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palabra virtual

Detrs estaba el mar    
    Editora del fonograma:    
    Voz Viva de Mxico. UNAM    
por Thelma Nava    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

La orfandad del sueo


para Efran

La vita non e sogno. Vero luomo e
il suo spirito geloso del silenzio.
Dio del silenzio, apri la solitudine.

Quasimodo


I

Regreso de los sueos que se inclinan
cada noche a recoger violetas.
De tardes que se juran la lluvia a perpetuidad.
De palomas que se adelantan a los acontecimientos.
Regreso porque es preciso convencerse y mirar
que los atardeceres cambian siempre de sitio
y la lluvia no solamente se detiene en los labios.

Todos los das nos encontramos al pie de la sorpresa.
El viento dispersa sonrisas que surgen de la nada,
del lugar donde no crece ni una sola semilla
y la piedra no es ms que piedra
colocada en la tierra.

Mi corazn te est buscando,
como la hormiga que recorre distancias
y se mete en la boca de la manzana.

Y la orfandad no cesa,
oh noche enemiga del alba de las doncellas
que no supieron tejer nunca
un velo nupcial.

De las gndolas del sueo surges t y agitas
la campana de plata
que no conoci la risa de un nio:
solidificas mi corazn y voy hacia tu encuentro
incendiada, como un salmo que vuela por los aires.


II

Todos los das te sacrifico un cordero de oro
surgido de los pies de hambrienta muchedumbre,
nacido del silencio de todos los caminos,
para dar libertad al ngel
de los santos misterios, guardin
de los enamorados que llegan a sus plantas
con la verdad en los ojos.
Y tropiezo de pronto con un escudo de cobre
al frente de la puerta iluminada.

Un muro de salamandras me protege.
Te me pierdes repentinamente.
Te alejas como un barco en la neblina
y es preciso pagar un rescate de jazmines
para poder besarte en la garganta.


III

Una hebra de plata atraviesa el silencio de tus prpados.
De tus manos durmiendo en mi cintura fatigada.
Evoco la tempestad
como un goloso pjaro que devora relmpagos
con demonaco pico rechazador de serpientes emplumadas.

Surgen las estrellas a la vista de todos.
Y el mito es como un guante sin medida.
El colibr en su celda, sacude su ala derecha.
Y nos pertenecemos,
al amparo de un tulipn nocturno.


IV

Un halcn de madera me seala
dnde se inicia el movimiento de la luz,
en la torre que resguarda el verano.
Porque una sirena ha muerto sobre el agua,
las lmparas del llanto estn de pie
y dialogan con las monedas de sus manos rotas.


V

En la tnica marina de cobre, todo sucumbe.
Empieza entonces la desbandada de tu sombra
que rompe sus cinturones de raso y amaranto
y se desplaza por el viento,
como una botella enamorada.


VI

Ya nada puede volver a ser lo mismo.
Se ha violado la cuerda de la noche.
Los sollozos mortales de los peces estremecen el aire.
La ballena ha perdido su sortija
y todo en derredor es orfandad.


VII

Alimentada en ti, permanezco custodiando
la niebla de tu cuerpo
para recuperarte al da siguiente,
a la orilla del sueo, catedral que nos conduce
al nacimiento de otra noche, otra noche.



De: La orfandad del sueo



THELMA NAVA






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