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Y que haya cuerpos...

Y que haya cuerpos. Vivos, abiertos yacientes y vidos an entre la bruma de la melancola. Que haya siempre cuerpos, en habitaciones suaves que respiren, en calles arboladas y entre flores. Cuerpos capaces del desnudo completo, limpio, perfecto. Manos con ganas de viajar por los cuerpos. Labios que hmedos se comuniquen las ltimas noticias de la espera. Hmedos cuerpos que respiren y duerman en calma profundsima junto al deseo que duerme, y que en el deseo despierten y se muevan suaves en la oscuridad lo mismo que en la ms clara luz.

Que ya la soledad deje de ponerle candados a los cuerpos y el fro no nos reseque ms la piel y las ganas y la entrega fragilsima.

Que no quede nadie ignorante de su cuerpo, con el vaco en el alma y la amargura de la piel intacta en la mirada. Que nadie se confunda ni confunda la vida con su ansia oculta, insatisfecha del amante.

Que no quede un solo cuerpo indigno del amor, ni un solo freno para el cuerpo amoroso y su bellsimo despliegue de sombras en vaivn.

Y que pueda yo andar con mi cuerpo por la calle, y nada en m ni en mi ropaje me oculte con mi cuerpo para nadie, y que nadie se sorprenda ni se ensucie ni se ofenda por m, por mi orgullo de mi cuerpo ni por mi andar de entrega. Que podamos andar y rozarnos al andar en el silencio, brazo con brazo y con mirada.

Que haya cuerpos, que las tristezas caigan rodeando nuestro abrazo como un mar oscuro que protege. Que el dolor de estar vivo no nos duela en el cuerpo. Que esta sorpresa de criaturas sobre el mundo sea luminosidad de azoro en las miradas de cara hacia la vida, de frente a nuestros cuerpos, y que sea inmenso y amoroso el beso que nos salve del miedo espeluznante ante la muerte.



Mujeres de carne y verso.
Antologa potica femenina
en lengua espaola del siglo XX.
Edicin de Manuel Francisco Reina.
La esfera literaria. 2002



ADRIANA DÍAZ ENCISO




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