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listado de poemas por primeros versos letra e

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2272 poemas con la letra "e"

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Parte de guerra de Raquel Huerta - Nava
Encendida la piel es recuerdo encadenado a la rosa de los vientos del destino armado con espadas de verdades. Los golpes de la lluvia en el acero entretejen la memoria de la niebla. Soy guerrera antigua sobreviviente de ciclones y tragedias coleccioné armaduras y quebrantos ...
Sobre el amor de Coral Bracho
Encendido en los boscajes del tiempo, el amor es deleitada sustancia. Abre con hociquillo de marmota, senderos y senderos inextricables. Es el camino de vuelta de los muertos, el lugar luminoso donde suelen resplandecer. Como zafiros bajo la arena hacen su playa, ...
El amor es su entornada sustancia de Coral Bracho
Encendido en los boscajes del tiempo, el amor es su entornada sustancia. Abre con hociquillo de marmota, senderos y senderos inextricables. Es el camino de vuelta de los muertos, el lugar luminoso en donde suelen resplandecer. Como zafiros bajo la arena hacen su playa, hacen sus olas ...
El sol y la noche de Adelardo López de Ayala
Encendido en sus propias llamaradas, la sed devora al luminar del día, y, eterno amante de la noche fría, persigue sus espaldas enlutadas. Ansioso de sus sombras regaladas, en vano corre la abrasada vía; que él mismo va poniendo el bien que ansía donde nunca penetran sus miradas. ...
Museo de Historia Natural de Guillermo Carnero
Encerrados en un espacio distante perfeccionan allí la estabilidad de no ser más que inmovilidad de animales simbólicos la escorzada pantera, el mono encadenado y la fidelidad que representa el perro echado ante los pies de la estatua yacente; adquieren aridez en la luz incisiva bajo ...
Frowning upon me de Guillermo Carnero
Enciendo tantas luces para verte salir, entre un redoble de tambor, del pastel, con chistera y tacón rojo, y tengo otra mirada que te sabe con más profundidad y más anchura, abrazando la forma que se pierde; me las apagas todas con sonrisa de llevar la otra luz en un estuche, envuelta ...
Enciendo un fósforo de José Acosta
Enciendo un fósforo y nace mi mano. Sobre el fondo una moneda flota o quizá la redondez luminosa del ojo de un gato. Hago ascender mi mirada arañando las tinieblas y se hace libre allá, a lo lejos, en la cima de todos los quejidos. Es que estás a mi lado y aún no lo sabía ...
Barro pleno de Delia Quiñónez
Encinta de sol, colmada de tu barro limpio y firme vas trasmutando mi cuerpo en viva flor que destila rocío tras tu ruta. Vegetal, el temblor de mis dedos trenza cuencas azules y transitan por tus ojos leves hiervas de fiebre y fértiles vagidos que me anuncian. Matriz plena de sol, ...
La muerte de Juan Ramón Jiménez
Encontré a Platero echado en su cama de paja, blandos los ojos y tristes. Fui a él, lo acaricié hablándole, y quise que se levantara. El pobre se removió todo bruscamente, y dejó una mano arrodillada... No podía.... Entonces le tendí su mano en el suelo, lo acaricié de nuevo con ternura, ...
Pernocte de Marta Leonor González
Encorvada la garra del animal Uno. El otro sobre las crines el colmillo de mamífero siempre encima. Y el otro solo pellejea ladra y fuerza. El insomnio no conoce de paciencias. Perrea en la noche, la familia como una bandera que ondula en trizas. Quizás alguna causa humana ...
La muerte verdadera de Waldina Mejía Medina
Endurecí mis ojos para que ya no vieran más pobreza acallé mis oídos para que ya no oyeran más dolor mutilé mi esperanza para que ya no hablara más Justicia emparedé mi alma para que ya no amara la Verdad y cuando así maté lo más hermoso me hice duro caucho que no sonrió, ...
Los jardines de Afrodita (VII) de Francisco Villaespesa
Enferma de nostalgias, la ardiente cortesana, al rojizo crepúsculo que incendia el aposento, su anhelo lanza al aire, como un halcón hambriento, tras la ideal paloma de una Thule lejana. Sueña con las ergástulas de la Roma pagana; cruzar desnuda el Coso, la cabellera al viento, ...
La vida según Adán de Bernardo Atxaga
Enfermó Adán el primer invierno después de su salida del paraíso y asustado con los síntomas, la tos, la fiebre, el dolor de cabeza, se echó a llorar igual que años más tarde lo haría María Magdalena, y dirigiéndose a Eva, no sé qué me ocurre gritó, tengo miedoamor mío, ven aquí, ...
Cármides (VI) de Carlos Barbarito
Enfrente, figuras puestas en hilera, desnudas o apenas vestidas con retazos de lo que pudo ser y no fue. Ligera niebla entre ellas y yo, pero de todos modos ligera materia de extranjería, de casi muerte. Viven en casa hueca, sin gracia. Vivo en casa llena, igual de descolorida. ...
Tú dormías de Delmira Agustini
Engastada en mis manos fulguraba como extraña presea, tu cabeza; yo la ideaba estuches, y preciaba luz a luz, sombra a sombra su belleza. En tus ojos tal vez se concentraba la vida, como un filtro de tristeza en dos vasos profundos... Yo soñaba que era una flor de mármol tu cabeza... ...
Monedas de Armando Rubio Huidobro
Engominado, pulcro, penetro en las iglesias altivamente cirio con mi cara de hostia dominguera. Y me arrodillo, y me confieso, y me persigno, y regreso a la calle para comprar barquillos con monedas hurtadas al abuelo. Selección: Guido Ferrer
Al ciprés de Silos de Gerardo Diego
Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. Mástil de soledad, prodigio isleño; flecha de fe, saeta de esperanza. Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, peregrina al azar, mi alma sin dueño. ...
El ciprés de Silos de Gerardo Diego
Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza. Chorro que a las estrellas casi alcanza devanado a sí mismo en loco empeño. Mástil de soledad, prodigio isleño; flecha de fe, saeta de esperanza. Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza, peregrina al azar, mi alma...
El novio y la Virgen de Gonzalo de Berceo
Enna villa de Pisa, cibdat bien cabdalera, en puerto de mar iaze rica de grand manera, avié hi un calonge de buena alcavera, dizién Sant Cassian ond el calonge era. Como fizieron otros que de suso contamos, que de Sancta María fueron sos capellanos, ésti amóla mucho, más que muchos ...
Los dos hermanos de Gonzalo de Berceo
Enna villa de Roma, essa noble cibdat, maestra e sennora de toda christiandat, avié i dos ermanos de grant auctoridat, el uno era clérigo, el otro podestat. Peidrol dizién al clérigo, avié nomne atal, varón sabio e noble, del papa cardenal; entre las otras mannas avié una sin sal, avié grand avaricia, ...
El sueño del caimán de José Santos Chocano
Enorme tronco que arrastró la ola, yace el caimán varado en la ribera; espinazo de abrupta cordillera, fauces de abismo y formidable cola. El sol lo envuelve en fúlgida aureola; y parece lucir cota y cimera, cual monstruo de metal que reverbera y que al reverberar se tornasola. Inmóvil como un ídolo ...
La arboleda de Octavio Paz
Enorme y sólida pero oscilante, golpeada por el viento pero encadenada, rumor de un millón de hojas contra mi ventana. Motín de árboles, oleaje de sonidos verdinegros. La arboleda, quieta de pronto, es un tejido de ramas y frondas. Hay claros llameantes. Caída en esas...
Fábula y rueda de los tres amigos de Federico García Lorca
Enrique, Emilio, Lorenzo. Estaban los tres helados: Enrique por el mundo de las camas; Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos, Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados. Lorenzo, Emilio, Enrique. Estaban los tres quemados: ...
En la cocina de Eliseo Diego
Enrosca el gato su delicia de sí sobre sí mismo, duerme de su principio a fin, secreto.En tanto esboza la penumbra disidencias de cazuelas y potes, resistentes al imperio del sueño.Cae el mundo por el filo del agua, gruñe para sí el fuego, pero el gato lo ignora:permanece ...
Ensayo de un árbol de Fernando Ruiz Granados
Ensayar un árbol en el poema Asentar su raíz en el fondo blanco De la hoja Sembrarlo a la plenitud del día Ensayar un árbol en cada poema Orientar sus ramas Hacia los cuatro puntos cardinales Al Norte la rama del sentido La segunda al Sur el rumbo Al que emigran todos los pájaros ...
Dos dudas en qué escoger tengo... de Sor Juana Inés de la Cruz
Enseña modo con que la hermosura, solicitada de amor importuno, pueda quedarse fuera de él con entereza tan cortés, que haga bienquisto hasta el mismo desaire... Dos dudas en qué escoger tengo, y no sé a cual prefiera: pues vos sentís que no quiera, y yo sintiera querer. ...
Hambre azul de Luis Llorens Torres
Ensueño que estoy cenando y que tu espalda es mi mesa, acostada su blancura, como en la playa te viera nadando sobre la ola o echada sobre la arena. Mesa desnuda, sin nada de mantel ni servilletas; azucarada, olorosa, pintada de miel de abeja libada en los azahares de la luna y ...
De la muerte de Jaime Sabines
Enterradla Hay muchos hombres quietos, bajo tierra, que han de cuidarla. No la dejéis aquí. Enterradla...
Preñez de Otoniel Guevara
enterré mi testamento en tu vientre ante la incertidumbre de los murciélagos que no captaron la transfusión de palpitares (cuando exhalabas mis huesos el Universo se hizo miles de versos y viceversa) con un chorro de sangre y de viento toqué tu frente de barro para iniciar ...
Soplo de Eyra Harbar
Entiendo al aire cuando lo impulso, desde mi boca lo llevo al caracol de tu oído y se estanca como el mar para ser escuchado. (Selección: Juan Daniel Perrotta)
Entiendo de Eduardo Zambrano
Entiendo que este día nadie va a llamar. Ni los más caros deseos, ni esas fantasías que me han acompañado todo este tiempo. Sencillamente estaré solo y está bien. Entiendo que ya no tendrá sentido fingir. (De:Reincidencias)
Entierro de pobre de Azarías H. Pallais
Entierro de pobre, ya sabes, amigo. No quiero que vengan los otros conmigo. Los otros, aquellos del otro camino, los que me dijeron: es agua tu vino. Los que sacudieron mi rama florida. Para tejer burlas, en charlas subida. Entierro de pobre, ya sabes, amigo. Sin flores horribles de trapo, ...
Entigrecido vuelvo a las cantinas... de Eduardo Lizalde
Entigrecido vuelvo a las cantinas —el medio día justo hace de fuego el mundo, la tierra en esta jungla, tan lejana del mar—, sediento de cerveza muy fría y sólo como el tigre en esas horas con un cuaderno, un lápiz en la mano. La cantina es neutral, hay tregua en ella de razas y fortunas...
Lluvia de Raúl González Tuñón
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa. Unas veces cae mansamente y uno piensa en los cementerios abandonados. Otras veces cae con furia, y uno piensa en los maremotos que se han tragado tantas espléndidas islas de extraños nombres. De cualquier...
Entonces llamó un archángel de San Juan de la Cruz
Entonces llamó un archángel que Sant Gabriel se dezía y embiólo a una donzallea que se llamava María de cuyo consentimiento el misterio se hazía en el qual la Trinidad de carne al Verbo vestía. Y aunque tres hazen la obra en el uno se hazía y quedó el Verbo encarnado en el vientre...
Altivo de Miguel Huezo Mixco
Entonces llegó el alado y era su esplendor un despilfarro los motores del Saturno el destello del sol en un espejo el vivo carmín de un lapiz labial el deseo andante los celos vivaces todo a la vez Y las fieras se tendían en el suelo como húsares heridos Sólo Daniel podía verlo ...
En el parqueo de Mónica Albizúrez Gil
entonces no encontré la contraseña y revolví y busqué y volví a revolver y tiré la bolsa y maldije y lloré porque algo estaba fuera de control abandonado en el sueño despojado y mudo como mi bolsa
Desde abajo de Gonzalo Rojas
Entonces nos colgaron de los pies, nos sacaron la sangre por los ojos, con un cuchillo nos fueron marcando en el lomo, yo soy el número 25.003 nos pidieron dulcemente, casi al oído, que gritáramos viva no sé quién. ...
Tela de Chagall de Gonzalo Rojas
Entonces para la pintar voy a inventar a una mujer llamada Ana de Murcia por lo bíblico y azafrán del nombre, voy mariposa de una vez a escribirla en el aire ciego como habría hecho Borges de Buenos Aires con aroma y aceite de Chagall hasta quedar pasado a Chagall de ver ...
Seis de Idea Vilariño
Entonces todo se vino y cuando vino y me quedé inmóvil tú tú te quedaste inmóvil lo dejaste saltar quejándote seis veces. Seis. Y no sabes...
Postal de Alfonso Quijada Urías (Kijadurías)
Entonces ves este país del tamaño de un raspón. Luego un tren en los atardeceres pasa lleno de soldaditos, que aunque parezcan de mentiras son de verdad, y ves también los volcanes como manchitas de tinta azul y no podés hallar una razón (aunque realmente exista) ...
Donde nunca jamás se lo imaginan de Eliseo Diego
Entonces ya es seguro que estás muerto No volveremos otra vez a verte Jugar con el aliento de los hartos Al escribir como al desgano: Che, Sobre el dineroEntre leyendas Viniste brevemente a nuestro día Para después marcharte entre leyendas. Cruzabas en la sombra, rápido ...
Refugio de Matilde Alba Swann
Entonces, ciega y sorda, me abrazo a la poesía. La aprieto contra el pecho, la muerdo, la trituro, me prendo a sus dos manos, hundo en ella mi grito, me aniño en su regazo, sollozo en sus rodillas, y encuentro que me acoge piadosa a su ternura, se adhiere a mi tristeza, ...
Entonces... de Angel González
Entonces, en los atardeceres de verano, el viento traía desde el campo hasta mi calle un inestable olor a establo y a hierba susurrante como un río que entraba con su canto y con su aroma en las riberas pálidas del sueño. Ecos remotos, sones desprendidos de aquel rumor, ...
Venturosa sala de espera de Julieta Valero
Entornar la mirada hasta ver lo impensable, es crear. Diego Jesús Jiménez Nubes con vocación de desfile. Arrastran un espacio sin nombre. Nubes. Antes que nadie las ve un pájaro con residencia temporal en los nervios de la azotea. En mis nervios sólo nubes, y el gozo ...
La penumbra del cuarto de Coral Bracho
Entra el lenguaje. Los dos se acercan a los mismos objetos. Los tocan del mismo modo. Los apilan igual. Dejan e ignoran las mismas cosas. Cuando se enfrentan, saben que son el límite uno del otro. Son creador y criatura. Son imagen, modelo, uno del otro. Los dos comparten la penumbra ...
El Hacedor de José García Nieto
Entra en la playa de oro el mar y llena la cárcava que un hombre antes, tendido, hizo con su sosiego. El mar se ha ido y se ha quedado, niño, entre la arena. Así es este eslabón de tu cadena que como el mar me has dado. Y te has partido luego, Señor. Mi huella te ha servido ...
El despertar de Jorge Luis Borges
Entra la luz y asciendo torpemente de los sueños al sueño compartido y las cosas recobran su debido y esperado lugar y en el presente converge abrumador y vasto el vago ayer: las seculares migraciones del pájaro y del hombre, las legiones que el hierro destrozó, Roma y Cartago. ...
El centinela de Jorge Luis Borges
Entra la luz y me recuerdo; ahí está. Empieza por decirme su nombre, que es (ya se entiende) el mío. Vuelvo a la esclavitud que ha durado más de siete veces diez años. Me impone su memoria. Me impone las miserias de cada día, la condición humana. Soy su viejo enfermero; me obliga a que le lave ...
Entra la noche de José Manuel Caballero Bonald
Entra la noche como un trueno por los rompientes de la vida, recorre salas de hospitales, habitaciones de prostíbulos, templos, alcobas, celdas, chozas, y en los rincones de la boca entra también la noche. Entra la noche como un bulto de mar vacío y de caverna, ...