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Cantar, Feliciana, intento...


Pinta la armonía simétrica que los ojos perciben
en la hermosura, con otra de música


Cantar, Feliciana, intento    
tu belleza celebrada;  
y pues ha de ser cantada,  
tú serás el instrumento.  

De tu cabeza adornada,    
dice mi amor sin recelo  
que los tiples de tu pelo  
la tienen tan entonada;  

pues con presunción no poca  
publica con voz süave    
que, como componer sabe,  
él solamente te toca.  

Las claves y puntos dejas  
que amor apuntar intente,  
del espacio de tu frente    
a la regla de tus cejas.  

Tus ojos, al facistol  
que hace tu rostro capaz,  
de tu nariz al compás  
cantan el re mi fa sol.

El clavel bien concertado  
en tu rostro no disuena,  
porque junto a la azucena,  
te hacen el color templado.
  
Tu discreción milagrosa
con tu hermosura concuerda;
mas la palabra más cuerda  
si toca al labio, se roza.  

Tu garganta es quien penetra  
al canto las invenciones,
porque tiene deducciones  
y porque es quien mete letra.  

Conquistas los corazones  
con imperio soberano,  
porque tienes en tu mano
los signos e inclinaciones.  

No tocaré la estrechura  
de tu talle primoroso;  
que es paso dificultoso  
el quiebro de tu cintura.

Tiene en tu pie mi esperanza  
todos sus deleites juntos;  
que como no sube puntos  
nunca puede hacer mudanza.  

Y aunque a subir no se atreve    
en canto llano, de punto,  
en echando contrapunto  
blasona de semibreve.  

Tu cuerpo, a compás obrado,
de proporción a porfía,
hace divina armonía  
por lo bien organizado.  

Callo, pues mal te descifra  
mi amor en rudas canciones,  
pues que de las perfecciones,    
sola tú sabes la cifra.



SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ






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