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listado de poemas por primeros versos letra s

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1074 poemas con la letra "s"

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Se equivocó la paloma... de Rafael Alberti
Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al Norte, fue al Sur. Creyó que el trigo era agua. Se equivocaba. Creyó que el mar era el cielo; que la noche, la mañana. Se equivocaba. Que las estrellas, rocío; que la calor, la nevada. Se equivocaba. Que tu falda era blusa; que tu corazón, su casa. ...
Una sirena eterna (VI) de Isolda Dosamantes
Se escuchan los autos, el ronroneo de una mujer agazapada y la respiración de un gato. El arquero moja la tela con saliva, un gallo puntual anuncia la llegada del alba. Selección del poemario inédito UN GRITO EN EL ARCA de Isolda Dosamantes
Se extasiaban tus ojos en la espera de Alberto Ángel Montoya
Se extasiaban tus ojos en la espera y una ola de amplia encajería tu albo cuerpo orgulloso circuía como circunda el mar una escollera. Altanero pendón, alta bandera alzada en ti por recordar la vía, sobre el cuello y los hombros se extendía, a un viento de pasión, tu cabellera. ...
Con el viento y la suerte de Agustín Labrada Aguilera
Se extiende mi voz, alfanje hacia su noche, hiere las máscaras, se anilla entre los libros y alumbra como tigre. Libertad mía de diálogo sin rostros, ¿me escucharás como yo escucho al orbe ahogarse en un naranjo? Dibujo el fin y agradezco al maizal con sus espigas, si los peces y el canto ...
La patria de Odette Alonso
Se fue quedando sola rodeada de fantasmas que subían del mar con las venas abiertas y chupaban la savia el famélico paso de una bala astillada que atravesaba el aire. Se apagaron los cantos la fiebre del verano desataba la lluvia y el agua se llevaba el torvo plano trazado a semejanza ...
Salvación de Alejandra Pizarnik
Se fuga la isla. Y la muchacha vuelve a escalar el viento y a descubrir la muerte del pájaro profeta. Ahora es el fuego sometido. Ahora es la carne ..la hoja ..la piedra perdidas en la fuente del tormento como el navegante en el horror de la civilización que purifica la caída de la noche. ...
Sudorosos en el porche de Diana Bellessi
Se ha bañado en la hora caliente del mediodía y ahora, posado entre las ramas de la hortensia se despulga y se peina con su pico batiendo grácil las alas. A sólo un metro de distancia. Estoy quieta mientras leo y no soy de presa, un árbol más que no le da miedo. ...
Media noche de Julia de Burgos
Se ha callado la idea turbadora y me siento en el sí de tu abrazo, convertida en un sordo murmullo que se interna en mi alma cantando. Es la noche una cinta de estrellas que una a una a mi lecho han rodado; y es mi vida algo así como un soplo ensartado de impulsos paganos. Mis pequeñas ...
Romance de San Andrés de Alvaro Menén Desleal
Se ha cubierto el San Andrés de un amarillo amarillo, a la luz del sol semejante por lo encendido encendido. A cada soplo del viento de diciembre frío frío se le caen las campanas al San Andrés Florecido. Del árbol de San Andrés las flores se han ido ido, navegando en la vereda celeste ...
Chele ladilla de Yanira Soundy
Se ha quedado quieto, conversando con el polvo y las hormigas, tiritan sus labios en un charco del parqueo que se traga su risa. Se ha quedado quieto, sembrando maíz en los recuerdos, bajo los oídos de los árboles con una mancha que pinta la tristeza. Se ha quedado quieto, en su daga ...
Se ha vuelto llanto este dolor... de Jaime Sabines
Se ha vuelto llanto este dolor ahora y es bueno que así sea. Bailemos, amemos, Melibea. Flor de este viento dulce que me tiene, rama de mi congoja: desátame, amor mío, hoja por hoja, mécete aquí en mis sueños, te arropo con mi sangre, ésta es tu cuna...
Los amantes de Otto Rene Castillo
Se habían encontrado hace poco. Y hace pronto se habían separado, llevándose cada uno consigo su nunca o su jamás su afirmación de olvido, su golpeador dolor. Pero el último beso que volara de sus bocas, era un planeta azul. Girando en torno a su ausencia. Y ellos vivían de su luz igual ...
Manjar de cebollas de Márgara Russotto
Se hace el almíbar como siempre y así que esté pronto desde lo alto se le añade con displicencia una flor de mantequilla y ya en su punto se le chan huevos con clara y todo todo bien batido y hervir fuerte y en lluvia fina rociarle pasas cacahuetes y poner sobre mamón ...
Iceberg de María Cristina Orantes
Se iniciaba el ritual. La espada viva abrió aquel vientre flor y comenzó la búsqueda... Fue abriéndose camino hasta llegar al cáliz. Se hizo la luz al detenerse el tiempo, no se supo si fue solo un instante o cupo la eternidad en aquel sueño... El trueno y el relámpago sacudieron la piel asidos ...
Elogio de lo irreparable de Félix Grande
Sé involuntaria. Sé febril. Olvida sobre la cama hasta tu propio idioma. No pidas. No preguntes. Arrebata y exige. Sé una perra. Sé una alimaña. Resuella busca abrasa brama gime. Atérrate, mete la mano en el abismo. Remueve tu deseo como una herida fresca. Piensa o musita o grita. ...
Se lavaron sus heridas en el agua del mar... de José Saramago
Se lavaron sus heridas en el agua del mar y ahora están sentados en la arena mientras los centinelas vigilan desde lo alto de las dunas. Es éste el precio de la paz cuando el amanecer se acerca y el miedo de morir es ese más humano de no vivir bastante. La penumbra que aún esconde...
En el deseo del sueño, 1.1 de Francisco Magaña
Se levanta con un sueño entre las manos. Dice que la palabra se reinventa al ser pronunciada en la luz que concede la oscurana. Y cuando le preguntan por la mirada, responde que la palabra de Dios es el silencio.
Iban y venían de Pablo Mora
Se levantaban juntos Pasaban el día juntos Leían juntos Uno acero y plata El otro tez olivácea barba negra nazarena ojos oscuros y hundidos árabe ancestro de andaluza estirpe Hasta que un mediodía uno de ellos estuvo muerto y por la cuadra en silencio revoloteó una bella mariposa de tres ...
María la sirvienta de Juan Gelman
Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, era capaz de tener alma y sonreír con pajaritos, pero lo importante fue que en la valija le encontraron un niño muerto de tres días envuelto en diarios de la casa.Qué manera era esa de pecar de pecar, decían las señoras acostumbradas ...
Infancia de Cecília Meireles
Se llevaron las rejas del balcón desde donde la casa se avistaba. Las rejas de plata. Se llevaron la sombra de los limoneros por donde rodaban arcos de música y hormigas rojizas. Se llevaron la casa de verde tejado con sus grutas de conchas y sus vitrales de flores empañadas. Se llevaron a ...
El mensaje perdido de Marilina Rébora
Se lo ha llevado el viento, esa mano de olvido, el pequeño mensaje que quedara en la puerta; se fue sobrevolando, como ebrio o perdido, la rumorosa calle, en la tarde desierta. Allá irá, todo alma de amor estremecido, náufrago diminuto con dirección incierta, agonizante espíritu, el que pudo ...
Se me abre... de Antonio Porchia
Se me abre una puerta, entro y me hallo con cien puertascerradas.
Se me antoja de Viviane Nathan
Se me antoja que la vida es hermosa, sintiéndola entera, profunda - ilimitada bajo la pielse me antoja inventar una manera nueva de decirte mil cosas y siempre termino sonriéndote en silencio, sonriéndome, sn fin una sonrisa yo toda vertical.
mandado de Eleonora Requena
Se me dijo bébete la risadrágate serena en tu butacasin levantar la voz arrúllate mora como un vaso que recibedeja abierta esa puertaella es calladita no te palpes mójate en el agua tibiasin vacilaciónno te demoressal de ahícúbrete la piel mojaday siempre asiente casi obedecípues vivo ...
Prófuga de Dina Posada
Se me escapó la razón si la encuentras atájala...
Se me escurre su cuerpo de Julieta Valero
Se me escurre su cuerpo, desde el roce a la infinita caída sonriente. Es un hombre encima terminado en madera o bien una mujer serena y umbría como una hoja de acanto. En ella lilita renuncia a sus armas y un muchacho declama lo que sea preciso sin perder su hermosura de mástil. ...
Muerte necia de Carmen Martín Gaite
Se me ha gastado el día, atropelladamente en idas y venidas, en gestos y recados que al hacerlos juzgaba. necesarios. Desperdiciado, débil y oscilante, el número equis ene de mis días era un cabo de vela y afuera lucía el sol de la mañana. El sol se hunde en silencio y sopla las bujías ...
Se me ha perdido un hombre de Carilda Oliver Labra
Se me ha perdido un hombre. Y lo busco por cifras y guitarras, por rostros y entrepisos, en el cielo, en la tierra, dentro de mí. Se me ha perdido un hombre. Y me he quedado temblando como quien no come sino polvo, como quien ya extravió la sombra. Pero no, que no, que no me ayudan ...
Muerte del olvido de Meira Delmar
Se me murió el olvido de repente. Inesperada- mente, se le borraron las palabras y fue desvaneciéndose en el viento. En busca suya el corazón tocaba todas las puertas. Nadie. Nada. Y allí donde estuviera se instaló de nuevo, el doloroso amor, el implacable, interminable- mente. ...
Bienvenida de Mario Benedetti
Se me ocurre que vas a llegar distinta no exactamente más linda ni más fuerte ni más dócil ni más cauta tan sólo que vas a llegar distinta como si esta temporada de no verme te hubiera sorprendido a vos también quizá porque sabés cómo te pienso y te enumero después de todo la nostalgia existe ...
La caricia perdida de Alfonsina Storni
Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos... En el viento, al rodar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida, ¿quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos ...
Paisaje inmemorial de Octavio Paz
Se mece aérea se desliza entre ramas troncos postes revolotea perezosa entre los altos frutos eléctricos cae oblicua ya azul sobre la otra nieve Hecha de la misma inmateria que la sombra no arroja sombra alguna Tiene la densidad del silencio La nieve...
El hombre invisible de Juan Luis Panero
Se mira en el espejo que ya no le refleja, todo, menos él, aparece en la fría superficie, la habitación, muebles y cuadros, la variable luz del día. Así aprende, con terror silencioso, a verse, no en los gestos teatrales aún rasgos humanos- de la muerte, sino en los días de después, ...
Doce (12) de Oliverio Girondo
Se miran, se presienten, se desean, se acarician, se besan, se desnudan, se respiran, se acuestan, se olfatean, se penetran, se chupan, se demudan, se adormecen, despiertan, se iluminan, se codician, se palpan, se fascinan, se mastican, se gustan, se babean, se confunden, se acoplan, se disgregan, ...
Se mire donde se mire... de Concha Méndez
Se mire donde se mire, nada se ve por la tierra, que la luz ya no es la luz, que es sombra negra y sin tregua y por todos los caminos la sangre hasta el pecho llega. ¿Por qué esta mezcla de sangres, unas viejas y otras nuevas? ¿Qué necesitan los dioses del Porvenir, que las mezclan? ...
en el cielo de baja california de Jorge Ernesto Olivera
se muere marilyn monroe marilyn monroe se muere mirando el cielo de baja california. y no puedo soportar los pájaros emigrantes del invierno largas bandadas ocultándose en el gris de la distancia, he estado amontonando recuerdos que vienen de tarde en tarde en este rincón del siglo, ...
Para hacer un talismán de Olga Orozco
Se necesita sólo tu corazón hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios. Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría. Nada más que un indefenso corazón enamorado. Déjalo a la intemperie, donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca y no pueda dormir, ...
El corazón es un estado de intemperie de Ketty Alejandrina Lis
Se necesita un corazón abierto no cubierto ante las múltiples cruzadas líneas fuerza del poema. No hay razón para humillarse repitiendo no hay razón para no cambiar de discurso velozmente si está la cerca a una distancia corta en el punto de aliño en que es refugio y cueva. Todo aquel que ...
Canción de las voces serenas de Jaime Torres Bodet
Se nos ha ido la tarde en cantar una canción, en perseguir una nube y en deshojar una flor. Se nos ha ido la noche en decir una oración, en hablar con una estrella y en morir con una flor. Y se nos irá la aurora en volver a esa canción, en perseguir otra nube y en deshojar otra flor. ...
Posesión de Efrén Rebolledo
Se nublaron los cielos de tus ojos, y como una paloma agonizante, abatiste en mi pecho tu semblante que tino el rosicler de los sonrojos. Jardín de nardos y de mirtos rojos era tu seno mórbido y fragante, y al sucumbir, abriste palpitante las puertas de marfil de tus hinojos. ...
Monólogo en la celda de Rosario Castellanos
Se olvidaron de mí, me dejaron aparte. Y yo no sé quien soy porque ninguno ha dicho mi nombre; porque nadie me ha dado ser, mirándome. Dentro de mí se pudre un acto, el único que no conozco y no puedo cumplir porque no basta a ello un par de manos. (El otro es el espacio ...
Tauromaquia de Raúl Orozco
Se paró provocando a la bestia que lo miró de lejos. Ya cerca con el purpurado trapo en vuelos un ojo negro se le clavó en el pecho.
Torcazas de Juan Gelman
Se pasa de inocente a culpable en un segundo. El tiempo es así, torcazas que cantan en un árbol cansado. La carne piensa y no llora. Pensar es ver la nada que flota en una cucharada de sopa. El dolor no se olvida de uno. Sombras ahí, distancias, superficies, olor a sospechas...
Elegía de un parque de Jorge Luis Borges
Se perdió el laberinto. Se perdieron todos los eucaliptos ordenados, los toldos del verano y la vigilia del incesante espejo, repitiendo cada expresión de cada rostro humano, cada fugacidad. El detenido reloj, la entretejida madreselva, la glorieta, las frívolas estatuas, el otro lado...
El hombre medio raya en medio de María Eloy - García
se plantea el hombre medio raya en medio la aceleración constante de su esposa tras haberla arrojado desde el quinto se plantea ella -también media y nadie media- o el suelo sistemático o el hacha la muerte acelera más de nueve metros por segundo descoyunta el fémur la planta ...
Fiesta de Enrique Viloria Vera
Se presentó el río acompañado de invitados inusuales desconocidos no venían en son de paz bebieron tragaron dispusieron de todo lo que había dejándonos hambrientos sedientos temerosos de esas fiestas a las que arriban sin aviso sin nuestro consentimiento convidados ...
Casa de Rubén de Fabricio Estrada
Se pueden cerrar conclusiones, amanecer estirado o encorvado, una de dos. Se pude intentar un monólogo frente a los objetos mudos. Creer en nada. Se puede madurar un verso en diferentes tristezas, madurarlo, verlo caer como las viejas teorías. Andar despacio a través del silencio ajeno, ...
La abuela de Alberto Rubio
Se puso tan mañosa al alba fría, la cerrada de puertas, la absoluta de espaldas, cosiéndose un pañuelo que nadie conocía. Se bajó bien los párpados. Con infinita llave los cerró para siempre. Unos negros marinos vinieron a embarcarla en una negra nave. Y la nave, ...
Nuestra leona de José Watanabe
Sé que el sol va y viene, inquieto, husmeándome entre los cañaverales. Sé que se demora en el cénit mirando ansiosamente el valle.El sol era nuestra leona. Una imagen, aún de humilde imaginación verbal como ésta, va a la mente y le pide que condescienda con el poeta. Es el trato. ...
El cuervo de Alberto Blanco
Sé que es diciembre en alguna parte y que saltan los astros en las copas blandas de los abetos recién nevados. Sé que hay una especie de cuervo que llega a encender su propia mecha y extiende lentas alas de humo a lo largo del cielo. Una tenue luz -mientras tanto- ...