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A mi hijo en su infancia

Del mismo Cielo descendiste un día,
como rayo de luz esplendorosa,
a ser el sol de la existencia mía.

Y al mirarme en tus ojos amorosa
y al besar con fruición tu blanca frente,
do la inocencia en majestad reposa,

sentí que, prosternada y reverente,
el alma, de mi ser en lo profundo,
adoraba la Diestra omnipotente,

que al hacerme de ti, don sin segundo,
dádiva de sus dádivas mejores,
un paraíso me creó en el mundo
y circundó mi corazón de flores.



De: Antología de la poesía cajamarquina

AMALIA PUGA DE LOSADA

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