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listado de poemas por primeros versos letra s

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1074 poemas con la letra "s"

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Canes más que finales de Oliverio Girondo
Sombracanes pregárgolas sangrías canes pluslagrimales entre bastardos roces contelúricos de muy ausentes márgenes Ascuacanes ninfómanos pregono con ululado ahinco que malciernen inhímenes posueños de podrelengua amante Canes viables apenas dilucido...
Sombras... de Sara Vanegas Coveña
sombras de serafines sedientos campanas antiguas en el patio estatuas lunares tú caminas sin pena...
Aspiración de Octavio Paz
Sombras del día blanco contra mis ojos. Yo no veo nada sino lo blanco: la hora en blanco, el alma desatada del ansia y de la hora. Blancura de aguas muertas, hora blanca, ceguera de los ojos abiertos. Frota tu pedernal, arde, memoria, contra la hora y la resaca. Memoria, llama...
Amantes de Jorge Gaitán Durán
Somos como son los que se aman. Al desnudarnos descubrimos dos monstruosos desconocidos que se estrechan a tientas, cicatrices con que el rencoroso deseo señala a los que sin descanso se aman: el tedio, la sospecha que invencible nos ata en su red, como en la falta dos dioses adúlteros. ...
El salto de León Felipe
Somos como un caballo sin memoria, somos como un caballo que no se acuerda ya de la última valla que ha saltado. Venimos corriendo y corriendo por una larga pista de siglos y de obstáculos. De vez en vez, la muerte...¡el salto! y nadie sabe cuántas veces hemos saltado para llegar aquí, ...
Somos de Carolina Escobar Sarti
Somos dos soledades que se beben el amor impostergable. Dos osadías que se atrevieron a amar. Dos biografías escritas en papel y carne. Llegué a ti desde mi ávido pasado y llegaste a mí desde tu historia sedienta de amor. Celebro que seamos tú y yo dos ausencias amanecidas ...
somos el cuchillo sangriento... de Javier Payeras
somos el cuchillo sangriento bajo la pelota radiante unos charlatanes condecorados unos condones rotos unos zapatos sucios la eme amarilla la danza del venado y el whisky menos que un morfema fonemapunto una araña un minuto la españa equivocada el dolor en la cancha ...
El Hacedor de Jorge Luis Borges
Somos el río que invocaste, Heráclito. Somos el tiempo. Su intangible curso Acarrea leones y montañas, Llorado amor, ceniza del deleite, Insidiosa esperanza interminable, Vastos nombres de imperios que son polvo, Hexámetros del griego y del romano, Lóbrego un mar bajo el poder ...
Tren de ganado de Horacio Castillo
Somos inocentes, gritábamos desde los trenes. ¿Era de noche o de día? ¿Estábamos vivos o muertos? Asomados por el tragaluz mirábamos la inmensa llanura. De pronto un mugido nos traía el recuerdo de Ifigenia y volviéndonos hacia nuestros hijos los apretábamos contra el pecho. ...
Al otro lado del espejo de Rodolfo Häsler
Somos la impresión de dos sombras indolentes rendidas ante el espejo, en la atmósfera crepuscular, el azogue y el rostro reflejado, sellado libro que guarda las incógnitas. Nos frotamos en su dura superficie como ávidos animales largo tiempo en abstinencia, ¿qué impulsos me llevan a quebrar ...
Defensa del olvido de Werner Ovalle López
Somos la lenta muerte, de gloria invertebrada, soldados derrotados de las ciencias insomnes; el ojo de la luna nos mira intensamente sin envidia ni júbilo por nuestras alas de hombres. Una soledad vida de espinas y relámpagos, una sed de naufragio nos cae de la noche y en la antesala...
Epigrama de Roque Dalton
Somos la pareja menos infinita y menos adánica que podría encontrars en estos últimos 30 años de Historia. Desde el punto de vista muscular apenas hemos hecho poco más que dos perros. Desde el ángulo cultural hemos despertado bien pocas envidias. Pero este amor nos ha devuelto ...
Canción del empleado (I) de Julieta Valero
Somos perros que abandonan perros. Discurrimos por senderos que recuerdan el sonido de los enjambres. A los dioses no les aguarda un futuro mejor. I Voy a morir y ésos son mis linajes. He venido a un lugar donde la belleza se mide en piedras de hombre para decirme; ...
Futuro de Jesús Munárriz
Somos polvo en el polvo, aire en el aire, fugazmente recuerdo, luego olvido. Un día dejaremos de latir y ya sin ver ni oír ni acariciar, sin hablar ni besar, ¿cómo vamos a ser? Mineral, vegetal, nuestro futuro continuándonos, nos...
Los hombres-IV- (Somos torpes los transeúntes) de Pablo Neruda
Somos torpes los tanseúntes, nos atropellamosde codos, de pies, de pantalones, de maletas, bajamos del tren, del jet, de la nave, bajamos con arrugados trajes y sombreros funestos. Somos culpables, somos pecadores, llegamos de hoteles estancados o de la paz industrial, ...
Séquito de Marlon Meza Teni
Somos un recipiente de comparsa comitiva, venenos, inseguridades, posesiones, recorridos, tradiciones, traiciones y todos tenemos: Un carnicero que nos tijeretea el largo ombligo que nos une al egoismo de la vida Un olor a tabaco al que llamamos padre Una maestra que dicen nos adiestra ...
Cobardes y valientes de Jesús Munárriz
Somos una de dos, todas y todos, ante la última opción: o resignados más o menos cobardes a la espera, o decididos y valientes, yo creo, eligiendo lo que no dejan elegir. Los valientes...
Quería comerme las galaxias de Reina María Rodríguez
somosuna especie formal. también planificamos el amor buscamos llaves y nos tratamos de querer alumbrados aunque sea por un pequeñísimo mechón. anoche dimos el salto cualitativo: de las piedras pasamos a la cama. tu cuerpo y mi cuerpo extraños angulosos incapaces de comprenderse. ...
Aun menos que reliquias de Olga Orozco
Son apenas dos piedras. Nada más que dos piedras sin inscripción alguna, recogidas un día para ser sólo piedras en el altar de la memoria. Aun menos que reliquias, que testigos inermes hasta el juicio final. Rodaron hasta mí desde las dos vertientes de mi genealogía, ...
Salomé de Efrén Rebolledo
Son cual dos mariposas sus ligeros pies, y arrojando el velo que la escuda, aparece magnífica y desnuda al fulgor de los rojos reverberos. Sobre su oscura tez lucen regueros de extrañas gemas, se abre su menuda boca, y prodigan su fragancia cruda frescas flores y raros pebeteros. ...
Son cuatro inviernos... de Roberto Armijo
Son cuatro inviernos de agonía hermana. De amanecer el corazón abierto. Quisiera ser, pero el futuro incierto me ensombrece la senda del mañana. Cuatro años de penumbra cotidiana. De presentir vivir, viviendo muerto. De abrir el corazón, sentirlo yerto, sin escuchar su musical campana. ...
Los potros de Fernán Silva Valdés
Son cuatrocientos potros trotando, trotando, trotando. Van como una tormenta hecha de un trueno largo y de una nube parda; los cuatrocientos potros —casi todos de pelos oscuros— van como una tormenta con relámpagos tordillos blancos. Jinetes en caballos ha tiempo...
Los senos de Alaíde Foppa
Son dos plácidas colinas que apenas mece mi aliento, son dos frutos delciados de pálidas venaduras, fueron dos copas llenas próvidas y nutricias en la plena estación alimentando dos flores en botón.
Buenos días de Gabriel Celaya
Son las diez de la mañana. He desayunado con jugo de naranja, me he vestido de blanco y me he ido a pasear y a no hacer nada, hablando por hablar, pensando sin pensar, feliz, salvado. ¡Qué revuelo de alegría! ¡Hola, tamarindo!, ¿qué te traes hoy con la brisa? ¡Hola, jilguerillo! ...
Crimen pasional en la calle Tres Arroyos de Luis Raúl Calvo
Son las dos de la madrugada de un lunes cualquiera Hace treinta y dos años en la calle Tres Arroyos un inesperado crimen nos recordaba que también se mata por pasión. Las crónicas oficiales sólo reseñaron los celos enfermizos del autor de la tragedia pero nada dijeron de la consternada ...
Son las gaviotas, amor... de Angel González
Son las gaviotas, amor. Las lentas, altas gaviotas. Mar de invierno. El agua gris mancha de frío las rocas. Tus piernas, tus dulces piernas, enternecen a las olas. Un cielo sucio se vuelca sobre el mar. El viento borra el perfil de las colinas de arena. Las tediosas charcas de sal ...
Niño mío - de la gran Ocultadora de Frida Kahlo
Son las seis de la mañana y los guajolotes cantan. Calor de humana ternura. Soledad acompañada. Jamás en toda la vida olvidaré tu presencia. Me acogiste destrozada y me devolviste entera, íntegra. En esta pequeña tierra dónde pondré la mirada? ¡Tan inmensa, tan profunda! Ya no hay...
Campos del frente de José Suárez Carreño
Son los campos. Los campos ahora de nadie; de la guerra. El llano se queda triste. Dura y antigua la sierra. Rocas y surcos perdidos, hoy sólo campos de guerra. No pasa nadie por ellos. De vez en cuando se quedan como ajenos a las balas que en el aire van secretas. Por ellos vamos...
Diario del caminante de Odette Alonso
Son los dominios del miedo y de la sombra y yo regreso a casa a esta otra casa donde no soy nadie donde no tuve infancia donde tampoco estás. La luna sube y es un dedo que señala un niño que dispara desde su tiempo y muero. Tus manos ya no alumbran noche sin dueño para volver despacio...
Son los gingo... de Diana Bellessi
Son los gingo bilova árboles muy antiguos descubiertos en la China a fines del último siglo Fósiles los llaman porque vienen de un tiempo donde todo se ha perdido ¿Perdido? En el denso corazón de la tierra duermen marcas de las formas idas Diseños impresos en las rocas ...
El burro explosivo (A ciertos poetas congregantes) de Rafael Alberti
Son los Kostka, los Bergman, Los Gonzaga, son también la perenne mano fija sobre la nunca acompañada pija, la pera triste matinal y vaga. Son el estreñimiento, que no caga; la bilis de una muerte sabandija, la retesaca envidia más canija que el santo virgo que sin ver se apaga. ...
Horas diurnas de Ketty Alejandrina Lis
Son los pies los que hablan al caminar sin rumbo. Se agosta el surcoy se desciende a una planicie sin principio para hallar la palabra que contenga al silencio. Ella se acerca tan cerca y huye.
Ellos, los muertos de Enrique Molina
Son los que nunca dan la mano Pero abren la boca del lobo Los que esparcen la espuma amarga Que rezuma de las iglesias Los que de pronto se bifurcan Entre el delirio y el olvido Su sombra desborda la tierra pero la brizna los oculta Nacieron de bellos revólveres De largos años y promesas ...
Noche tótem de Oliverio Girondo
Son los trasfondos otros de la in extremis médium que es la noche al entreabrir los huesos las mitoformas otras aliardidas presencias semimorfas sotopausas sosoplos de la enllagada líbido posesa que es la noche sin vendas son las grislumbres otras tras esmeriles párpados...
Ultimos días de invierno de Javier Pérez Walias
Son los últimos días del invierno, desapacibles. La luz ilumina dolorosamente, sin fuerza las ventanas, el corazón, las alfombras. Y apenas ha caído lluvia en tus ojos y en tu pelo durante las últimas noches. Y con tan poca cantidad de agua recogida en el último otoño y con tanta ausencia ...
Estoy implicado en algo (III) de Jenaro Talens
Son malos tiempos para la ternura. Olvida el absurdo vaivén del día y de la noche. Quédate junto a mí. No tengas miedo. Sabrás que, al fin, no hay nada misterioso, cómo y dónde se inicia, tras el maquillaje, ese monólogo de sombras que llamamos poema. Yo, que tanto he escrito ...
Viejas raíces empolvadas de Guadalupe (Pita) Amor
Son mis viejas raíces empolvadas la extraña clave de mi cautiverio; atada estoy al polvo y su misterio, llevo ajenas esencias ignoradas. En mis poros están ya señaladas las cicatrices de un eterno imperio; el polvo en mí ha marcado su cauterio, soy víctima de culpas olvidadas. ...
Son monstruos inconsecuentes de Margarita Hickey
Son monstruos inconsecuentes, altaneros ya batidos; humildes, si aborrecidos; si amados, irreverentes; con el favor, insolentes; desean, pero no aman; en las tibiezas se inflaman, sirven para dominar; se rinden para triunfar; y a la que los honra infaman.
A un retórico de Jesús Munárriz
Son prosopografías o etopeyas -preguntas en tu jerga- estos retratos que fue mi lápiz dibujando a ratos de vidas que en mi vida hicieron mellas? Podrían resultar cualquiera de ellas, pues las figuras con como zapatos, que no importa si son de punta o chatos si se adaptan al pie sin dejar...
Árbol de fuego de Alfredo Espino
Son tan vivos los rubores de tus flores, raro amigo, que yo a tus flores les...
Ni más ni menos de Gabriel Celaya
Son tus pechos pequeños, son tus ojos confusos, lo que no tiene nombre y no comprendo, adoro. Son tus muslos largos y es tu cabello corto. Lo que siempre me escapa, y no comprendo, adoro. ...
Un poema de José Asunción Silva
Soñaba en ese entonces en forjar un poema, de arte nervioso y nuevo obra audaz y suprema, escogí entre un asunto grotesco y otro trágico llamé a todos los ritmos con un conjuro mágico y los ritmos indóciles vinieron acercándose, juntándose en las sombras, huyéndose y buscándose; ...
El inquilino de Rodolfo Häsler
Sonaba en la calle una grabación de la cofradía gnaua en un charco turbulento y el inquilino se despertó confuso, con profunda sensación de desamparo. Paseó la vista por la habitación en penumbra y advirtió que aún faltaba hasta que le sirvieran su acostumbrada...
Soñaba un alma de piedra... de Antonio Machado
Soñaba un alma de piedra que el amor era un cuchillo que se iba...
La gota amarga de Julio Herrera y Reissig
Soñaban con la Escocia de tus ojos verdes, los grandes lagos amarillos; y engarzó un nimbo de esplendores rojos la sangre de la tarde en tus anillos. En la bíblica paz de los rastrojos gorjearon los ingenuos caramillos, un cántico de arpegios tan sencillos que hablaban de romeros y de hinojos. ...
La sirena del campo de Rafael Alberti
Sonámbula, la sirena. ¡Seguidla por la ladera! (Bajo la verde lluvia de dos sauces, sola, una hamaca que columpia el aire.) Duerme, sirena del valle, hija de la madreselva. Tus trenzas de perejil se te enreden por la yerba. El esquilón del buey padre da la hora de la siesta. Bajo la verde ...
Intimidad de Mario Benedetti
Soñamos juntos juntos despertamos el tiempo hace o deshace mientras tanto no le importan tu sueño ni mi sueño somos torpes o demasiado cautos pensamos que no cae esa gaviota creemos que es eterno este conjuro que la batalla es nuestra o de ninguno juntos vivimos sucumbimos juntos...
Soñar de Rosaura Álvarez
Soñar en ti para crearte, alzarte puro. Ignoran las odas, las danzas, el alto fuego de mi lengua honda, las brasas tiernas del lujoso anhelo. Ignora Eros mi fulgor: amar como rocío en rosa para esplender, brizar tus ecos con gestos nuevos: mansedumbre; otorgarte tu esencia, ...
Nocturno de la estatua de Xavier Villaurrutia
Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera y el grito de la estatua desdoblando la esquina. Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito, querer tocar el grito y sólo hallar el eco, querer asir el eco y encontrar sólo el muro y correr hacia el muro y tocar un espejo...
Maldición de Enrique Viloria Vera
Soñarás siempre con campos devastados el invierno teñirá tus pupilas de tristeza Pasarás efímero confuso por el mundo como huella que también pertenece a otro De la belleza no tendrás noticia anidarán en ti las ruinas de un amor destruido por el olvido De tu infancia ...