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listado de poemas por primeros versos letra n

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792 poemas con la letra "n"

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Al poeta en la isla de Miguel Barnet
Ni caimán oscuro, ni caña vertical, mitológica, ni Ochún nadando en las aguas doradas del sueño, ni Santa Bárbara ardiento en la noche del amor, en la imborrable noche de los sexos Ni la Giraldilla inmóvil hacia el más remoto de los puntos cardinales, ni la Avenida del Puerto ...
Luis Cernuda (1902-1963) de Octavio Paz
Ni cisne andaluz ni pájaro de lujo Pájaro por las alas hombre por la tristeza Una mitad de luz Otra mitad de sombra No separadas: confundidas una sola substancia vibración que se despliega en transparencia Piedra de luna más agua que piedra Río taciturno más palabra que río...
Shukaku II de Juan Pablo Riveros
Ni dalias, ni cactus, ni avellanos. Ni el aroma del ciprés. Tampoco la frescura del álamo. Sólo silbos de pájaros cordiales, alturas vegetales que oran en silencio y huellas de seres distantes como barcos. Ahí, padres, hubo la aritmética del mar, la astrología del miedo y bramidos ...
Ni donde viviré por largos años de Alvaro Cunqueiro
Ni donde viviré por largos años, ciudad prometida primavera, ni donde amante amor aguarda. Atravesando la tierra, la temerosa rueda, quizá un árbol florecido pueda sostener la derramada soledad. Quizá en la sombra aquella se encontrara sed abundante, sangre, carne, hueso, ...
Mala fe de Rosario Castellanos
Ni el cielo constelado de estrellas ni la ley moral, urdida en la raíz del hombre. No, a diferencia exacta de Kant, no me suscitan tales contemplaciones tales meditaciones, maravilla o asombro. Me conmueve más bien la vastedad del espacio, la inmensa magnitud de los tiempos y las cosas ...
Alianza (Sonata) de Pablo Neruda
Ni el corazón cortado por un vidrio en un erial de espinas, ni las aguas atroces vistas en los rincones de ciertas casas, aguas como párpados y ojos, podrían sujetar tu cintura en mis manos cuando mi corazón levanta sus encinas hacia tu inquebrantable hilo de nieve. ...
Mundo visible (XI) de André Cruchaga
Ni el mar ni los ríos desfiguran sus aguas eternos e inmensos en su empeño nunca en acecho nunca persiguiendo están allí en su límpida fluidez más interminables que caracoles nocturnos yo me adhiero a ellos conmovido pero también porque pertenezco a su grito: ...
Final de año de Jorge Luis Borges
Ni el pormenor simbólico de reemplazar un tres por un dos ni esa metáfora baldía que convoca un lapso que muere y otro que surge ni el cumplimiento de un proceso astronómico aturden y socavan la altiplanicie de esta noche y nos obligan a esperar las doce irreparables...
Noche transfigurada de Jorge Medina Vidal
Ni hablo ni escucho como la dalia en el tintero. Abiertas las ventanas de mi casa en el campo se sentían llegar cosas al mundo, extrañísimas cosas, cargamentos. Y se sentía aquel drenaje oscuro la emigración de lo que se moría hacia todo el espacio de las nubes. Solo sé una palabra, ...
Eso es el tiempo de Euler Granda
Ni la muralla china ni el alambre con púas ni los cordones de perros policías o policías perros que resguardan las nalgas sociales y cristianas del hot dog presidente, nada es capaz que yo sepa, nadie puede detenerte. Ni las minidevaluaciones, ni la maxi hambre, ni todos los bostezos ...
Retorno de Nietzsche de Raúl Henao
Ni la quemadura de la llama aplaca mi sed. Ni la quemadura del sol. ¡Jugar con fuego! Mi corazón es un galpón de gasolina un polvorín de fuegos artificiales. La llama es mi director de orquesta. El relámpago me persigue a campo traviesa. Zarza ardiente es todo cuanto amo, ...
Valle de Oaxaca de Eduardo Zambrano
Ni la vieja gloria de los maravillosos imperios se ha salvado. Ni el orgullo de las catedrales, ni siquiera el remanso de la fe en los monasterios compiten con esa otra arquitectura de cerros y nubes en el Valle de Oaxaca. El tiempo gasta la dura piedra y se desmorona la realidad. ...
Preferencias de Andrés Trapiello
Ni las cumbres sublimes ni los ríos que no han sido ensuciados por los hombres; ni los palacios ni las blancas ruinas de los templos antiguos, ni los dioses de mármol o bronce, iguales todos, ni la alada victoria ni un bugatti, y menos aún la música y el baile, con sus amanerados sacerdotes: ...
Preferencias de Julio Martínez Mesanza
Ni las cumbres sublimes ni los ríos que no han sido ensuciados por los hombres; ni los palacios ni las blancas ruinas de los templos antiguos, ni los dioses de mármol o de bronce, iguales a todos, ni la alada victoria ni un bugatti, menos aún la música y el baile, con sus amanerados sacerdotes: ...
Soleá del amor indiferente de Manuel Benítez Carrasco
Ni rencores ni perdón. ¡No me grites. No me llores! ¡lo nuestro ya se acabó!. ¿Rencores? ¿Por qué rencores? ¡No le da a mi señorío guardarle rencor a un río que fue regando mis flores! Tú me diste los mejores cristales de tu corriente, y no sería decente maldecirte por despecho ...
Ni soles... de Bartolomé Leonardo de Argensola
Ni soles, oh tahúr, lunas ni auroras te han visto soñolientas las pestañas; tu estado espira, al sucesor engañas, pues tu fe y su esperanza le empeoras. Tu abuelo en esas tenebrosas horas que velas tú, jugando sus hazañas, armado, por difíciles montañas pasaba sus escuadras vencedoras. ...
Cosmogonía de Jorge Luis Borges
Ni tiniebla ni caos. La tiniebla requiere ojos que ven, como el sonido y el silencio requieren el oído, y el espejo, la forma que lo puebla. Ni el espacio ni el tiempo. Ni siquiera una divinidad que premedita el silencio anterior a la primera noche del tiempo, que será infinita. ...
Nadie de Idea Vilariño
Ni tú nadie ni tú que me lo pareciste menos que nadie tú menos que nadie menos que cualquier cosa de la vida y ya son poco y nada las cosas de la vida de la vida que pudo ser que fue que ya nunca podré volver...
Nocturno mar de Xavier Villaurrutia
Ni tu silencio, duro cristal de roca, ni el frío de la mano queme tiendes, ni tus palabras secas, sin tiempo ni color, ni mi nombre, ni siquiera mi nombre que dictas como cifra desnuda de sentido; ni la herida profunda, ni la sangre que mana de sus labios, palpitante, ni la distancia cada vez más fría ...
El dominio encantado de César Moro
Ni un dedo se alza sin que fluya la amargura Lágrima a lágrima en un mundo de olvido Sin que el ojo noche por noche cierre sus puertas al amor Sin que una falsa embriaguez descorazonada abra su herida Sin que un hilo se rompa por siempre jamás. ...
La forma de tu ausencia de Homero Aridjis
Ni un momento he dejado de ver en este cuerpo la forma de tu ausencia, como una esfera que ya no te contiene. Pero dos cosas constantes te revelan, te tienen de cuerpo entero en el instante, y son la cama y la mesa de madera, hechas a la medida del amor y del hambre ...
La noche de André Cruchaga
Ni una luz. Todo oscuro: El cuerpo en su cárcel Parece un nudo sepulcral. A veces la realidad es triste: Tormentas devastan su interior. En la tierra se deshace la lluvia: Su misterio golpea Lentamente...
Este sabor de lágrimas (33) de Julia Prilutzky
Ni una palabra quedará, siquiera, amor que eras mi amor, que eras mi vida. Ya no te digo adiós, ni hay despedida ni volveré a llorar por lo que fuera. Dónde quedó el terror frente a la espera, dónde el pretexto fácil de la huida: estoy de pronto, como adormecida, brazos ausentes, ...
Este sabor de lágrimas (26) de Julia Prilutzky
Ni una palabra quedará, siquiera, Amor que eras mi amor, que eras mi vida. Ya no te digo adiós, ni hay despedida Ni volveré a llorar por lo que fuera. Dónde quedó el terror frente a la espera, Dónde el pretexto fácil de la huida: Estoy de pronto, como adormecida, Brazos ausentes, ...
Nidia, es 2 de mayo... de Marosa di Giorgio
Nidia, es 2 de mayo, te invito a llevar flores a mamá. Ella, como sabes, vino al mundo un 2 de mayo. Ahora, se encuentra en ese dormitorio insólito. Mes fantasmal éste de mayo. Es el de los rosales. Y sí. Lo estás viendo. Amanecimos con la frente rodeada de rosas. Anoche, oí un...
Compensación de Juan Rejano
Niebla fija, arboleda de fundidos ramajes, vegetal nebulosa que en su vientre guardara la jubilada imagen de todo el universo. Así tu forma vana, tu firme incertidumbre, medusa de mil sierpes flotando en las orillas donde la nada empieza. Nos robas, nos ocultas, te llevas lo soñado, ...
Estación de invierno de José Mármol
Nieva dentro de mí, debajo de la carne y en la pared urgente de la soledad. Afuera, sin embargo, es día claro y nieva. Yonkers es un tráfago de torpe lodo gris, de techos amarrados a un silencio indescifrable. He tomado con sigilo mi tren hacia el eterno, sin que vagón alguno...
Para Olga de Blanca Andreu
Niña de greyes delicadamente doradas, niña obsesión de la cigüeña virgen con mechones de pluma de damasco que salpicaban muerte, de la cigüeña loca con alones de estricnina dorada que viajaba dejándote un corpóreo perfume, un pulcro olor a lilas, y a dorados y rudos sueños. ...
Niña de las historias melancólicas... de Pablo de Rokha
Niña de las historias melancólicas, niña, niña de las novelas, niña de las tonadas tienes un gesto inmóvil de estampa de provincia en el agua de otoño de la cara perdida y en los serios cabellos goteados de dramas. Estás sobre mi vida de piedra y hierro ardiente como la eternidad ...
A una niña de Antonio Plaza
Niña gentil que a la vida despertaste alegre ayer, como en Oriente despierta la luz al amanecer. Niña, que del oro cielo viniste al mundo a caer, como aljofarada gota del nítido rosicler. Y en inmaculada cuna te remeciste después, como ilusión que se mece del sueño al dulce vaivén. ...
Niña morena y ágil... (Poema XIX) de Pablo Neruda
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos y tu boca que tiene la sonrisa del agua. Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras de la negra melena, cuando estiras los brazos. Tú juegas con el sol ...
Niña muerte... de Jaime Sabines
Niña muerte, descansa en nuestros brazos quietos. En la sombra, descansa junto a nuestro cuerpo. Cómete mis ojos para mirar adentro, acaba mis labios, mi boca, el silencio, bébete mi alma, bébete mi pecho, niña muerte, mía, que yo te mantengo...
Juegos presocráticos de Amalia Iglesias Serna
Ningún río puede atravesar dos veces al mismo hombre. La naturaleza es dadivosa pero insegura, la suerte, en cambio, se basta a sí misma. Vislumbre de las cosas que se muestran son las cosas ocultas. No existe vacío sin movimiento. No es posible que sea todo lo que no es siempre. ...
A batallas de amor, campo de plumas de José Manuel Caballero Bonald
Ningún vestigio tan inconsolable como el que deja un cuerpo entre las sábanas y más cuando la lasitud de la memoria ocupa un espacio mayor del que razonablemente le corresponde. Linda el amanecer con la almohada y algo jadea cerca, acaso un último estertor adherido a la carne, ...
Crónica del forastero (XV) de Jorge Teillier
Ninguna ciudad es más grande que mis sueños. Volveré al invierno del sur cuando las raíces blanqueadas por la lluvia muestren la calavera del tiempo bajo el sorpresivo vuelo de carbón y nieve de queltehues que no se cansan de pedir agua. Pasado el Puente del Malleco mi amigo ...
Pecados y serpientes de Agustín Labrada Aguilera
Ninguna foto eterniza los minutos más dulces y prohibidos que prohibidas mujeres tatuaron en mi cuerpo y me abrigan contra las tempestades, cuando el verdor se agota y me hunden sus gorriones. En ninguna película, flota el océano de mi infancia con sus buques volando sobre los eucaliptos. ...
Canto (IX) de Mario Bojórquez
Ninguno podrá jamás decir de ti Tuve su mano franca junto a la mía estrechando el deseo Haciendo de una fuerza común un compartido sueño Si alguien te vio no supo nunca el color de tus ojos La vena matriz de tu corazón Apenas diste un paso para retroceder Y un gesto que acusaba bondad ...
Ningunos de Gonzalo Rojas
Ningunos niños matarán ningunos pájaros, ningunos errores errarán, ningunos cocodrilos cocodrilearán a no ser que el juego sea otro y Matta, Roberto Matta que lo inventó, busque en el aire a su hijito muerto por si lo halla a unos tres metros del suelo elevándose: yéndose de esta gravedad. ...
Canción de pescadores de Gabriela Mistral
Niñita de pescadores que con viento y olas puedes, duerme pintada de conchas, garabateada de redes. Duerme encima de la duna que te alza y que te crece, oyendo la mar-nodriza que a más loca mejor mece. La red me llena la falda y no me deja tenerte, porque si rompo los nudos ...
La tierra de Gabriela Mistral
Niño indio, si estás cansado, tú te acuestas sobre la Tierra, y lo mismo si estás alegre, hijo mío, juega con ella... Se oyen cosas maravillosas al tambor indio de la Tierra: se oye el fuego que sube y baja buscando el cielo, y no sosiega. Rueda y rueda, se oyen los ríos en cascadas...
Niño viejo... de Miguel de Unamuno
Niño viejo, a mi juguete al romance castellano me di a sacarle las tripas por mejor matar el año. Mas de pronto, estremeciese y se me arrendró la mano pues temblorosas entrañas vertían sonoro llanto. Con el hueso de la lengua de la tradición, badajo, miserere, ave María, ...
El negro de Luis Llorens Torres
Niño, de noche lanzábame a la selva, acompañado del negro viejo de la hacienda, y cruzábamos juntos la manigua espesa. Yo sentía el silencioso pisar de las fieras y el aliento tibio de sus bocas abiertas. Pero el negro a mi lado era una fuerza que con sus brazos desgajaba las ceibas ...
España, aparta de mí este cáliz de César Vallejo
Niños del mundo, si cae España digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro ...
Vigilia memorable (VIII) de David Escobar Galindo
Niños que cargan otros niños Semidormidos y pidiendo Centavos por las ventanillas De los carros, mientras regresa el verde Del semáforo. Niños de intacta suciedad, Niños igual de ancianos que la música, Duros como semillas en un plato de peltre; Y en esta levedad el verano, los juegos, ...
El rostro de David Escobar Galindo
Niños se bañan en la pila pública mientras el gran invierno los vigila con sus ojos de tigre El invierno es el único vidente Sabe que bajo esas pieles lustrosas está la luz y el eco de mañana Detrás del abandono de esas risas el miedo y la espesura de mañana ...
La Plana de Vic de Jacint Verdaguer
Niuada de calàndries, poetes de ma terra, jo enyoro vostres càntics d’amor, dintre la mar; avui que el maig aboca ses flors pel pla i la serra, ai!, qui us sentís a l’hora de l’alba refilar! Qui pogués amb vosaltres volar per les rouredes que beuen les suades de l’aspre Pireneu, i vora...
Bajo los aires de primavera (I) de Víctor Corcoba Herrero
Nívea de fragancias y esperanza nos despierta las ganas de vivir, nos renace el amor y su latir de versos, nos dona etérea danza. Un dulce albor de vida se nos lanza en primavera, sólo hay que sentir la voz del Creador, y el alma abrir a la estela de luz, que nos alcanza. ...
Creía yo de Macedonio Fernández
No a todo alcanza Amor, pues que no puedo romper el gajo con que Muerte toca. Mas poco Muerte puede si en corazón de Amor su miedo muere, Mas poco Muerte puede, pues no puede entrar su miedo en pecho donde Amor. que Muerte rige a Vida; Amor a Muerte.
No acabarán mis flores de Nezahualcóyotl
No acabarán mis flores, no cesarán mis cantos. Yo cantor los elevo, se reparten, se esparcen. Aún cuando las flores se marchitan y amarillecen, serán llevadas allá, al interior de la casa del ave de plumas de oro.
Mujer reclinada en la playa de Pablo Antonio Cuadra
No ajena a la melancolía Casandra me profetiza la gloria y el dolor, mientras la luna emana su orfandad. Todo parece griego. El viejo Lago y sus hexámetros. Las inéditas islas y tu hermosa cabeza de mármol-- mutilada por la noche. (Selección: Juana Rosa Pita)