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Epitafio para la muerte de un europeo desconocido

¡Muerte! préstame tus voces ya tan mías.
Préstame ¡aire! tu infinito heraldo.
Vengan a mí los ecos de la tierra.
Carga tus flautas ¡viento! en mis heridas
y muestra mi dolor a más hermanos.
A mundo más ¡por Dios! A más hermanos.

Muéstrame a los ojos de otra parte:
donde el trigo crece sin custodia,
donde las aves vuelan sin consigna,
donde el pan van cantando a los hogares,
donde la risa bebe con la vida,
donde el amor se da sin funerales.

Llévate ¡aire! este final aliento
y cuéntame a otros hombres;
a madres vivas, a los hijos salvos.
Cuéntame a las plantas, al animal
sin truenos, al Abel que cosecha sin
caínes. A todos los que usan la palabra
y no saben el nombre de mis muertos.

¡Aire! tócame por las calles y
los bosques. Entra en mis venas ¡ya! con
tus danubios. Y si eres capaz de
más amores bébeme en las horas,
límpiame en los tanques, cálzate en
mis gritos y échate a andar ¡por Dios!
que se hace tarde.


De: Palabra y sangre

AGUSTÍN PÉREZ PARDELLA

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