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listado de poemas por primeros versos letra y

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623 poemas con la letra "y"

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Y el niño aquella noche... de Teresa Agustín
Y el niño aquella noche le pidió a la niña que le odiara; y ella, recogidas las manos en su cintura, lloró en grieta el largo camino de la palabra, fría de silencios y de tiempos, de quien antes le pidiese que le amara. Mujeres de carne y verso. Antología poética femenina en lengua española del siglo XX. ...
Y el reptil era mujer... de Lucero Alanís de Gurrola
Y el reptil era mujer contra la mujer vive en el espejo de mundos donde la que se ve es la misma que se niega su lengua enrosca masculinas formas en adormecida voluntad acecha tras el árbol a otras hembrashasta alejarlas de sus adanes devaluados De: Tarde en el tiempo ...
Stefania, 1943 de Ana Wajszczuk
Y en el Líbano era encierro hasta las cinco de la tarde: no podía salir a la calle sin que el sol la abrasara llegaban los extraños vientos y el vendaval de polvo levantando murallas en los ojos y en la comida y en la garganta el polvo del color de esa gente morena lastimaba su palidez imposible escapar ...
El muelle de Elías Letelier
Y en el universo, la curva del tiempo es mucho más grande que una manzana, se parece a una línea recta que el hombre no quiere entender. Allí, antes que existieran tus ojos, Dios, la Coca - Cola y el teléfono, el universo tenía sentido: era una lámpara, una manzana, una fábrica de ladrillos; ...
Ya sin palabra alguna de Jorge Galán
Y entonces henos aquí como dos mares que en la comisura de unos labios inertes han hecho una marea que no baja a pesar de esa luna que detiene tu mano como si de una gota de llanto se tratase, perdidos en el aroma de un cabello que asciende hasta otro aroma que es la piel misma húmeda, ...
Los nuevos pueblos de Raúl Zurita
Y era tu cara el borde de estos cielos, el manto mío de las estrellas. Al mirar hacia arriba no vi nada sino tu permanencia, las pinturas de tu rostro, la deriva de tus antepasados inundando las altas nubes. Esos son los ríos que se abren. En otro tiempo fuimos encontrados y ya vivimos ...
Lo que jamás diría Simbad de Ramón Fernández - Larrea
y eran tantas las rocas que luego de tocar este sol y otros desconocidos aprendí a ver pero perdí cada pupila y había tanto mar en mi pecho una ola era distinta a la altura entré decidido al oro de los peces buscando hablar con dios y casi lo logro en las tardes de paz cuando la espuma ...
Y es la muerte presidiendo mi duro gesto... de Isabel Roselló
Y es la muerte presidiendo mi duro gesto, mi tiempo disperso en el escombro de las horas, deshabitadas, las horas yacen muy pálidas, como manos desnudas de caricias, como grises tardes envenenadas de silencio. El tenso vacío me desvive con calma, se demora en mi cuerpo ...
Canción de exilio para un recién nacido de Fabricio Estrada
Y es peor todavía: uno defiende un sueño, a una tierra que apenas existe en el deseo. Por eso las piedras son indefendibles y el inmediato yermo no es la tierra que fértil buscamos. Nada parece más cercano que la extrema presunción de la memoria, hilos que desde nuestras manos pretenden...
El cantor ciego de Roberto Obregón
Y es que yo solamente soy una sombra que absorbe la humedad de la puerta. El tallo abriéndose en un pensamiento humedecido en las pisadas del tiempo. Distraído grabador de los frutos del árbol que extravió su trayectoria en el ámbar el encargado de la llave que al abrir tus puertas ...
Poema LXIII de Dulce María Loynaz
Y esa luz? —Es tu...
Las tías de Néstor Perlongher
y esa mitología de tías solteronas que intercambian los peines grasien- tos del sobrino: en la guerra: en la frontera: tías que peinan: tías que sin objeto ni destino: babas como lame: laxas: se oxidan: y así flotan : flotan así, como esos peines que las tías de los muchachos en las guerras limpian: ...
Ser ante los ojos (A mediodía XII) de Gerardo Guinea Diez
Y esas osamentas, árbol de noche, traman entre los péndulos de la voz, la más antigua, la leyenda que testimonian las piedras ciegas, reyerta del aire. Y dicen, dicen, la azarosa epopeya de la espada que empuñan otras manos; y dicen sin decir, porque la voz se ha enmudecido: ...
Nocturno (Momento III) de Ana Rossetti
Y ese instante: la puerta traspasada que se cierra apresando, y el peligro contiguo y el abrazo inminente, pues la luz ha prendido por sorpresa la estancia y una ajena presencia, radiante entre las joyas, devuelven las vitrinas. Y quizás la belleza sea sólo ...
Y ese sonido... de Angela Leite de Souza
Y ese sonido que poco a poco a se apodera de toda la ciudad ¿es acaso quimera o fiera de verdad? Es un convoy de vagones que con su chillido corre y en cada triste grito el pasado llega. Pasa el pasado y descompasado algún corazón brincotea con el pito.
Balada del remordimiento artístico de José María Valverde
Y esta mirada que se queda en las cosas como en su hogar, ¡poeta! ¡Y este decirlo todo! —¿no lo tendremos qué pagar...?—. La arena por entre los dedos nos deja su tesoro ya, el correr del agua, nos cuenta la leyenda de la verdad. Hasta el dolor rezuma extraña y orgullosa felicidad...
Afrodita de Cristina Peri Rossi
Y está triste como una silla abandonada en la mitad del patio azul Los pájaros la rodean Cae una aguja Las hojas resbalan sin tocarla Y está triste en mitad del patio con la mirada baja los pechos alicaídos dos palomas tardas Y un collar sin perro en la mano Como una silla ya ...
La feria de Julio Torri
Y estando a — Y estando amarrando un gallo Se me re — Se me reventó el cordón Yo no sé Si será mi muerte un rayo... Los mecheros iluminan con su luz roja y vacilante rimeros de frutas, y a contraluz proyectan negras las siluetas...
Estás de Ernestina de Champourcin
Y estás: en el vacío y en la ausencia presente, en la que es y vive sin dejar de ser única oquedad invisible con raíces eternas. No hay mundo que la llene pero sí algo vivo que la besa y la calma. Selección: Guido Ferrer
Anunciación de Ana Istarú
Y este baño de nieve? ¿Y este aserrín de almendra en los pezones? Y en mis regiones lunares, ¿por qué esta Pócima lenta de tu boca volcada como aceite, saliva somnolienta? ¿Cuáles palabras, cuáles, me has puesto sobre el sexo? Navegan hacia un cielo mis dos muslos...
La canción del pordiosero de Pedro Correa Vásquez
Y fue en vano el grito de dolor que lanzó en medio del Desierto Su alma era un depósito de oscuros recuerdos. Su calma, sólo una forma de fingir. Miró a todas partes: nadie acudía a salvarlo. Una inmensa ola, nacida en el infierno, lo arrastraba y ya no sentía dolor. Mejor era el placer ...
Fundación mítica de Buenos Aires de Jorge Luis Borges
Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita...
Todas iban a ser reinas de Pavel Oyarzún Díaz
Y heredaron la ciudad de noche. Las calles del centro. La salida de los cines. Los estacionamientos, y los paraderos de micros. Los jardines de la plaza. La esquina de la catedral. Todas las noches de la República se abren para ellas. Para que las transiten riéndose como locas, ...
Habana tú de Elena Tamargo
Y hoy está crecido el mar no es que la marea suba por un hecho natural es que llora Yemayá Juan Formell De niña, entre las grietas de la tierra buscaba en ti mi aurora a semejanza mía, a semejanza tuya cuerpo oscuro y esbelto de mi sueño. Puras ante la espera las imágenes emisarias ...
Buenos Aires de Jorge Luis Borges
Y la ciudad, ahora, es como un plano De mis humillaciones y fracasos; Desde esa puerta he visto los ocasos Y ante ese mármol he aguardado en vano. Aquí el incierto ayer y el hoy distinto Me han deparado los comunes casos De toda suerte humana; aquí mis pasos Urden ...
Nocturno (Momento II) de Ana Rossetti
Y la larga experiencia -femeneidad rapaz del ojo- ha descifrado en cierta boca triste o impaciente ademán, o en traslúcida cera de una carne vencida, al tasador más alto. Lentos dedos resbalan, por la cadena, un dije, del escote el confín, yerta gota cayendo, amenazando al torso ...
Esta lluvia, el perdón, y mis rosales de Matilde Alba Swann
Y la lluvia sonríe, canta dentro del cristal que me habita y repercute sobre un suelo ya antiguo en otras lluvias, y otras tardes miradas desde lejos. Mi ventana de ver el mundo, abierta, y mi puerta a algún náufrago, descubro que no hay puertas, que nunca hubo ninguna para abrir, ni cerrar; ...
Silencio de Cé Mendizábal
Y la luz que se dispersa en el aire, en medio de las espirales de la música de los rostros que hablan del cansancio del alcohol y ríen con placer. De los labios que persiguen a su modo las melodías. Los pies ya son parte de un suelo que baila, mientras los sueños ...
La oración de Leopoldo María Panero
Y la Madre reprendió al niño, y dijo qué haces que no velas el cadáver y él puso su boca en aquel falo, y sorbió lentamente como de un alimento porque el muerto ese era el incienso que purificaba los sabidos hedores del teatro, su turbia agonía de modo que al crepúsculo ...
Nocturno (Momento I) de Ana Rossetti
Y la música ardiendo, estallando, araña es de cristal, o una bengala; el limón sobre un vaso teñido de violeta, vigilante; y el blanco pantalón, que en medio de la noche resplandece, arrogante y magnífico como un corcel ...
noches de montevideo de Jorge Ernesto Olivera
y la noche es un remolcador viejo y carcomido al oeste de la bahía de montevideo donde un viejo flaco vende pollos, y da la muerte por un vintén. está cuajada de líquenes auroras desencontradas, navajas que se guardan en los gabanes graffitis escondidos en huecos de árboles. ...
Morirás un día. de Romeo Murga
Y la noche terrible se te entrará en los huesos. (Acaso en nuestras horas de amor lo presentiste). En tu morada oscura, la canción de mis besos pondrá un temblor de almohada sobre la tierra triste. Mi espíritu a tu lado velará sin descanso, disipando las nieblas oscuras de la muerte. ...
Disfunciones de Roberto Monzón
Y las palabras callaron cuando fueron exigidas que hablaran todo que lo gritaran todo a voz en cuello; y los tentáculos del labio se hicieron hiedra en el cielo de la boca desdentada; dijeron verde sangriento simbolizaron cadenas que amordazaron la lengua; la lengua ya no sirvió ...
Canción a las muchachas muertas de Gabriela Mistral
Y las pobres muchachas muertas, escamoteadas en abril, las que asomáronse y hundiéronse como en las olas el delfín? ¿A dónde fueron y se hallan, encuclilladas por reír o agazapadas esperando voz de un amante que seguir? ¿Borrándose como dibujos que Dios no quiso reteñir...
Cuerpo a la vista de Octavio Paz
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas, tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo...
Cuerpo a la vista de Octavio Paz
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales,prisioneros en llamas, tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde ...
El poeta en la calle de Rafael Alberti
Y las viejas familias cierran las ventanas, afianzan las puertas, y el padre corre a oscuras a los Bancos y el pulso se le para en la Bolsa y sueña por las noches con hogueras, con ganados ardiendo, que en vez de trigos tiene llamas, en vez de granos, chispas, cajas, cajas...
MCMLXXXIII/7 de José Antonio Cedrón
Y le pido de nuevo que no me deje solo que todavía siento miedo a la oscuridad a las voces que indagan el pasado que no me deje solo que otros duendes resuelven lo que cuesta subir desarmado las alas que anuncia el gallo nuevo que no me deje solo con el eco que me acompañe ...
Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños de Carmen Naranjo
Y llegaste a tu soledad, sudoroso de engaños, para dialogar con tu conciencia, para hablar con Dios, para pensar y soñarnos con la imaginación iluminada por tu casa empozada en el mar. Hablaste a Dios con voz sincera, llena de sonoridad por el peso denso de las cosas reales. Le hablaste ...
Beso en la Pirámide de Nuria del Saz
Y llueve... ¿No sientes la lluvia? Tus cabellos están mojados. Deben de permanecer allí, ¿los ves? Esbeltos, altísimos, rascando el cielo de la Gran Manzana; lejanos. Y llueve... Gotas y gotas, humo y humo, calor y sirenas. ¿A qué mundo pertenezco? Amo a los dos. En ambos planetas...
La verdad de la mentira de Gloria Fuertes
Y lo abstracto lo inventó -antes que el hombre- el ala de una mariposa; lo morboso lo inventó una mantis-religiosa; La religión la inventó una duda temblorosa.
La prueba de León Felipe
Y los discípulos le preguntaron al maestro: Maestro, ¿son legítimos, son buenos estos versos? Y el maestro les dijo: Comprobadlo vosotros. Hacedlos saltar como monedas sobre la sombra dura de(los túneles ciegos, en la piedra mojada por la angustia, que hay al final (de ciertos sueños o en la calavera ...
Poemas para estos días de sangre (III) de Margarita Carrera
Y luego no digáis que enmudecí de pavor que me oculté tras el cómplice velo miserable del silencio. No. No lo digáis. Que mi grito denuncia la cruel metralla la tibia sangre envilecida los destrozados cuerpos mancillados. Mi grito en la mirada en la palabra en el alma. Mi grito de espanto ...
Punto de rocío (23) de David Escobar Galindo
Y mañana cuando amanezca habrá un mensaje en el ordenador, Un poema ambulante para el día de lluvia, Un soneto quizás para que no olvidemos la protección de Lope, Padre nuestro, Un haiku de repente recogido en el aire como una rosa de ceniza, Basta tocar la tecla exacta para que Dios nos dé ...
Sueño II de Nidia di Giorgio
Y Marosa se iba en...
Profecía de Rafael de León
Y me bendijo a mi mare; y me bendijo a mi mare. Diez séntimos le di a un pobre y me bendijo a mi mare. ¡Ay! qué limosna tan chiquita, qué recompensa tan ...
Heráldica de Julio Martínez Mesanza
Y mi alma puede ser un descampado en el que quedan restos de unas casas humildes junto a montes de basura. Cuando cae la tarde, un jorobado y un perro asustadizo y diminuto vienen de no se sabe dónde y vagan por sus valles umbríos y apacibles.
Ángelus amoroso de Rafael Heliodoro Valle
Y nada más: para las primaveras tendremos en las tardes montesinas la intimidad del agua en las praderas y el ángelus violeta en las colinas. Campanas lentamente cristalinas, pétalos de dulzuras postrimeras y ensoñación de sol en las cortinas y florecer en las...
Estoy aquí de Antonio Brañas
y no encuentro la palabra justa. Soy el mal poeta, con la luna, el amor y la muerte rodeándome de constelaciones.Enfrente pasa sojuzgado mi pueblo -un grito en brazos. Pasan clínicas de infertilidad y condecoraciones internacionales, y llegó a esta hora de mala poesía de par ...
Bizancio de Ernesto Carrión
Y no es tan malo el sol, después de todo, cambiando de lugar su gran martillo. Ebrio un mes tras otro sin tocar la tierra. También yo me distraigo. (el ébano legible de toda herrería del hombre calcina nuestras playas) Y por la noche, cuando el rocío hace castillos de los árboles pacientes, ...