☰ men
 
palabra virtual

Marinero en Tierra. Tributo a Neruda    
    Editora del fonograma:    
    Warner Chile S.A.    
por Joaqun Sabina    

    Este poema forma parte del acervo de la audiovideoteca
    de Palabra Virtual

Oda a la crtica


Yo escrib cinco versos:
uno verde,
otro era un pan redondo,
el tercero una casa levantndose,
el cuarto era un anillo,
el quinto verso era
corto como un relmpago
y al escribirlo
me dej en la razn su quemadura.

Y bien, los hombres,
las mujeres,
vinieron y tomaron
la sencilla materia,
brizna, viento, fulgor, barro, madera
y con tan poca cosa
construyeron paredes, pisos, sueos.
En una lnea de mi poesa
secaron ropa al viento.
Comieron
mis palabras,
las guardaron
junto a la cabecera,
vivieron con un verso,
con la luz que sali de mi costado.
Entonces
lleg un crtico mudo
y otro lleno de lenguas,
y otros, otros llegaron
ciegos o llenos de ojos,
elegantes algunos
como claveles con zapatos rojos,
otros estrictamente
vestidos de cadveres,
algunos partidarios
del rey y su elevada monarqua,
otros se haban
enredado en la frente
de Marx y pataleaban en su barba,
otros eran ingleses,
y entre todos
se lanzaron
con dientes y cuchillos,
con diccionarios y otras armas negras,
con citas respetables,
se lanzaron
a disputar mi pobre poesa
a las sencillas gentes
que la amaban:
y la hicieron embudos,
la enrollaron,
la sujetaron con cien alfileres,
la cubrieron con polvo de esqueleto,
la llenaron de tinta,
la escupieron con suave
benignidad de gatos,
la destinaron a envolver relojes,
la protegieron y la condenaron,
le arrimaron petrleo,
le dedicaron hmedos tratados,
la cocieron con leche,
le agregaron pequeas piedrecitas,
fueron borrndole vocales,
fueron matndole
slabas y suspiros,
la arrugaron e hicieron
un pequeo paquete
que destinaron cuidadosamente
a sus desvanes, a sus cementerios,
luego
se retiraron uno a uno
enfurecidos hasta la locura
porque no fue bastante
popular para ellos
o impregnados de dulce menosprecio
por mi ordinaria falta de tinieblas
se retiraron
todos
y entonces,
otra vez,
junto a mi poesa
volvieron a vivir
mujeres y hombres,
de nuevo hicieron fuego,
construyeron casas,
comieron pan,
se repartieron la luz
y en el amor unieron
relmpago y anillo.
Y ahora,
perdonadme, seores,
que interrumpa este cuento
que les estoy contando
y me vaya a vivir
para siempre
con la gente sencilla.



PABLO NERUDA






regresar