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listado de poemas por primeros versos letra n

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792 poemas con la letra "n"

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Como una ensoñación de islas y pañuelos de Dolors Alberola
No amanece siquiera. Las musas me rondaron la almohada haciéndome llegar como señuelo el terrible calor de estos veranos. Los ágiles mosquitos volaban sobre mí, levantando su grito más allá de la carne. Es el momento ahora de pensar, de arriesgarse a traer, ...
No amarse ahora, pero haber amado de Julia Prilutzky
NO AMARSE AHORA, PERO HABER AMADO No amarse ahora, pero haber amado. Y encontrarse otra vez... Recuerdo grave como el de alguna flor de aroma suave que se mustia en un libro ya olvidado. Va surgiendo el recuerdo desvelado: una palabra, un gesto... Es una clave que nadie descifró, ...
Alta traición de José Emilio Pacheco
No amo mi Patria. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) daría la vida por diez lugares suyos. cierta gente, puertos, bosques de pinos, fortalezas, una ciudad deshecha, gris, monstruosa, varias...
Transmutación de Luis Raúl Calvo
No aquietaremos la pasión en las aguas frutales ni en los versos triangulares de César Vallejo. Nos han arrastrado a un extremo vulnerable, a la / sospecha. El cebo destroza las vísceras del poema pero el centro teje y teje la cordura aunque las locas del diluvio se aseen en verano. ...
Inscripción en cualquier sepulcro de Jorge Luis Borges
No arriesgue el mármol temerario gárrulas transgresiones al todopoder del olvido, enumerando con prolijidad el nombre, la opinión, los acontecimientos, la patria. Tanto abalorio bien adjudicado está a la tiniebla y el mármol no hable lo que callan los hombres. Lo esencial de la vida fenecida ...
Viajes de Penélope (39) de Juana Rosa Pita
No basta con tejer para la espera es preciso viajar: volar la pluma por la ternura encuadernada en sueños: chalupa más sutil cóncava y ágil que las viriles naves de Ulises intermitentemente prisionero Madre isla que estás venida a remos convertida en solar de pretendientes: ...
Los duendes de Andrés Bello
No bulle la selva; el campo no alienta. Las luces postreras despiden apenas destellos, que tiemblan. La choza plebeya, que horcones sustentan; la alcoba, que arrean cristales y sedas; al sueño se entregan. Ya es todo tinieblas. ¡Oh noche serena! ¡Oh vida suspensa! La muerte...
El claustro elegido de Mía Gallegos
No busco nada. A nadie aguardo en este día. Esperar es una de las raras estratagemas de Dios para detenernos en un punto. Mi país: montaña verde y lluvia. Un caballo se pierde en la llanura imaginada, que ahora está vedada a mis ojos. Busco la intensa reflexión: la de los libros amigos, ...
Nihil Novum de José Coronel Urtecho
No busques nada nuevo, ¡oh mi canción!; nada hay oculto bajo el rascacielo, nada en la maquina que sube al cielo, nada ha cambiado desde Salomón. Es muy antiguo el hombre y su pasión, guarda en el nuevo día el viejo anhelo, bajo la nueva noche igual desvelo y el mismo palpitar del corazón. ...
Epitafio de Alejandro Jodorowsky
No busques un sitio Entrega mis cenizas al viento que de mí no quede más que este orden de letras He avanzado sólo para precipitarme en el comienzo allí donde reina el origen puro sin su obra. De: No basta decir
Poema XCVI (No cambio mi soledad) de Dulce María Loynaz
No cambio mi soledad por un poco de amor. Por mucho amor, sí. Pero es que el mucho amor también es soledad... ¡Que lo digan los olivos de Getsemaní!
Pausas II de José Gorostiza
No canta el. grillo. Ritma la música de una estrella. Mide las pausas luminosas con su reloj de arena. Traza sus órbitas de oro en la desolación etérea. La buena gente piensa -sin embargo- que canta una cauta de música en la hierba.
Mandamientos para un viaje a Europa de Fabricio Estrada
No cantarás a un continente cuyo ánimo poblaron los mimos; estatuas de cera tan reales, mendicantes que azotan a quien les habla, esos que cruzan las calles como solitarios galeones de Manila saqueados sin un doblón de asombro. El mar, su cielo puros cuentos de...
Resurrección de Cecília Meireles
No cantes, no cantes, porque vienen de lejos los náufragos, vienen los presos, los tuertos, los monjes, los oradores, los suicidas. Vienen las puertas, de nuevo, y el frío de las piedras, de las escalinatas, y, con un ropaje negro, aquellas dos manos antiguas. Y una vela de móvil llama humeante. ...
Madres del pueblo de Augusto Roa Bastos
No cayeron tumbadas por las balas, se inclinaron tan sólo hasta la tierra. Madres adolescentes, centenarias abuelas, toscas mujeres, madres suaves, piedra humana doliente, leve corteza germinal. Madres de estibadores, rugosas campesinas, chamuscadas obreras, demacrada...
No cesará este rayo que me habita de Miguel Hernández
No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras y de fraguas coléricas y herreras donde el metal más fresco se marchita? ¿No cesará esta terca estalactita de cultivar sus duras cabelleras como espadas y rígidas hogueras hacia mi corazón que muge...
Proposición de la boa de Rosario Castellanos
No comas nunca nada que no seas capaz de digerir, que no seas capaz de vomitar. De: Poesía no eres tú
Incomprensión de Marilina Rébora
No comprendes, amor, cuál es mi sentimiento; en vano lo traduzco y en vano te lo explico. A veces me parece que ha llegado el momento de aclarártelo igual que obramos con un chico. No comprendes, amor, que todo lo que siento -y en esto, ya lo sabes, ni dudo ni claudico- ...
Amor, ch′a nullo amato-amar perdona de Olga Orozco
No con lechos viscosos ni con instrumentales de tortura, no con esas aviesas escaleras que te devuelven siempre al enemigo prometido, ni con falsos paneles ni laberintos circulares, y aun menos con la llama inextinguible que te devora y te preserva indemne -¡ah la intolerable prestidigitación ...
Palabras para un día de campo de Enzia Verduchi
No conocimos la experiencia de un mantel a cuadros sobre la hierba, no presenciamos la huida de un sombrero de paja con el viento. Quizás segar el campo hubiera sido útil como importante es para las mujeres lavar la ropa juntas, contarse anécdotas que jamás sucedieron. ...
A un poeta futuro de Luis Cernuda
No conozco a los hombres. Años llevo De buscarles y huirles sin remedio. ¿No les comprendo? ¿O acaso les comprendo Demasiado? Antes que en estas formas Evidentes, de brusca carne y hueso, Súbitamente rotas por un resorte débil Si alguien apasionado les allega, ...
Viajes de Penélope (8) de Juana Rosa Pita
No crean que te espero porque sé que vendrás a alzar tu casa de las aguas hambrientas o de los pretendientes Te espero porque estás: nunca te has ido a los asuntos vanos (las paredes te conocen la voz en las estancias más calladas) y todas las pisadas se someten al ritmo ...
Bastante menos que una idea de Mario Montalbetti
No creas en la verdad. No creas en la belleza. No creas en el amor. Siéntate al piano sopla el corno rasga la cuerda y quedamos a la par. No me alcances un beserol si me duele la cabeza. No repitas conmigo películas que ya viste. No creas que hay algo importante en lo que haces. ...
Sobre el amor de Leopoldo Castilla
No creas que tu amor depende de ti o de ella de lo que sienten o ven o sueñan hay metales, movimientos campos de fuerza cuya acción no empienza nunca actos virtuales que te despedazarían en algún lugar esas materias esos instantes que contienen lo universo libran ...
Confesiones del acusado de Marco Antonio Valencia Calle
No creí, no reflexioné y no me expuse. No fui instrumento ni de la paz, ni del amor, pero tampoco de la guerra y el odio. No dude, ni afirmé, ni negué, ni renegué, ni nada. Jamás alimenté el alma, y al cuerpo le di cualquier cosa. Leí lo necesario y sin esfuerzo, y escuché dialogar a la gente ...
No creo en la vía pacífica de Nicanor Parra
no creo en la vía violenta me gustaría creer en algo —pero no creo creer es creer en Dios lo único que yo hago es encogerme de hombros perdónenme la franqueza...
Manifiesto de Julio Leite
No creo en los grandes hacendados de la poesía, en los latifundistas de la tinta. Creo en el ovejero de las letras, que con los perros rigurosos de las situaciones cotidianas van transhumantes con su piño de ideas afrontando cuero al cielo la palabra, para darnos abrigo. ...
Doxa de Fabián Casas
No debería perturbarte el ruido que hace tu viejo con la boca cuando come. Ni la ordalía de bolsillo en las horas pico; o tu scrum privado contra los malos pensamientos. No deberían perturbarte los novios que acumulan en las piezas paternas sus artefactos domésticos; ...
No decía palabras de Luis Cernuda
No decía palabras, Acercaba tan sólo un cuerpo interrogante, Porque ignoraba que el deseo es una pregunta Cuya respuesta no existe, Una hoja cuya rama no existe, Un mundo cuyo cielo no existe. La angustia se abre paso entre los huesos, Remonta por las venas Hasta abrirse en la piel, ...
La mesa está lista de Julio Iraheta Santos
No definas el cristal del horizonte No la pecera del inmenso mar Mejor confiesa el ojo que nos mira desde cualquier lugar del universo Es mejor sacar el fuego de la entraña con que comienza siempre una palabra Hay que llenar los cálices y no dejar nada vacío en el desierto ...
No deja de llover de Julio Martínez Mesanza
No deja de llover sobre las ruinas que rodean mi casa, vieja y pobre, aislada en medio de este descampado. No llueve igual más lejos, en los huertos que nunca pisaré, ni en las ciudades que conservan indemnes sus iglesias; pero sí en las trincheras, en los fosos, en los taludes donde fui soldado. ...
No dejes... de Ricardo Yáñez
No dejes, pero no impidas, que se vaya el colibrí. (Del libro de reciente aparición Estrella oída, coeditado por El Aduanero y la UAM Azcapotzalco.)
Mi casa muerta de Javier Heraud
No derrumben mi casa vieja, había dicho. No derrumben mí casa. 2 Teníamos nuestra pérgola, y dos puertas a la calle, un jardín a la entrada, pequeño pero grande, un manzano que yace seco ahora por el grito y el cemento. El durazno y el naranjo habían muerto anteriormente, pero...
Sal y pimienta de Alejandro Aura
No describo la cosa cuando nombro y en rombos de sonido en espirales en volutas digo pues la cosa es pastel muchacha zanahoria y así la cosa dicha me provoca en la boca una humedad un charco...
La creación del mundo de Thiago de Mello
No desfloré a nadie. La primera mujer que vi desnuda (era adulta de alma y de cabellos) fue la primera que me mostró los astros, pero no fui el primero a quien se los mostró. Vi el resplandor de sus nalgas de espaldas a mí: era morena, mas al darse vuelta quedó dorada. ...
No digáis que agotado su tesoro... (Rima IV) de Gustavo Adolfo Bécquer
No digáis que agotado su tesoro, de asuntos falta, enmudeció la lira. Podrá no haber poetas, pero siemprehabrá poesía. Mientras las ondas de la luz al besopalpiten encendidas; mientras el sol las desgarradas nubesde fuego y oro vista; mientras el aire en su regazo lleveperfumes y armonías; ...
No digan sus patas lo que no canté... de Eduardo Milán
No digan sus patas lo que no canté. Que las patas de los caballos no hablen por mí. No soy el amante de la velocidad rizomada, no es mía esa pelambre. No soy el fascinado por los haces de luz que se refracta y se refracta, haceres de cuenta de una deuda infinita, ése son los demás, ...
Tiwanaku de Cé Mendizábal
No digas que no hablas con estas piedras con el silencio desmesurado en la abierta coagulación de los ojos piedras no sólo piedras con las alas abiertas para no cruzar la lacónica potestad del cielo si tu mano está ausente si tu mano cuánto hace que menguó en polvo...
El arte de vivir de Alberto Blanco
No dije nada que te pudiera herir y sin embargo tuve que mentir Tú no querías oír la verdad pero me pediste, sí, sí, sí, sí sinceridad Y yo sinceramente tuve que mentir y allí radica -tal vez- (tal vez) el arte de vivir ¿Cuál es el arte de vivir? Unas palabras pueden cambiar completamente...
No dormía; vagaba en ese limbo... (Rima LXXI) de Gustavo Adolfo Bécquer
No dormía; vagaba en ese limbo en que cambian de forma los objetos, misteriosos espacios que separan la vigilia del sueño. Las ideas que en ronda silenciosa daban vueltas en torno a mi cerebro, poco a poco en su danza se movían con un compás más lento. De la luz...
A Pablo Neruda, en el corazón de Rafael Alberti
No dormiréis, malditos de la espada, cuervos nocturnos de sangrientas uñas, tristes cobardes de las sombras tristes, violadores de muertos. No dormiréis. Su noble canto, su pasión abierta, su estatura más alta que las cumbres, con el cántico libre de su pueblo os ahogarán un día. ...
No duerme el animal… de Ada Salas
No duerme el animal que busca su alimento. Huele y está tan lejos todavía el aire de su presa. Y vagará en la noche. Con la sola...
Madrugada de Rolando Faget
No duerme la ciudad. M s bien se muere. Se muere gris, helada torva y seca. Se No duerme la ciudad. Más bien se muere. Se muere gris, helada torva y seca. Se desangra sin sangre ya ni llanto nos queda ni palabras. Se muere la ciudad ya sin asombros hondo aullido...
Ciudad sin sueño (Nocturno de Brooklyn Bridge) de Federico García Lorca
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto ...
El bando de Aníbal Núñez
No el astuto plebeyo que no pierde de vista y disimula las llaves de la cava. Habla de la poética gravemente reclama la verdad, astuto zorro que entre un hipo y traspiés mantiene algo que hasta el Señor confunde, virtuoso. No a su coartada infame, a su afición oculta ...
No en balde, niño amor... de Tirso de Molina
No en balde, niño amor, te pintan ciego. Pues tus efectos son de ciego vano: un guante diste a un bárbaro villano, y a mí me dejas abrasado en fuego. A tener ojos, conocieras luego que soy digno de un bien tan soberano, dejándome besar aquella mano, que un labrador ganó, ¡costoso juego!. ...
No en parte alguna de Nezahualcóyotl
No en parte alguna puede estar la casa del inventor de sí mismo. Dios, el señor nuestro, por todas partes es invocado, por todas partes es también venerado. Se busca su gloria, su fama en la tierra. Él es quien inventa las cosas, él es quien se inventa a sí mismo: dios. Por todas partes es ...
Inopinado vasallaje de Alejandro Aura
No encuentro dónde poner el grito, ni bote donde líquido echarlo, ni cajón, ni hoyo de topo, ni capullo, ni bolsillo, ni confesonario; abro una máscara atrevida que ni vista de cerca ni de lejos es serena; doy un paso tras otro conteniendo la respiración a duras penas. Me está ocurriendo...
Las contradicciones de Gertrudis Gómez de Avellaneda
No encuentro paz, ni me permiten guerra; de fuego devorado, sufro el frío; abrazo un mundo, y quédome vacío; me lanzo al cielo, y préndeme la tierra. Ni libre soy, ni la prisión me encierra; veo sin luz, sin voz hablar ansío; temo sin esperar, sin placer río; nada me da valor, nada me aterra. ...
Lo más difícil de contar de Marco Antonio Valencia Calle
No encuentro resignación en la fe, ni en la alegría de los alimentos litúrgicos. Morirse es fácil y lamentar lo inevitable puede ser una banalidad para frívolos. Las hazañas humanas tan raras como perdonar desaparecieron de mis límites, y ahora solo encuentro un montón de palabras ...