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Trasmundo. 24 de noviembre.

Mirarme hoy es ponerse ms triste que una calle
a la que el viento hubiese dejado sin visillos.
Es ser como una alcoba sin camas habitables,
como un tejado roto que asustara los nidos.

Me miras y te afliges y quieres acercarle
la memoria a mis ojos de nuestro tiempo vivo.
Hoy tengo la esperanza color de algunos rboles,
de aquellos que en otoo se mueren de amarillo.

No s dnde ponerme los huesos en la carne,
cmo esconderle al pecho su largo pasadizo.
Mirarme hoy es ponerse ms triste que una clase
sin tiza y sin pupitres, donde no hubiese nios.

Confieso que te quiero ms que nunca esta tarde,
hoy que tiemblas de miedo junto a mi maleficio.
Tus ojos se me entregan com el rostro de un parque
donde, nuevos, los sauces emigraran de sitio.

Me miras y sostienes un pjaro en el aire,
el cielo respirable que me ha sido prohibido.
Tus manos me consuelan con su fruta abundante,
van sanndome dentro ms despacio que un siglo.

Miras como ofreciendo tus ojos inyctables,
tus ojos enfermeros frescos como un racimo.
Mirarme hoy es ponerse ms triste que un paisaje
donde nunca las ramas despertaran de mirlos.

Y yo, porque te amo, me oculto en este traje
de sbanas que lavan su muerte los domingos.
Me asomo a tus dos ojos como a dos ventanales.
Confieso que te quiero como nadie me quiso.

Porque t, que me miras, ya no encuentras a nadie.
Nadie que me conozca puede decir que existo.
Acuden a mis ojos tus ojos a llorarme.
Llegas a despedirte. Te has mentido, amor mo.

(Seleccin: Antonio Porpetta)


ANGEL GARCÍA LÓPEZ




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