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Saúl Ibargoyen

 
 

EL ESCRIBA DE PIE






EL ESCRIBA DE PIE OBTIENE EL PRIMER LUGAR EN OBRA PUBLICADA

El poeta uruguayo, nacionalizado mexicano, Saúl Ibargoyen, recibió la noche de este jueves el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer Cámara 2002 para obra publicada, otorgado por la secretaría de Cultura Recreación y Deporte (Secured) y el Ayuntamiento de Cárdenas.


El Gobierno del Estado de Tabasco y el ayuntamiento de Cárdenas, entregaron la noche de este jueves el Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada 2002 al poeta Saúl Ibargoyen, por su libro El escriba de pie.

El director de Asuntos Jurídicos de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (Secured), Antonio Villarreal Pinzón, y el representante del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Carlos Morales, entregaron el diploma y un premio en efectivo de 40 mil pesos al poeta originario de Montevideo, Uruguay, pero recientemente nacionalizado mexicano.

Saúl Ibargoyen nació en 1930. Es poeta, narrador, traductor, periodista cultural y crítico literario; pertenece a la Generación de la Crisis, así llamada por Angel Rama, y que surge en Uruguay entre los años 60 y 70 del siglo XX. Llegó a México en calidad de exiliado político en 1976, donde comenzó a colaborar en la sección cultural del periódico Excélsior.

Fue subdirector de la revista Plural (segunda época); coordinador del taller de poesía "La Hostería", y ha sido jurado en diversos concursos literarios nacionales e internacionales, como el "Casa de las Américas", en Cuba. Es autor de más de 50 obras, entre las que destacan: Palabra por palabra, Nuevo Octubre, Ciudad, El otoño de piedra, Erótica mía, El sonido del tiempo, Un lugar en la tierra e Historia de sombras, entre otras.

En colaboración con el poeta argentino Jorge Bocanegra, publicó tres antologías de poesía latinoamericana contemporánea: Rebelde, Amorosa y Contemporánea. Es autor de un libro de cuentos titulado Fronteras de Joaquín Coluna y la novela La sangre interminable, así como la pieza de teatro infantil Los cuates de Candelita.

Actualmente, es coordinador de cursos y talleres de poesía en la Escuela de Escritores de la Sociedad General de Escritores Mexicanos (Sogem) y la Casa de la Cultura de Monterrey, y editor de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea, que publica el Grupo Editorial Eón, en acuerdo con la Universidad de Texas.

Con su libro El escriba de pie, publicado por la Fundación Cultural de Trabajadores de Pascual y del Arte, AC, participó en el Concurso Nacional de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada 2002, con el que obtuvo el primer lugar.

El Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer se instituyó para honrar la memoria del ilustre poeta tabasqueño en 1977, poco después de su fallecimiento, acaecido el 16 de febrero de ese año. El primer libro galardonado con el premio fue Oráculo de sombras, del poeta español residente en México, Gabriel García Narezo.

Con la participación del INBA, se optó por entregar el premio a obra publicada a partir de 1987, correspondiendo ese año al poeta Marcelo Uribe, con su obra Las delgadas paredes del sueño. El ganador de 1999 fue Francisco Magaña, con su libro Antorchas.

Poco después de recibir el reconocimiento en la galería El Jaguar Despertado, Saúl Ibargoyen leyó extractos de su poesía ganadora y autografió ejemplares a sus lectores.


Noviembre 2002 / Día 28



EL ESCRIBA DE SÍ MISMO


Ibargoyen, Saúl.
Fundación Cultura Pascual,
colección “La inspiración nunca duerme”,
No. 13, México, 2002, 32 páginas.


El escriba fue la mano de todos. El transmisor de mensajes, el único dador de la palabra escrita. La palabra de todos que aquí el poeta-escriba convierte en propia y ofrece. El escriba de pie[1] es un viaje, un recuento, un conjunto de preguntas sobre la escritura y el origen. Sobre el propio nombre. Un viaje realizado por el poeta, que el escriba rememora y transcribe.

Su canción al escriba -primera parte del poemario- oscila entre dos voces que no dialogan ni se responden. Una describe una geografía sin nombre donde se intuye un paisaje seco que es constante durante todo el viaje. Ahí hay pan de sol, mercaderes, una mujer envejecida y una fauna encenizada y traslúcida: garzas transparentes, pálidos peces, sutilísima libélula y vacas de basalto.

La otra voz -la voz poética- es la de un escriba erguido, viajante y en movimiento que se niega y se pronuncia a la vez. Niega lo que ha visto, lo que ha oído y lo que ha dicho:

          No soy el escriba
          no soy el presunto señor
          de la veraz palabra.
          Nada pinto ni dibujo ni grabo
          ni escribo ni hablo
          sólo veo una mujer polvorienta
          y objetos distintos
          y ajados mercaderes y pájaros
          que nadie compra ni bautiza ni recuerda...

El verbo, que, al ser pronunciado, actúa. La presencia por ausencia. Cesare Pavese señala que un poeta se finge a sí mismo no saber lo que ya sabe. El escriba de pie dice: "No soy yo", como si al decirlo quisiera advertir que es otro, al mismo tiempo la voz de tantos hombres. Esa negación a lo largo del poemario se convierte en una postura, una actitud llena de dignidad y simultáneamente de dolor:

          Soy débil con toda mi fuerza
          Y mis cuartillas y papiros
           se agrisan y agrietan
          como las verdades
          que no supo escribir.

Le duelen la mujer polvorienta, el asno de ceniza y el aire que llena los pulmones del hombre cotidiano, pero no se sienta a la orilla a lamentarse, se niega a llorar. Sus voces sostienen su verticalidad donde todo está de pie: "La barca con su blancura vertical", "el recto pincel", "la lata pluma iluminada", "el estandarte".

Así continúa casi imperativo, negándose, y con furia levanta el estilete que lleva su nombre para hablar más alto y decir:

          No soy escriba de nadie,
          ninguna orden se introdujo en esta mano
          de lo incierto...

Insiste con las palabras precisas y el verbo fértil, y dice que sólo es un escriba que ve y escucha. El poeta-escriba cuestiona su labor, hace recuentos y provoca. Busca, como todo poeta, la sustancia esencial de la palabra, su contenido y su significado. La busca en la raíz: "más abajo del debajo", dice. Busca el origen en el misterioso choque del cobre sumergido entre los muros de una caja de papel para encontrar las palabras irrompibles, para hacerlas primeras y luego dejarlas en soledad, en medio de un desierto que las rodea. El gran vacío de las telas de un libro blanco que el poeta quiere raspar: "hasta que la sangre de un oscuro libro aparezca".

El autor abandona la escritura para que su poesía cobre existencia, comience su vida activa y vuelva a su origen esencial: "pierde sus denominaciones" y encuentra su perfil y su nombre verdadero, su nombre secreto.

El escriba de pie les habla a todos: "al que nunca escucha", "al que siempre llama", "a ti tan solamente solo", "tan solísima", "al que no encuentra aún su casa sonora", "a los que sólo oyen la liviandad del verbo".

El poeta crea su propio bestiario: animales del aire, de la tierra y el agua, de los que sobresale la negrura de un escarabajo. Hace recordar a Maldoror con su escarabajo que conduce una bola no más terrible que el mundo; bola que hace rodar este animal de espaldas "como pétalos de petróleo florecido":           Y la bola rueda ajustándose
          a los tropiezos de una esfera
          de terregales y rocas inmedibles
          de humanas griterías y lodo podrido

Queda preguntarnos si seremos capaces de usar el traje de escarabajo y hacer rodar nuestra bola de estiércol, nuestra rueda de sudores del día, nuestro mundo individual a través de nuestros Nilos y nuestras calles irreales.

Ibargoyen pronuncia un solo nombre propio: Nilo. Y este río, ya sea real o metafórico, se agita y se aquieta a lo largo de todo el libro. No podía faltar el erotismo. El poeta le canta a una mujer en "El escriba en ti", donde efectúa otro viaje, uno por el cuerpo. Es ahora el escriba horizontal, el tembloroso escribiente que invita a la sensualidad y a descubrir palabras en la piel.

El escriba de pie es un recorrido que se inicia situándose en la sequedad del desierto, describiéndola, procurando el origen, y termina al cruzar el río, al subir a la barca blanca y al preguntar qué queda en la tierra que se deja, qué en el desierto, qué en el libro blanco. Después de hacer preguntas abrumadoras que no requieren respuesta, el poeta se cuestiona en "Post scriptum".

          De mí
          del escriba que sólo supo hablar
          con su encía personal...
          del escriba presente
          ¿qué podrá ser escrito?

¿Qué permanece luego de la escritura, después de degollar el lápiz y escribir el nombre más propio? ¿Qué soledad envuelve y cómo ser fiel a ella y a nuestro nombre? Son algunas preguntas que provoca el final del libro, donde se reitera la búsqueda de las palabras. Sólo el lector podrá decir algo sobre este poeta que se define "apenas balbuceante", "apenas de pie".

Y como finaliza Eliot algún poema, así despido hoy al escriba de pie:

          No feliz viaje.
          Sino adelante, viajero.

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[1] Saúl Ibargoyen, El escriba de pie, Fundación Cultural Pascual. Colección "La inspiración nunca duerme", Nº 13, México, 2002, 32 p.
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(GUADALUPE GALVÁN, “El escriba de sí mismo”, Pensamiento y Cultura. Vol 5, No 1 (2002). , Universidad de La Sabana, Colombia.






 

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