☰ menú
 


Por miedo

La dejé marcharse sola...
y, sin embargo, tenía
para evitar mi agonía
la piedad de una pistola.
“¿Por qué no morir? —pensé—
¿Por qué no librarme desta
tortura? ¿Ya qué me resta
después que ella se me fue?

Pero el resabio cristiano
me insinuó con voces graves:
“!Pobre necio, tú qué sabes!”
Y paralizó mi mano.

Tuve miedo..., es la verdad;
miedo, sí, de ya no verla,
miedo inmenso de perderla
por toda una eternidad.

Y preferí, no vivir,
que no es vida la presente,
sino acabar lentamente,
lentamente, de morir.



                                        11 de junio de 1912



De: La amada inmóvil

AMADO NERVO

hits

58,158 lecturas del poema




regresar