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Raro fulgor (IX)

Tal como lo so, nos hemos vuelto a encontrar
en el jardn que encierra
la idea de la felicidad perdida.
Cul fue la causa de nuestra cada?
Cay el cielo encima de nosotros; fue una muerte muy dulce,
pues no nos separ ms que un instante.
Hasta hoy por fin- he comprendido, que para ser feliz
hay que estar muerto.








De: Certeza de la duda


ALFONSO QUIJADA URÍAS (KIJADURÍAS)




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