, sábanas y joyas,
como siempre en aquella alacena.
Cambié el delicado camisón de lino damasquino
por uno más sereno hilado en casta lana blanca.
Por la tarde me dormí llena de conjeturas siniestras
y otra vez en el sueño
-esa oscura ley que me castiga-
vi a Ulises amando a Circe la hechicera
-por cierto, qué mujer más bella.
Al despertar, mudé los muebles de lugar
para empezar un no sé qué con otro orden.
Y, ahí estaba, hila que te hila
escribe que te escribe
teje que te teje.
En mi balcón de costura
deshilo desescribo, destejo
sin comprender qué naufragio interior
es el que no me permite hilar
a Ulises,
              en la isla,
                                    aquí,
                                                  conmigo.
Pero de súbito, Penélope mi hermana,
despierto en otro sueño
veo
           otra
                 la trama:
           una hebra que se tuerce
           un hilo que se muerde
           un verbo que hace falta
y comprendo, por qué no llega nunca aquel que espero.
¡El conjuro, el conjuro convoca el gesto inverso!
El hilo se desata
el sueño se desueña
la canción se desencanta
parezco una valija desvalijada
una nada.
Soy un cuento que ya no cuenta
el regreso de Ulises a Itaca.
¿Qué hacer, dime, si Ulises vuelve ahora?





De: Itaca, Ediciones del Hombrecito Sentado, La Paz, 2000
Selección: Rodolfo Häsler

BLANCA WIETHÜCHTER

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