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listado de poemas por primeros versos letra n

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792 poemas con la letra "n"

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Arena de Fernando Ruiz Granados
Nada hay aquí que se hermane con la piedra De los templos enclavados en la roca viva Cuya edificación comenzaba relata Herodoto El día diez del segundo mes egipcio Cuando las sagradas aguas del Nilo lo inundaban todo De las pirámides orientadas hacia los cuatro Puntos Cardinales ...
Ritornello de Jaime Siles
Nada hay en mí, sino esos horizontes que alguien dormido contempla desde un mar: desde otro mar, que acaso ya no existe.
Óleos para mi madre de Luis Alberto Arellano
Nada hay más obsceno que un enano pintando siempre putas Nada más terrible, una mujer sin miedo al abismo o la insignificancia escurrida entre las piernas tarde a tarde de un modo casi humano Un listón ennegrecido cargando el muro de una casa abandonada La irrisoria manera ...
Nada hostiga al papel esta mañana... de Román Luján
NADA HOSTIGA AL papel esta mañana No hay un gris melodramático ni demasiado frío ni ganas de salir Pero tus manos Las puertas del armario enronquecieron Cepillo violinista la hilera de incisivos Aún noviembre Reniego cinco veces de camisa Un manojo plátanos Tu ausencia ...
Poética de Javier Pérez Walias
Nada importa sino el signo, el símbolo de lo inconcreto, el nombre que te di a oscuras contemplando el retorno de la miel. Nada importa, ciertamente, sino el limo y el aceite del vocablo bien trazado como un labio de aurora hecho poro o línea. Nada importa porque es preciso el abandono ...
Un eco de un eco de Nancy Morejón
Nada más que una marimba, un guasá, un bombo y la astilla de un grito para poner el cielo al nivel de mis pies. Sube un temblor asentado en la raíz misma de mi ancestro.
XVII (de Diario Cómplice) de Luis García Montero
Nada más solitario que el dolor porque también excluye a quien lo siente, si con él se traiciona o se acompaña. De mi propio vacío siempre yo el excluido. Tú, tan desaparecida, tragada por la tierra como lluvias de paso, puedes estar debajo de las sombras que comparten la noche con mi sombra, ...
Ambición de Jaime Torres Bodet
Nada más, Poesía: la más alta clemencia está en la flor sombría que da toda su esencia. No busques otra cosa. ¡Corta, abrevia, resume; no quieras que la rosa dé más que su perfume!
Lisbon revisited (1926) de Fernando Pessoa
Nada me ata a nada. Quiero cincuenta cosas al tiempo. Con angustia del que tiene hambre de carne anhelo no sé bien qué: definidamente lo indefinido... Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto de quien duerme inquieto, a medias soñando. Me cerraron todas las puertas ...
Nada parece igual al que se queda... de Juan José Alcolea
Nada parece igual al que se queda asido al maderamen de la vida en la agenda postrera del naufragio, porque las horas, hambrientas del sabor de la ceniza, acaban de cegarnos los vitrales que el tiempo nos abrió para una historia. Era silencio y tiempo de llorar. Todas las bocas...
Se canta al mar de Nicanor Parra
Nada podrá apartar de mi memoria La luz de aquella misteriosa lámpara, Ni el resultado que en mis ojos tuvo Ni la impresión que me dejó en el alma. Todo lo puede el tiempo, sin embargo Creo que ni la muerte ha de borrarla. Voy a explicarme aquí, si me permiten, Con el eco mejor...
Comunicado de Otto Rene Castillo
Nada podrá contra esta avalancha del amor. Contra este rearme del hombre en sus más nobles estructuras. Nada podrá contra la fe del pueblo en la sola potencia de sus manos. Nada podrá contra la vida. Y nada podrá contra la vida, porque nada pudo jamás contra la vida. ...
Nada por más me arrancará de mi sitio... de Yolanda Pantin
Nada por más me arrancará de mi sitio. Igual fulgor me escupió de muerte cuando reía mi madre y todos. La paz es un minuto. Cierro las ventanas, las puertas antiguas de mi casa. Es un minuto. Tú, ellos, de las palabras, de los labios a las palabras recias. Lento, prolongado, insistente. ...
Sonetos del Arcángel (V) de Claudia Lars
Nada puede igualarte... ni la estrella que es ojo y brasa, joya y flor deseada; ni la flor -ala tímida- clavada al barro humilde que la forma sella. Palma de sangre, fugitiva huella, criatura y ángel, brisa y llamarada; para tejer tu gracia ilimitada toda cosa prestó su línea bella. ...
E pur si muove de Oscar Oliva
Nada se mueve en la ciudad. Dejo caer mi mano, y nada. Respiro hondo: sólo mi pecho en esta habitación se mueve como la leche en un vaso. Días y días levantando objetos, gritando, azotando puertas, escandalizando, y nada. Nada se mueve en la ciudad. La ciudad no da...
Nada te turbe de Santa Teresa de Jesús
Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: Sólo Dios basta.
Virgo de Luz Méndez De La Vega
Nada tengo que borrar ni palabras ni huellas ni recuerdos. No tengo que negar las escondidas entregas que grabaron nombres en mi cuerpo. (Espejismos frágiles donde refugié angustias, no tengo que borrarlos) Clara y fresca presencia del amor que busqué afanosa fue limpio tránsito, y, ...
Alba de Dios de José Luis Prado Nogueira
Nada turbaba el secular abrazo del silencio y de Dios, mas del Coloso el Verbo se nutría, en el undoso sueño de su fructífero regazo. Algo cruzó la noche, un latigazo de cólera y de amor al grave esposo, dio la fecundidad, quebró el reposo de aquel doliente y unitivo lazo. Estaba...
Soledad de Jorge Fernández Granados
Nada va a salvarnos. Ni el amor, ni la fe, ni la palabra. Nada va a saber que fuimos tantos embarcados en el haz de la ternura, angustiados y desnudos, errantes y remotos. Nadie hablará por nadie. A cada quien se le rompe el alma con sus propios días mal escritos...
El auxilio de los idiotas de Luis Alberto Arellano
Nada, ni la pequeña letra de cláusula en falso contrato ni la angustia en la mirada que me sueltas en un dejo de lejanía ni la atolondrada cabeza con que montan los andantes el caballo por pascuas ni el lento arremolinar de tu postiza cadera minando mi costado por frotar despacio ni el recitar ...
Nada, ni siquiera la vergüenza... de María Ángeles Maeso
Nada, ni siquiera la vergüenza, cambia una verdad ya terminada. Es la limpísima llanura en mate de los puzzles acabados veinte veces. Por eso, nada. Ni un pelo de punta ante las fotos reveladas con retraso. Nada, aunque oiga sobre ellas pasos de gatos y de otros animales que no salieron. ...
Nada, sino tu sombra... de Julio César Aguilar
Nada, sino tu sombra galopando. Va y viene a través de las cortinas translúcidas del pensamiento. Y la atrapo. Y consagro las palabras al silencio de tus manos. Ah, la fatiga. Cavé una fosa, en vano, para tu luz distante, imperecedera. Mas nada. Nomás la sombra de un fantasma. ...
Nada de Almudena Guzmán
Nada. No pegaba nada con tanta lluvia, esa chaqueta de angorina rosa y botones nácar que él me regaló. Tampoco encendimos una velita al apóstol, porque un niño a nuestro lado acababa de darse un cabezazo tremendo contra la pila bautismal, y hubo que consolarlo...
Nada. Que no se puede decir nada de Jaime Sabines
Nada. Que no se puede decir nada. Déjenme hablar ahora; no es posible. Quiero decir que eso, que lo otro, que todo aquí me tiene muerto, medio muerto, llorando. Porque nos pasa a veces, nos sucede que el mundo -no sólo el mundo- se complica, se amarga...
Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos de Jorge Luis Borges
Nada. Sólo el cuchillo de Muraña. Sólo en la tarde gris la historia trunca. No sé por qué en las tardes me acompaña Este asesino que no he visto nunca. Palermo era más bajo. El amarillo Paredón de la cárcel dominaba Arrabal y barrial. Por esa brava Región anduvo el sórdido...
Nada de Antonio Plaza
Nadaba entre la nada. Sin empeño a la vida, que es nada, de improviso vine a soñar que soy; porque Dios quiso entre la nada levantar un sueño. Dios, que es el Todo y de la nada es dueño, me hace un mundo soñar, porque es preciso; El siendo Dios, de nada un paraíso formó, ...
Primer día de vacaciones de Luis García Montero
Nadaba yo en el mar y era muy tarde, justo en ese momento en que las luces flotan como brasas de una hoguera rendida y en el agua se queman las preguntas, los silencios extraños. Había decidido nadar hasta la boya roja, la que se esconde como el sol al otro lado de las barcas. ...
Nadadora de noche de Pedro Salinas
Nadadora de noche, nadadora entre olas y tinieblas. Brazos blancos hundiéndose, naciendo, con un ritmo regido por designios ignorados, avanzas contra la doble resistencia sorda de oscuridad y mar, de mundo oscuro. Al naufragar el día, tú, pasajera de travesías por abril y mayo, ...
Todos los ayeres, un sueño de Jorge Luis Borges
Naderías. El nombre de Muraña, una mano templando una guitarra, una voz, hoy pretérita que narra para la tarde una perdida hazaña de burdel o de atrio, una porfía, dos hierros, hoy herrumbre, que chocaron y alguien quedó tendido, me bastaron para erigir una mitología. ...
Brunanburh, 937 A. D. de Jorge Luis Borges
Nadie a tu lado. Anoche maté a un hombre en la batalla. Era animoso y alto, de la clara estirpe de Anlaf. La espada entró en el pecho, un poco a la izquierda. Rodó por tierra y fue una cosa, una cosa del cuervo. En vano lo esperarás, mujer que no he visto. No lo traerán las naves que huyeron ...
Nadie alcanzó jamás esta mañana... de Agustín Labrada Aguilera
Nadie alcanzó jamás esta mañana sin desgarrarse en ocres despedidas, cada fortuna esconde sus heridas y el silente pavor de una campana. Uno concibe a Dios como velero en cuyas tablas se erigen las ciudades. ¿Navego en paz y son mis soledades esos pájaros que fijan el sendero? ...
Carnet de identidad de Manuel Alcántara
Nadie avisó. Más tarde o más temprano se supusieron que lo aprendería. Nadie me dijo: riega a la alegría, los muertos son terreno de secano. Todo lo que me importa está lejano. Si yo hubiera sabido a qué venía os juro que vivir —yo qué sabía— no me hubiera ganado...
Gacela del amor imprevisto de Federico García Lorca
Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes. Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga ...
Gacela del amor imprevisto de Federico García Lorca
Nadie comprendía el perfume de la oscura magnolia de tu vientre. Nadie sabía que martirizabas un colibrí de amor entre los dientes. Mil caballitos persas se dormían en la plaza con luna de tu frente, mientras que yo enlazaba cuatro noches tu cintura, enemiga de la nieve. Entre yeso y jazmines, ...
nadie creería que el verano... de Jacqueline Goldberg
nadie creería que el verano permutó su fiereza por las insípidas nalgas de unos adolescentes que posó su crecido desangre en toallas afiladas en la orilla que prefirió huracán David a cinco días más tour por el norte de la península el verano produce aguajes brisas truncas cierto rencor ...
El otro día está aquí de Ana Ilce Gómez
Nadie diría que hemos envejecido. Nadie sabe cuánto tiempo ha pasado. Él todavía tiene cabellos oscuros en las sienes, aquellos cabellos largos café negro que como cortinas le caían en la frente. Es joven. No parece un hombre de 50 años, ni yo una mujer de 45. Ayer por la calle alguien me preguntó ...
Para un mejor amor de Roque Dalton
Nadie discute que el sexo es una categoría en el mundo de la pareja: de ahí la ternura y sus ramas salvajes. Nadie discute que el sexo es una categoría familiar: de ahí los hijos, las noches en común y los días divididos (él, buscando el pan en la calle, en las oficinas o en las fábricas; ella, ...
El grito de Nuria Parés
Nadie eligió su herencia. Ni tú ni yo. Nosotros no elegimos. Fue un desigual reparto. Fue un trallazo, un tajo doloroso y dolorido, un cuchillo de sombras, una herida derramada en hondura y sin alivio... Y aquí estoy, aquí estamos con nuestra herencia en alto, sorprendidos...
Matar al ángel de Dulce Chacón
Nadie escapa a la desmesura de la rosa. Mujeres de carne y verso. Antología poética femenina en lengua española del siglo XX. Edición de Manuel Francisco Reina. La esfera literaria. 2002
Nadie escuche mi voz y triste acento... de Juan de Tassis y Peralta
Nadie escuche mi voz y triste acento, de suspiros y lágrimas mezclado, si no es que tenga el pecho lastimado de dolor semejante al que yo siento. Que no pretendo ejemplo ni escarmiento que rescate a los otros de mi estado, sino mostrar creído, y no aliviado, de un firme amor el justo sentimiento. ...
Poemas menores de León Felipe
Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol... y un camino virgen Dios. * Para mí el borbón sólo... A vosotros os dejo la vara justiciera, el caduceo, el báculo y el cetro. ...
Nadie ha tirado estas hojas... de Víctor Sandoval
Nadie ha tirado estas hojas, las trae un viento maduro y macizo de fustas y golpes categóricos. Las hojas contradicen a la estación y al día. Si abro la mano duerme en el fondo una moneda. Los hombres, de corazón bicorne y suspirante, son dueños de las contradicciones, de las hojas ...
Nadie ha vertido de Esperanza Ortega
Nadie ha vertido sobre su alfombra las tinajas ni golpea en su noche los barrotes del sueño ella intenta alcanzarlos pero nadie nadie es el que corre las opacas cortinas el que esconde las cartas el que no ve a esa mujer que cruza nadie es el que ríe mientras hurga en la herida de su único ojo ...
Nadie juega montura de palma... de Yolanda Pantin
Nadie juega montura de palma. Ni dan siquiera de beber a las bestias. Ni así tenemos casa. Ni somos. Ni aún seremos parte. Pájaro de árbol, jamás. Ni pasto nuevo. Rajadura donde filtra tu voz haciendo daño. De qué lugar o infierno esa palabra a morir. Y no poseo rincón, sitio de la tierra, ...
De la serie de María José (V) La mujer de Maya Islas
Nadie lo notó. Yo no contesté. Conocer el Yo no es un oficio fácil. Mi cara posee una pieza de mí misma, un puente entre dos ciudades. Flotando y flexible, me convierto en el tema de unos ojos que desde el futuro miran para descifrar el golpe. Ahora, conozco la rajadura exacta ...
Con baja y lenta voz de Romeo Murga
Nadie lo sepa, amada, y a pesar del espacio que nos separa, hablemos con baja y lenta voz de aquel amor que yace, como un niño dormido, sobre mi corazón, sobre tu corazón. Tú eras una divina mujercita pequeña; cabellera de sol, grandes ojos de sombra. Yo tenía tan sólo mi corazón ...
Extraños en la noche de María Mercedes Carranza
Nadie mira a nadie de frente, de norte a sur la desconfianza, el recelo entre sonrisas y cuidadas cortesías. Turbios el aire y el miedo en todos los zaguanes y ascensores, en las camas. Una lluvia floja cae como diluvio: ciudad de mundo que no conocerá la alegría. ...
Nadie nos dice de Blanca Varela
Nadie nos dice cómo voltear la cara contra la pared y morirnos sencillamente así como lo hicieron el gato o el perro de la casa o el elefante que caminó en pos de su agonía como quien va a una impostergable ceremonia batiendo orejas al compás del cadencioso resuello de su trompa ...
Aquel verano de Amalia Iglesias Serna
Nadie podrá decir, después de todo, que el tiempo entre tú y yo no ha sucedido. Fue el verano más lluvioso que recuerdo como si el cielo estuviera envenenado. Qué fácil aprender los perfiles del miedo, intuir el instante que detiene las horas. El verso se hizo turbio y el cuerpo autodidacta. ...
Retorno de Teófilo Cid
Nadie podría interrumpir el reposo de la bóveda terrestre Aquí el silencio ha juntado sus labios para nunca pronunciar palabra Que pudiera profanar la ostensible flor que cae Como un junco en la ribera de los sueños. Un sol amarillento acaricia el pórtico Mientras haya aún verdad para la muerte ...