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listado de poemas por primeros versos letra c

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1127 poemas con la letra "c"

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Consejo de Fernando Pessoa
Cerca con grandes muros aquél que te sueñas. Después, donde es visible el jardín a través del portón de reja adecuada, pon las flores que sean las más risueñas, para que te conozcan sólo así. Donde nadie lo vea no pongas nada. Haz macizos como los que otros tienen, donde las miradas ...
Oda a la poesía de Pablo Neruda
Cerca de cincuenta años caminando contigo, Poesía. Al principio me enredabas los pies y caía de bruces sobre la tierra oscura o enterraba los ojos en la charca para ver las estrellas. Más tarde te ceñiste a mí con los dos brazos de la amante y subiste en mi sangre como una enredadera. ...
El amor punta de todo de Enrique Gómez - Correa
Cerca de mí, amante de la rodilla La mujer iba tomando el aspecto de una llama Pegada al hueso Como la sombra al cuerpo. Era tu amor punta de rostro Punta de labio punta de ojo Punta de tu amor Tu amor que hablaba delante...
Oda al aceite de Pablo Neruda
Cerca del rumoroso cereal, de las olas del viento en las avenas, el olivo de volumen plateado, severo en su linaje, en su torcido corazón terrestre; las gráciles olivas pulidas por los dedos que hicieron la paloma y el caracol marino: verdes, innumerables, purísimos pezones ...
Figuras de Vilma Vargas
Cerca está el tiempo. En la arcilla se refrescan algunas formas; un hombre trabaja un cantero. Alguien levanta la voz que reposa en las piedras, oculto dice una alabanza a los jardines que un día recorrió, con la mitad del cuerpo hundida en la luz y la otra mitad hundida en la sombra. ...
Cántica de serrana de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita
Cerca la Tablada la sierra passada falleme con Alda a la madrugada. Ençima del puerto cuidéme ser muerto de nieve e de frío, e desse rucío e de grand elada. Ya ä la deçida, dï una corrida: fallé una serrana , fermosa, lozana, e bien colorada. Dixle yö a ella: «Omíllome bella.» Dis: «Tú que...
Almohada de Quevedo de Gonzalo Rojas
Cerca que véote la mi muerte, cerca que te oigo por entre las tablas urgentes, que te palpo y olfatéote con los gallos, cuadernas y sogas para la embarcación, cerca nerviosa mía que me aleteas y me andas desnuda ...
Cercano de la grieta que te miente... de Patricia Medina
Cercano de la grieta que te miente disecciona la uña tu luto pasajero ¿de qué se aglutinó polen y savia para hacerte esa sangre que te ha dejado inmóvil? Cada línea en la huella forma el laberinto un dedo lleva al otro sobre la misma mano sólo la piel es una pero en los surcos guarda ...
Cercenadme esta voz donde anida la estrella. de Trinidad Mercader
Cercenadme esta voz donde anida la estrella. Cercenadme esta luz, esta naciente albura. No dejéis que mi aliento surja de su maraña más límpido que nunca. Ni el gesto de muchacha que se sorprende libre, ni este duro clamor, esta palabra impura. Apiadaos. Derribadme sobre esta fe ...
El rosario de Eros (Cuentas de fuego) de Delmira Agustini
Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia, deshojar hacia el mal el lirio de una veste... -La seda es un pecado, el desnudo es celeste; y es un cuerpo mullido un diván de delicia.- Abrir brazos...así todo ser es alado, o una cálida lira dulcemente rendida de canto y de silencio... ...
Amor constante más allá de la muerte de Francisco de Quevedo
Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra que me llevare el blanco día, y podrá desatar esta alma mía hora a su afán ansioso lisonjera; mas no, de esotra parte, en la ribera, dejará la memoria, en donde ardía: nadar sabe mi llama la agua fría, y perder el respeto a ley severa. Alma a quien todo ...
Cerraron sus ojos... (Rima LXXIII) de Gustavo Adolfo Bécquer
Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo; y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intervalos, ...
Cerré mi puerta al mundo de Emilio Prados
Cerré mi puerta al mundo; se me perdió la carne por el sueño... Me quedé, interno, mágico, invisible, desnudo como un ciego. Lleno hasta el mismo borde de los ojos, me iluminé por dentro. Trémulo, transparente, me quedé sobre el viento, igual que un vaso limpio de agua pura, ...
Esbozo para empezar un amor de Thelma Nava
Certero, como el que apunta al corazón de la uva te aposentas en mí. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz se adormece en la tarde o el grito del flamenco despedazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles ...
Esbozo para empezar un amor de Thelma Nava
Certero, como el que apunta al corazón dorado de la uva te aposentas en mí. Preciso como el aire de junio, la infatigable luz que se adormece en la tarde o el grito del flamenco desplazando inútiles ocasos. Por ti salgo a encender la pira de los sueños y a cosechar gardenias imposibles. Las prendo...
Delira el hombre de Juan Ríos
Certeza de estar aquí para siempre, no angélicas ilusiones —opios celestes—, quiere el Hombre, y su delgada muerte delira: Zarpazo de la mañana, lívido mediodía, cabeza ebria del tiempo, sombría permanencia, vino de los abismos, brutal brebaje eterno: ¡Yo veo, yo palpo, yo...
Inteligencia de la tiniebla de Emilio Oribe
Certeza de estar aquí para siempre, no angélicas ilusiones —opios celestes—, quiere el Hombre, y su delgada muerte delira: Zarpazo de la mañana, lívido mediodía, cabeza ebria del tiempo, sombría permanencia, vino de los abismos, brutal brebaje eterno: ¡Yo veo, yo palpo, yo...
A una estatua de Alí Chumacero
Cesa tu voz y muere sobre tus labios mi alegría. No habrá palabra que en tu piel levante ni un incierto sabor de brisa oscurecida como el recuerdo que en mis ojos deja el paso de tu aliento, porque vives inmersa en tu silencio, impenetrable a mis sentidos y si mis manos en tu piel ...
Vello de Griselda Álvarez Ponce de León
Césped infante cubre tu llanura a tornaluz tal vez rubio de paja que ahí donde la luz se resquebraja en bosque limitado se inaugura. Alfombra tierna, dime ¿de qué hondura nació la sangre que en tu piel trabaja, para que germinaras con ventaja y más seda se hiciera tu envoltura? ...
Che de Miguel Barnet
Che, tú lo sabes todo, los recovecos de la Sierra, el asma sobre la hierba fría, la tribuna, el oleaje en la noche y hasta de qué se hacen los frutos y las yuntas. No es que yo quiera darte pluma por pistola pero el poeta eres tú. (De Carta de noche)
Pastoral de Raúl Zurita
Chile entero es un desierto sus llanuras se han mudado y sus ríos están más secos que las piedras No hay un alma que camine por sus calles y sólo los malos parecieran estar en todas partes ¡Ah si tan sólo tú...
Chile, fértil provincia... de Alonso de Ercilla y Zúñiga
Chile, fértil provincia y señalada en la región antártica famosa, de remotas naciones respetada por fuerte, principal y poderosa; la gente que produce es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida ni a extranjero dominio sometida. ...
Los pájaros de Jaime Augusto Shelley
Chillaron los pájaros desorbitando su silencio de altas copas Descendieron cóndores y cuervos de aceradas plumas Cientos de voces desencajadas por la ráfaga tomaron la forma de los árboles y callaron recuperaron su silencio Sobreviene el día De: Horas ciegas, 1988
Dánae de Rosa Romojaro
Chispean los minutos como lluvia de oro en el espejo azul de la consola. Mediodía de un jueves soleado en soleante seducción del blanco cuerpo retenido en la cámara.La bella se desteje limosa en los sueños del lino y, mecida, no sabe si la mano es un pez bajo liviana ola, o medusa ...
Luz de Jaime Labastida
Ciego de nacimiento, me escandaliza el tacto. Vivaldi suena en medio de la bruma y la ciudad, bella hasta su colmo, intolerable, extiende dedos hacia el mar. El ancla de la vida se estremece, el sol rebasa sus medidas y entra durísimo, convicto, entre las nubes: el más vago, el más oscuro resplandor. ...
pudiera... de Esteban Moore
Ciego discurso humano * pudiera -quién/ de esa serpiente que se desliza sobre la tierra seca/ reluciente en un espejismo de sol/ evocar trazos -movimientos en el polvo el contenido ritmo -de su vaivén/ los rasguidos de una piel -desatándose en el aire * Ciego discurso humano ...
A veces hago un viaje de Aurora Reyes
Ciego pie de tiniebla, vacilante, avanza en el desierto de mi pecho. Seguramente es el infierno. Aquí dentro, convulso, desbordando metales por mis ojos abiertos, levantando mareas de veneno, girando mariposas de cal y de ceniza; frías caricias lentas estrellando mis huesos. ...
Negra vocación del agua de Héctor Rosales
Ciego, escucho al mar extendido en tu ausencia. Las voces de la noche se suman a la negra vocación del agua. (Creo que están raspando a los astros mayores con el eco punzante de tu nombre). Dicen que un trapecista sin piernas apenas se mantiene en una cuerda...
El cielo que me escribe de Miguel Angel Zapata
Cielo blanco sin polvo ni memoria. Cielo que limpia la visión del ave clavada sobre la arena. Cielo de algas y peñas en el moho: aire de ninguna flor, brisa de ningún árbol donde no se escribe el poema ni el diario de la muerte. Cielo mío que calla a tiempo el sonido del ave sobre la arena. ...
Calma de Emilio Prados
Cielo gris. Suelo rojo. De un olivo a otro vuela el tordo. En la tarde hay un sapo de ceniza y de oro. Suelo gris. Cielo rojo... -Quedó la luna enredada en el olivar. Quedó la luna olvidada-.
Espiración de Octavio Paz
Cielos de fin de mundo. Son las cinco. Sombras blancas: ¿son voces o son pájaros? Contra mi sien, latidos de motores. Tiempo de luz: memoria, torre hendida, pausa vacía entre dos claridades. Todas sus piedras vueltas pensamiento la ciudad se desprende de sí...
Trastienda de Ida Vitale
Cielos veloces de Montevideo, estratos de oro y de laurel, halados por la más alta red, tibios lilas lentísimos cocientes de su luz multiplicada, pasan y nos envuelven y nos entretenemos con su gracia, como una mano juega entre arenas que guardan la eternidad en la que no...
Olvido de Octavio Paz
Cierra los ojos y a oscuras piérdete bajo el follaje rojo de tus párpados. Húndete en esas espirales del sonido que zumba y cae y suena allí, remoto, hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida. Hunde tu ser a oscuras, anégate la piel, y más, en tus entrañas; ...
Canto a mi Mundo de Nuria del Saz
Cierra tus ojos, ¡oh, cielo! Tan azul... tan amado y tierno. Lloras con lágrimas de ángel alado, tan triste en silencio, tan callado... ¡Oh, preciosa luz celeste, que envolvente presentas tu alma; balsa marmórea ayer, inocente en el crepúsculo, incorpórea! ¡Despliega tus alas...
Ursa Maior de Blanca Andreu
Cierra tus puertas, muerte de los sueños, fueras el hombre que en turbión de centeno y hierba seca sobre el mar amarillo cae cuando se desbocan los caballos y despierta la cólera del padre. Aquí y allá caía sobre el mar sin perder su sonrisa torcida, anunciaba sus derechos escudo en alto, ...
Viernes 18 de Otoniel Guevara
Cierro el tema de tu falta de existencia. Abro, en cambio, los libros, la tarde, las piernas de tu mejor amiga. No acepto adjetivos para esto. Simplemente me voy quedando solo, lo que me rodea lo hace con el claro propósito de abandonarme, de asfixiarme con mi propia sangre, ...
Lied de la estrella marina de Leopoldo Lugones
Cierro los ojos, sereno de hallarte más clara en mi alma, así como el mar en calma mece a la estrella en su seno. Espejo profundo y fiel en que palpita la estrella, diríase que más bella de brillar sólo para él. Insondable desventura que en su amargura creciente se vuelve ...
Mar de fondo (II) de Francisco Hernández
Cierro los ojos. Me arrastra el sopor hacia los territorios de la fiebre y, mecánicamente, limpio mis dedos pegajosos de semen en la trama del mosquitero. Oigo a lo lejos el mundo de mi madre, su andar entre las brasas, su diálogo con el rencor que le acompaña: hablan de mi padre, ...
Con cierta elegancia de Edel Morales
Cierta elegancia en la boca, cierto desacuerdo, conviene –corresponde bien– al modelo que predomina y triunfa. En la ciudad abigarrada. En los festines –sexuados– de sus bares y casonas, conviene: cierta elegancia en la boca, cierto desacuerdo. En las playitas privadas, en los puentes...
Sensibilidad de Pedro Valle
Cierta vez el mar de la noche entró a mi cuarto Desde entonces mis sueños se llenan de estrellas (Fuente: Eleazar Rivera)
Relato de Otelo de Rodolfo Hinostroza
Cierta vez, en Aleppo, sí, fue en Aleppo donde me desgracié con ese turco circunciso: le ceñí con sus propias babas, y su lengua morada escupió las plegarias, y así salvé mi vida. Esta vida que tan poco valía, y que hoy pesa en tus manos como un cofre de...
Soledades de Jesús Munárriz
Cierto es que soledad la obra procura y precisa y exige -sólo en la soledad brota la música, perfuma la pintura, arde la página-, pero preñada soledad, poblada de azares...
Presa del Tapacurá de Joao Cabral de Melo Neto
Cierto río, el Tapacurá, por el Poco pasaba danzando. No era allí un río parado, para chopos y elegías bueno. Por su lecho pedregoso cantando iba su contento, aunque en paro estuviera toda la vega, Tabocas-Cruz-Poco. Hoy, dicen que una gran presa se le bebió hasta el susurro. Y de sopor ...
Lo que soy para tí de Juana de Ibarbourou
CIERVA, que come en tus manos la olorosa hierba. CAN, que sigue tus pasos doquiera que van. ESTRELLA, para ti doblada de sol y centella. FUENTE, que a tus pies ondula como una serpiente. FLOR, que para ti solo da mieles y olor. Todo eso yo soy para ti, mi alma...
Samaritana de Rogelio Sinán
Cigarras encendidas y melodías frutales proclaman ondulantes acrobacias del agua que, rica en lentejuelas y líquidos collares contorsiona abanicos en lascivias de danza. Desabrochando sombras, romero Sol mitiga sus sedes glugluteantes en geórgico beber. Así, ambos, convenidos, ...
Trilce (Poema XLVII) de César Vallejo
Ciliado arrecife donde nací, según refieren cronicones y pliegos de labios familiares historiados en segunda gracia. Ciliado archipiélago, te desislas a fondo a fondo archipiélago mío! Duras todavía tus articulaciones al camino, como cuando nos instan, y nosotros no cedemos por nada. ...
Cinco poemas para abdicar... de Blanca Andreu
Cinco poemas para abdicar, para que sean un destello terrestre en mi tránsito mientras el vaivén de mi cuerpo me dote de viejo sueño ytenga un altar adornado, mientras mis ojos suspendan la aspersión del líquido másbreve, abandonen su aire lacustre y la ligereza de la lágrima ...
A Circe de Julio Torri
Circe, diosa venerable! He seguido puntualmente tus avisos. Más no me hice amarrar al mástil cuando divisamos la isla de las sirenas, porque iba resuelto a perderme. En medio del mar silencioso estaba la pradera fatal. Parecía un cargamento de violetas errante...
Circe, te llamas Cuba… (Naïf 2) de José Kozer
Circe, te llamas Cuba: yo soy tu manatí, tu navegante, yo soy tu porquerizo cara de cerdo. De ti conozco sólo palabras: jatibonico, marte y belona, el solecismo hermasflorista. Trece nautas nuestros a tus costas llegaron, seducidos se quedaron, por natural fornicio...
La voz de los vencidos de Diana Bellessi
Círculos de mojarras sobre el espejo oscuro del arroyito seco Nítidos primero y concéntricos, abriéndose hasta perderse en ondas mansas de la marea Un ladrido y luego hechizos de calandria Así se mueve, sí, el universo y vos ahí, ondas de la frase en voz tan queda, yerba buena, ...