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listado de poemas por primeros versos letra s

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1074 poemas con la letra "s"

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Poesía contemporánea de Antología Poética 8 POESÍA CONTEMPORÁNEA
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Generación del 27 de Antología Poética 7 GENERACIÓN DEL 27
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Modernismo y 98. Novacentistas de Antología Poética 6 MODERNISMO Y 98. NOVACENTISTAS
Sección en construcción...
El siglo de oro de Antología Poética 4 EL SIGLO DE ORO
Sección en construcción...
Renacimiento de Antología Poética 2 RENACIMIENTO
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Letanía del imperfecto de Miguel Labordeta
Sed antigua abrasa mi corazón de lentitudes. En música y llanto mi ubre roída de pastor. Tumbas de aguas y sueño, soledad, nube, mar. Doncellas en flor, cementerio de estrellas, cuadrúpedos hambrientos de paloma y de espiga, en náusea y en fuga de amargos pobladores oscuros, ...
Sed de amores tenía... de Rosalía de Castro
Sed de amores tenía, y dejaste que la apagase en tu boca, ¡piadosa samaritana!, y te encontraste sin honra, ignorando que hay labios que secan y que manchan cuando tocan. ¡Lo ignorabas..., y ahora lo sabes! Pero yo sé también, pecadora compasiva, porque a veces hay compasiones traidoras, ...
Sed de ti me acosa... de Pablo Neruda
Sed de ti me acosa en las noches hambrientas. Trémula mano roja que hasta su vida se alza. Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía. Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas. Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla. Cómo poder no amarte si he de amarte...
Nocturno de Rafael López
Seda oscura sobre tus piernas, qué paradójico ataúd; veo surgir de hondas cisternas los mástiles de la inquietud. Rueda en el lánguido sulfato de sus miradas de candor, el puñal del asesinato entre los juegos del amor. Cuando los labios sitibundos beben en su boca feliz, . ...
La amante (III) de Carmen González Huguet
Sedienta de tus vértigos a gritos, del remolino mutuo que se bebe juntos la sed, el agua, la marea de la ebriedad... Dos cuerpos enlazados bebiéndose la vida a borbotones, saciando el agua, abriendo la frontera donde pueda la sed seguir viviendo. Más allá de la luz, yo te deseo cada vez ...
La vida es sueño (Fragmento) de Pedro Calderón de la Barca
Segismundo: ¡Ay mísero de mí, y ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que me tratáis así qué delito cometí contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido. Bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor; pues el delito mayor del hombre es haber nacido. ...
Discurso en loor de la poesía (II) de Clarinda
Seguía su soberbia el arrogante, amaba la crueldad el sanguinoso, y el avariento el oro rutilante. Era Dios la lujuria del vicioso, adoraba el ladrón en la rapiña, y al honor daba incienso el ambicioso. No habría deidad ni ley divina, si no era el propio gusto y apetito, por carecer ...
Anhelo de Sofía Pérez Casanova
Seguid la carretera que tendida entre prados está como inmenso reptil de fina escama parado a descansar, y una plaza, antesala de una aldea, por fin encontraréis donde la vieja iglesia está orgullosa de su misma vejez. Y allí donde agrupadas las acacias al declinar el sol parecen los guardianes ...
Donde la montaña es casi azul de Jairo Guzmán
seguimos rutas de súbitos recodos. canciones nos recuerdan ceremonias ya olvidadas. donde la montaña es casi azul, el río semeja el lomo de un relámpago. la mantis religiosa yace muerta y las flores de manzanilla son una constelación en la soledad del arado. ...
Cipramil de Regina José Galindo
Seguiré aniquilándote cada día Cada dosis será una bala te penetrará la carne romperá tus huesos doblará tus ansias Yo veré de cerca como gimescomo sangras y con un poco de suerte te veré morir Entonces abriré la boca cerraré mis dientes y regalaré al mundo una sonrisa en memoria ...
Paradoja de Juan Calzadilla
Según los griegos, un atleta vale más por lo que pudo hacer después de recibir el premio que por lo que se le reconoce con el premio. De modo que lo mismo da que lo haya recibido o no si siempre tendrá que merecérselo. Comparen esto con la rebatiña actual.
Cuestión no resuelta de Alberto Girri
Según se cuenta, al ilustrar cómo la gestación de macabros himnos de amor en yeso, bronce, telas, le impuso ir en pos de lo interminable, asustado y oprimido por el espacio, Giacometti exigía de sus modelos posiciones monocordes, únicas, partiendo de las cuales se trataría de copiar ...
Dónde se habrán ido? de Jorge Luis Borges
Según su costumbre, el sol brilla y muere, muere y brilla y en el patio, como ayer hay una luna amarilla, pero el tiempo, que no ceja, todas las cosas mancilla. Se acabaron los valientes y no han dejado semilla. ¿Dónde están los que salieron a libertar las naciones o afrontaron en el Sur las lanzas ...
Tiempo inaugurante de Mónica Albizúrez Gil
Segura en esta noche sabia y entera en que me basto a mí misma liberta ya de miedos y afectos permeable como nuncaa este tiempo incauto que llega
Canción presentimiento de Luis García Montero
Seguramente nadie pudo decirnos que la luz era un túnel sin salida, que el sol era la sombra y el mar un sentimiento de la piedra. Seguramente nadie, nadie quiso advertir en los periódicos una flor que era invierno, una ley que era espada y esta nube, sospecha de la roca. ...
Asuntos económicos de Juan Antillón
Seguro de tener en la Biblia la fuente de toda verdad y conocimiento desde Wittemberg el monje libra su última batalla contra la razón de los humanistas esa novia del diablo que con desvergüenza despliega sus encantos desde los escritos...
Seis de la tarde y del oro de Carilda Oliver Labra
Seis de la tarde y del oro. La arena como mojada por una blancura alada. ¡Si llego a tocarla, lloro! Alma y nube conversando de cosas que no sabemos; agua pasando y pasando, agua sin peces ni remos. La arena junto a la ola. Caracoles en mi saya... La playa sola, muy sola, la playa...
Romances IV de Tirso de Molina
Seis veces ha dado mayo tributo en flores al sol, que desea ver el fruto de su esperanza, mi amor, sin que anime este cuidado una hora de posesión en tanto tiempo, mi dicha y vuestro largo favor. ¡Mirad si será milagro que el gusto conserve en flor en el jardín del deseo tanto tiempo una afición, ...
Vida: de Ana Istarú
sella mi pacto contigo. Hunde tus brazos azules por el arco de mi boca, derrámate como un río por las salobres galerías de mi cuerpo, llega como un ladrón, como aquel al que imprimen en la frente de improviso el impacto quemante de la dicha, como quien no puede esconder más bajo...
A ella de Salvador Díaz Mirón
Semejas esculpida en el más fino hielo de cumbre sonrojado al beso del sol, y tienes ánimo travieso, y eres embriagadora como el vino. Y mientras: no imitaste al peregrino que cruza un monte de penoso acceso, y párase a escuchar con embeleso un pájaro que canta en el camino. ...
Señalaremos... de Tomás Segovia
Señalaremos, al azar tal vez, días especiales consagrados a celebrar el esplendor de nuestro lecho, lugar donde la guerra se derrota a sí misma, donde tú te abres y yo no me cierro, donde los luchadores saben por fin que luchando se hablan y se pertenecen. Los sexos allí aportan...
Madrigal 1 de Nicolás Guillén
Sencilla y vertical como una caña en el cañaveral. Oh retadora del furor genital: tu andar fabrica para el espasmo gritador espuma...
Sencillo de Elsa Wiezell
Sencillo y siempre mensajero con igual pan el tornero y el telegrafista con igual risa destino sagrado del hombre Dios poderoso diciendo adiós A TODA LÁGRIMA diciendo adiós Dios poderoso destino sagrado del hombre con igual risa el tornero y el telegrafista con igual pan sencillo ...
El parque dormido de José Domingo Gómez Rojas
Sendas que se bifurcan todas blancas de luna; árboles que proyectan sus formas recostadas; escaños solitarios; fuentes cuyas cascadas remedan una orquesta. Sobre la gran laguna la brisa orla su peplo. Pilastras con jarrones donde el fauno sonríe con sus belfos lascivos mientras la ninfa ...
Senhora, por amor Dios... de Alfonso X El Sabio
Senhora, por amor Dios, aved algún duelo de mi, que los mios ojos como ríos correm del día que vus vi. Ermanos e primos e tios, todo los yo por vos perdí. Se vos non pensades de mi, ¡fi! Selección: Francisco Rico
Los signos del juicio final de Gonzalo de Berceo
Sennores, si quisiéssedes attender un poquiello, querríavos contar un poco de ratiello un sermón que fue preso de un sancto libriello, que fizo sant Jerónimo, un precioso cabdiello. Nuestro padre Jherónimo, pastor de nos e tienda, leyendo en ebreo en essa su leyenda, trovó cosas estrannas, ...
El embargo de José María Gabriel y Galán
Señol jues, pasi usté más alanti y que entrin tos esos, no le dé a usté ansia no le dé a usté mieo... Si venís antiayel a afligila sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s 8242;ha muerto! ¡Embargal, embargal los avíos, que aquí no hay dinero: lo he gastao en comías pa ella y en boticas ...
Canción de brujería de Luis García Montero
Señor compañero, Señor de la noche, haz que vuelva su rostro quien no quiso mirarme. Que sus ojos me busquen sostenidos y azules por detrás de la barra. Que pregunte mi nombre y se acerque despacio a pedirme tabaco. Si prefiere quedarse, haz que todos se vayan ...
Dedicatoria de Hilario Ascasubi
Señor conde Palmetón: a usté por lo bien portao, y el haberse acreditao ¡tan lindo en su Intervinción! Callejas, de refilón, a nombre de la gauchada, le dedica esta enflautada celebrando entre otras cosas, ¡que en ancas le largue Rosas por el Harpy una ensilgada! ¿Sabe lo que es ensilgada? ...
Señor de la despedida... de Rodolfo Häsler
Señor de la despedida, su última intervención será la más perfecta. Rápidamente se aleja de la luz más cruda como escorpión atento a todo acontecimiento del subsuelo. Todavía bajo la impresión de lo que acaba de presenciar, vuelve hacia atrás la cabeza. La posición ...
Mi oración a todas horas de Estanislao del Campo
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, a quien, aunque nunca he visto con fe profunda venero; heme postrado de hinojos ante tu altar esplendente, alzando a Ti de mis ojos la mirada reverente; humilde el suelo besando, dándome golpes de pecho, con cilicios macerando mis piernas ...
Poema XCVII (Señor mío: Tú me diste) de Dulce María Loynaz
Señor mío: Tú me diste estos ojos; dime dónde he de volverlos en esta noche larga, que ha de durar más que mis ojos. Rey jurado de mi primera fe: Tú me diste estas manos; dime qué han de tomar o dejar en un peregrinaje sin sentido para mis sentidos, donde todo me falta y todo me sobra. ...
Oración por Marilyn Monroe de Ernesto Cardenal
Señor recibe a esta muchacha conocida en toda la tierra con el nombre de Marilyn Monroe aunque ése no era su verdadero nombre (pero Tú conoces su verdadero nombre, el de la huerfanita violada a los 9 años y la empleadita de tienda que a los 16 se había querido matar) y ahora se presenta ante Ti ...
Señor usted no lo sabe de Almudena Guzmán
Señor usted no lo sabe y sin embargo sus arrugas, tersándome la mañana, me han obligado a iniciar una huelga de novios desde que lo conozco. Y hoy -mientras los dos nos mirábamos de reojo, cada uno en un extremo de la barra-, mi guedeja más anarquista ha optado definitivamente ...
Plegaria para ir al cielo de Enrique Díez-Canedo
Señor, a tus designios me someto! Mi deber de hombre honrado cumplí, y aguardo, quieto, lo que hayas decretado. ¡Contigo, junto a ti, del diestro lado! Y en mi mano el boleto, si no de...
Señor, ahora que mi piel... de Almudena Guzmán
Señor, ahora que mi piel y la suya -después de las sábanas- han formado un nuevo collage en el agua, no es el mejor momento para hablarle, desde luego, pero aprovechando que estoy arriba y usted debajo, quisiera decirle -casi no me atrevo con sus ojos- que no puedo más que voy ...
Oración que ayuda a bien condenarse a un tirano de Alvaro Menén Desleal
Señor, cuando se muera porque, como el tiranosaurio, por grande y por feroz que sea, por agrio y bien armado que esté, ha de morir, y será entonces como un pequeño volcán de huesos sobre el que los otros animales del bosque se orinen impunemente Cuando se muera, ...
Plegaria de Cecilia Podestá
Señor, devuelve mis muertos a la orilla. Los escucho en sus oraciones desde el piso más alto de Babel. Les has dado un falso cielo o atardecer en la hora exacta de su muerte. Regrésalos a la orilla con sus canciones y locura suyo es el reino como suya la risa con la que ya no danzan...
Queja de Alfonsina Storni
Señor, mi queja es ésta, Tú me comprenderás: De amor me estoy muriendo, Pero no puedo amar. Persigo lo perfecto En mí y en los demás, Persigo lo perfecto Para poder amar. Me consumo en mi fuego, ¡Señor, piedad, piedad! De amor me estoy muriendo, ¡Pero no ...
Poema LXXXVII (Señor, no des a mis cantos) de Dulce María Loynaz
Señor, no des a mis cantos el triste destino de Abisag... Déjalos que se pierdan o se quemen en su propia llama, pero no los condenes sin fruto y sin amor a calentar huesos fríos de nadie. De: Poemas sin nombre
Plegaria de David Huerta
Señor, salva este momento. Nada tiene de prodigo o milagro como no sea una sospecha de inmortalidad, un aliento de salvación. Se parece a tantos otros momentos... Pero está aquí entre nosotros y crece como una luz amarilla de sol y de encendidos limones - ...
El ruego de Alfonsina Storni
Señor, Señor, hace ya tiempo, un día soñé un amor como jamás pudiera soñarlo nadie, algún amor que fuera la vida toda, toda la poesía. Y pasaba el invierno y no venía, y pasaba también la primavera, y el verano de nuevo persistía y el otoño me hallaba con mi...
Alquilo mi cuerpo de Brenda Gallegos
Señor, señor, me vendes emoción Antes que todo descarte el machismo Evada la lujuria Desvístame de la sumisión Joven, joven, te vendo mis años mozos A cambio de un poquito de emoción Sentirme elogiada un poquito Cada segundo y con tentación Señor, señor, joven, joven ...
El ruego de Gabriela Mistral
Señor, tú sabes cómo, con encendido brío, por los seres extraños mi palabra te invoca. Vengo a pedirte por uno que era mío, mi vaso de frescura, el panal de mi boca, cal de mis huesos, dulce razón de la jornada, gorjeo de mi oído, ceñidor de mi veste. Me cuido hasta de aquellos en que no ...
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería... de Antonio Machado
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería. Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía. Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.